Fernando Irala
En el presupuesto federal de 2027, que está por aprobarse en el Poder Legislativo, el rubro que crece más aceleradamente es el endeudamiento del gobierno, que es decir el de todos los mexicanos.
Esa deuda ha rebasado ya los 20 billones de pesos y la proyección indica que para 2027 se aproximará a los 22 billones, lo cual es más de la mitad del producto interno bruto anual, y se traduce en lo individual, en que cada habitante de nuestro país debe más de 150 mil pesos.
Así, el movimiento que llegó al poder en 2018 con la promesa de no endeudar más a la nación, ha hecho crecer los débitos en más de un 50 por ciento, y los ha llevado a su mayor nivel en la historia de México, tendencia que por lo demás no cambiará por lo menos el resto del sexenio.
Como ocurre con las personas y las empresas, cuando aumentan fuera de proporción los montos de lo que se debe, se agotan los ingresos y se impide dedicar éstos a lo que realmente daría a la población un mayor nivel de vida: la inversión productiva, la creación de empleos estables, la salud, la educación.
Un factor agravante es el fenómeno de la transición demográfica sobre la que alertó el pasado conteo intercensal, al que nos referimos en nuestra anterior colaboración. La población en edad productiva empezará a disminuir en las próximas décadas, por lo tanto habrá menos contribuyentes, y los adultos mayores serán cada vez más, demandarán recursos crecientes en pensiones, atención médica, cuidados geriátricos.
El mediocre crecimiento que la economía ha registrado los pasados ocho años, ha tornado más vulnerable la situación financiera, lo que ha sido advertido por las agencias calificadoras internacionales de riesgo, que por ello han degradado la calificación de México, y en consecuencia han vuelto más caros los préstamos que se requieren en divisas.
Coyunturalmente, también tendrá su costo la depreciación del peso mexicano frente al dólar y otras monedas ocurrido en las recientes semanas, si este proceso se mantiene o se acentúa.
En conclusión, el gobierno tiene un futuro de estrechez y fragilidad en sus finanzas, y los mexicanos una deuda que cada vez es más pesada.
La estrategia en estos años ha sido simple, estirar la liga confiando en que no pasará nada, y con el consuelo de que muchas economías de otros confines del planeta se encuentran más comprometidas que la nuestra.
Hasta hoy eso ha funcionado. La pregunta preocupante es cuándo reventará la burbuja.


