CIUDAD DE MÉXICO.- En el marco de la intensa revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), la Dra. María de Lourdes Medina Ortega, presidenta nacional de la Cámara Nacional de la Industria de Transformación (CANACINTRA), delineó lo que considera los puntos de no retorno para el sector que representa, enfatizando que el acuerdo no es solo un documento comercial, sino un “motor fundamental para el crecimiento industrial de México”.
En entrevista para Mi Bolsillo, la líder industrial destacó que el contexto actual de revisión, marcado por un creciente proteccionismo en Washington, exige la protección de principios irrenunciables para mantener la dinámica de una región que hoy comercia más de 1.8 billones de dólares anuales.
Entre estos puntos destacó la necesidad de “mantener reglas claras y certidumbre jurídica”, así como conservar el acceso preferencial al mercado norteamericano.
Esta certidumbre es especialmente valiosa si se considera que alrededor del 85% de las exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos ingresan actualmente con arancel cero, una ventaja competitiva que ha consolidado a México como su principal socio comercial.
Asimismo, la presidenta de CANACINTRA subrayó la importancia de “fortalecer las reglas de origen para incrementar el contenido regional” y proteger la integración de las cadenas de suministro.
Estas medidas buscan evitar que actores externos a la región aprovechen las preferencias del tratado sin aportar valor real a la zona. Sobre este punto, la entrevistada hizo un llamado a la transformación del pensamiento industrial.
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“Debemos seguir impulsando una política industrial nacional que fortalezca el mercado productivo interno y dejar de pensar que México solo es una industria manufacturera”.
La postura de CANACINTRA se presenta en un momento clave, mientras el gobierno mexicano y el sector privado coordinan una posición común para las rondas de negociaciones bilaterales.
El objetivo del gobierno, según ha manifestado la presidenta Claudia Sheinbaum, es alcanzar acuerdos de fondo que otorguen certidumbre a las inversiones y eviten que el T-MEC se convierta en una “negociación permanente” o anual que genere inestabilidad.
Sin embargo, el camino no está libre de obstáculos. El sector energético sigue siendo la “piedrita” en el zapato de la relación comercial.
Las controversias derivadas de las reformas que otorgan ventajas a empresas estatales como CFE y Pemex han escalado a niveles de tensión que Estados Unidos utiliza como herramienta de presión en la mesa de negociación.
CANACINTRA reconoce que la competitividad ya no depende solo de costos, sino de la capacidad de resolver estos cuellos de botella en infraestructura y energía.
Uno de los mayores puntos de fricción en la revisión actual es el endurecimiento de las reglas de origen. Mientras Washington busca que una parte mayoritaria de la producción se realice específicamente en su territorio, México analiza estas propuestas con cautela para no afectar su propia economía.
La Dra. Medina Ortega sostiene que elevar el contenido nacional y la competitividad es la única forma de que México no sea visto simplemente como un ensamblador.
A esto se suma la preocupación por las prácticas de competencia desleal, como el dumping y la subvaluación de importaciones asiáticas, que representan un riesgo mayor para sectores como el acero, textil y calzado.
La consigna de la industria es clara: “Competir sí, pero bajo las mismas reglas para todos”.
La CANACINTRA apuesta por una integración profunda que trascienda la maquila, exigiendo al mismo tiempo el respeto a la soberanía regulatoria de México en temas sensibles como el maíz transgénico, donde el país ya ha acatado fallos para cumplir con las reglas del tratado.
AM.MX/fm




