CABEZA DE PLAYA: La Imagen, pincelada “indescifrable”

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Carlos Galguera Roiz

 

 

La imagen, si nos referimos concretamente a la especie humana, es simplemente un espejo de mil caras; más preciso, reflejos en él  de infinidad de posicionamientos, incluida la auto reproducción….

Pero al ser cada imagen, sensación que se percibe, captada por innumerables receptores, incluido el protagonista del “retrato”, resulta a fin de cuentas influida por innumerables factores, cada uno de ellos portador de matices e intensidades diversas, espectro muy amplio…

Todo lo cual se traduce en que la Imagen es una percepción con infinitas variables, todas ellas subjetivas, no hay manera de articular un reflejo común, concertado, sin un lavado de cerebro previo, concienzudo y prolongado…

Pero aquí voy a referirme solo a aquellos casos donde hay una cierta concurrencia, prácticamente espontánea, de visiones ante un determinado individuo; ni mas grande, ni más valioso, ni más atractivo, ni siquiera particularmente repulsivo…comparado con los demás viandantes, pero que se presenta ante el personal como algo Especial.

Pongo sobre el escenario a ciertas personas que logran proyectar una imagen tal, que se convierte en visión casi generalizada para el coro de sus contrapartes “Este Pepe es incorregible o terrible, admirable, genial, siempre sale con lo mismo, es estúpido compulsivo, reacciones originales, actuaciones extrañas, siempre repetidas…”

Al final, estos tipos, después de un cierto recorrido, la meta que logran es que para el común de sus conocidos, a Pepe le cuelguen la etiqueta “No te preocupes, son cosas de Pepe, es así, hay que aceptarle como es, tiene sus cosas…”, conseguir la imagen de “son cosas de Pepe” es el gran salvoconducto, para caminar por la vida, sin que te pongan “multas”…

Es mi objetivo, tengo que confesar, una vez que me asignen “son cosas de Carlos”  podría hacer, decir, escribir…lo que quisiera; hazañas, burradas, genialidades, excentricidades, lo que me de la gana, si las cosas aparecen  ante el público como “cosas de Carlos”, habré conseguido la patente de corso…

No es fácil, puedo asegurar, pero escabullirte de los caminos trillados con escrutinios y clasificaciones precocinadas, sería absolutamente liberador; aunque es preciso aceptar algunos peligros inherentes…, la íntima diversión merecería el precio a pagar, al menos para mí.

 

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