fbpx Ciudad Quebrada (Descarga el libro)

PRÓLOGO

El 9 de septiembre de 2005, Laura Itzel Castillo, entonces secretaria de Desarrollo Urbano y Vivienda del Distrito Federal, declaró que aquel sismo había sido de 8.1 grados Richter, que duró 120 segundos y tuvo su epicentro a 360 kilómetros de la ciudad de México, frente a Lázaro Cárdenas, Michoacán. De acuerdo con lo dicho por la funcionaria, la cifra oficial de muertos fue de 4,541, aunque ella misma mencionó que la cantidad estimada es de 10,000 y la embajada de Estados Unidos, en las horas siguientes al sismo, declaró que eran 20 mil las víctimas fatales. Las personas rescatadas fueron 4,906, en tanto que 15,935 recibieron atención médica (5,784 con lesiones mayores). Fueron 12,700 los edificios dañados y de éstos 1,300 resultaron colapsados. Son cifras, con ser discutibles, dan una idea de las dimensiones del desastre.

Los temblores de 1985 causaron daños severísimos y pérdidas irreparables, pero también marcaron el surgimiento de una nueva conciencia de los capitalinos, quienes confirmaron que ya nada podían esperar de un régimen corrupto, enfangado en la ineficacia y la frivolidad. Por algunos días, los habitantes de la metrópoli tomaron en sus manos el orden y demostraron que no necesitaban de las autoridades impuestas — entonces ni siquiera eran electas–, pues hasta el derecho de escoger a sus gobernantes se le negaba a los ciudadanos del Distrito Federal.

En medio de tan enorme desgracia, aquella sociedad decidió levantarse y se organizó para el rescate de los sobrevivientes y para sacar a sus muertos de entre los escombros. En unos días se dio a sí misma el aprendizaje que durante años se le había escamoteado. Surgió entonces la protesta organizada de los damnificados y nuevos agrupamientos cambiaron la fisonomía político-social de la ciudad.

A treinta años de la tragedia, sirva esta edición para que recordemos con tristeza y respeto a nuestros muertos y para rendir homenaje a quienes se jugaron la vida en las tareas de rescate, pero sobre todo, para ratificar una convicción nacida en aquellos días: que el presente y el futuro no se pueden dejar en manos de un partido, de ninguno.

Humberto Musacchio

DF, septiembre de 2015.

Descarga aquí

AMN.MX/bhr

Comentarios

comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *