Cómo la forma del cerebro podría indicar riesgo de Alzheimer antes de los síntomas

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CALIFORNIA, ESTADOS UNIDOS.- El envejecimiento cerebral ha sido un tema central en la última década debido al aumento de investigaciones sobre demencia y Alzheimer. Un nuevo análisis de más de 2,600 resonancias magnéticas, realizado por especialistas de la Universidad de California, Irvine, y la Universidad de La Laguna, muestra que la forma del cerebro cambia de manera visible con la edad.

Los expertos observaron que el envejecimiento no solo se relaciona con la pérdida de tejido en zonas como el hipocampo, fundamental para la memoria, sino también con modificaciones en la geometría cerebral.

El envejecimiento suele asociarse con la pérdida de tejido en zonas específicas del cerebro. Por ejemplo, la memoria se relaciona con el desgaste del hipocampo”, explicó Niels Janssen, neurocientífico de La Laguna.

Los hallazgos apuntan a que, además de las alteraciones microscópicas, la estructura global del cerebro podría servir como un indicador temprano de enfermedades neurodegenerativas, incluso antes de que aparezcan los síntomas clínicos.

Los análisis revelaron un patrón llamativo: las partes inferiores y frontales del cerebro, responsables de funciones vitales como la respiración, el latido cardíaco y procesos cognitivos, tienden a expandirse hacia afuera. Al mismo tiempo, las zonas superiores, vinculadas al lenguaje, y las posteriores, asociadas con la visión y el control motor, sufren una compresión.

Este contraste genera lo que los especialistas describen como un “desplome” cerebral: las regiones bajas se ensanchan mientras que las superiores se compactan. Según Janssen, este efecto se intensifica en personas diagnosticadas con demencia.

Dentro de este proceso, la corteza entorrinal mostró picos destacados de expansión. Esta región está estrechamente relacionada con la memoria y suele ser uno de los primeros lugares donde se acumula la proteína tau, un marcador directo del avance del Alzheimer.

Michael Yassa, director del Centro de Neurobiología del Aprendizaje y la Memoria de la Universidad de California y coautor del estudio, señaló:

Esto podría explicar por qué la corteza entorrinal es el punto de partida de la patología de Alzheimer. Si el cerebro cambia con la edad y presiona esa región sensible contra estructuras rígidas, allí puede instalarse el daño”.

El equipo considera que observar la forma general del cerebro podría abrir la puerta a nuevos métodos de diagnóstico temprano. Según Yassa, “los indicios más importantes pueden encontrarse a simple vista, en la propia forma del cerebro”.

Actualmente no existe un test clínico de este tipo, pero los expertos piensan que, en el futuro, comparar la geometría de un cerebro con un patrón considerado normal podría advertir sobre un riesgo antes de que los síntomas sean evidentes.

Más de siete millones de personas viven con Alzheimer en Estados Unidos, según los datos citados por los investigadores. Esta cifra muestra la magnitud del reto y la necesidad de avanzar hacia métodos que permitan la detección temprana.

El estudio también destaca que, aunque las pruebas moleculares siguen siendo fundamentales, observar cambios estructurales en el cerebro puede ofrecer información complementaria. Esto podría permitir diagnósticos más completos y estrategias de intervención más eficaces.

El artículo académico completo, titulado Age-related constraints on the spatial geometry of the brain, aporta un análisis técnico de los hallazgos y plantea la necesidad de combinar la investigación molecular con la observación de los cambios visibles en la forma cerebral.

Los investigadores advierten que estos resultados no deben entenderse como una solución inmediata, pero sí como una posible ruta para desarrollar herramientas clínicas más accesibles y menos invasivas. Observar patrones geométricos anormales podría convertirse en un método para evaluar riesgos de demencia antes de que el deterioro cognitivo sea evidente.

Por ahora, los especialistas subrayan la importancia de continuar estudiando la relación entre la estructura cerebral y las funciones cognitivas. El objetivo es ofrecer a la población opciones de diagnóstico más precisas que permitan intervenir en fases tempranas y mejorar la calidad de vida de las personas en riesgo de padecer enfermedades neurodegenerativas.
AM.MX/fm

 

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