Aún sin modelos de predicción de sismos: Ana María Soler Arechalde

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CIUDAD DE MÉXICO, 11 de septiembre (AlmomentoMX).- El sismo de 8.2 grados en escala de Richter —que afectó la zona centro y sur del país este 7 de septiembre— es ya calificado por especialistas mexicanos como el movimiento telúrico de mayor magnitud de los últimos 100 años.

La causa del evento se debió a la subducción de la placa de Cocos debajo de la placa Norteamericana y la peligrosidad de su magnitud fue menor en comparación con el registrado el 19 de septiembre de 1985, debido a la lejanía del epicentro.

En entrevista para la Agencia Informativa Conacyt, la doctora Ana María Soler Arechalde, directora del Museo de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), explicó que este movimiento de capas tuvo una escala equivalente a la registrada en 1932 en las costas de Jalisco y Colima y que posteriormente provocó un tsunami que destruyó alrededor de 25 kilómetros de la costa.

“Este fue un sismo con una magnitud equivalente al que ocurrió en Jalisco y Colima en 1932, que fue el de mayor magnitud registrado en el país. En esta ocasión, la distancia del epicentro a la Ciudad de México fue mayor y, por lo tanto, los daños causados fueron menores al de 1985”, comparó la especialista.

Alertas de tsunamis y su devastación en México

Después del sismo del 7 de septiembre, el Centro de Alerta de Tsunamis del Pacífico emitió una alerta para México, Guatemala, El Salvador, Costa Rica, Nicaragua, Panamá, Honduras y Ecuador, en la que las autoridades hicieron mención de que las olas podrían superar los cuatro metros de altitud.

Esta alerta fue cancelada posteriormente por el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred) cuando anunció que el cambio en el nivel del mar no sobrepasó el metro de altura.

Dra. Ana Maria Soler 1709Dra. Ana María Soler.“Se hace la alerta de tsunami siempre que hay un sismo de mayor magnitud y su peligrosidad depende mucho de la forma de la costa donde va a impactar la onda, es decir, de su batimetría”, explicó Ana María Soler.

Sin embargo, el 3 de junio de 1932, y de acuerdo con el Servicio Sismológico Nacional (SSN), se registró en las costas de Colima y Jalisco un sismo de magnitud de 8.2 grados en escala de Richter al que le precedieron otros dos de magnitud 7.8 y 6.9.

El último sismo, registrado el 22 de junio de ese año, generó un tsunami que fue considerado como más devastador que el sismo principal, pese a la menor magnitud del temblor que lo provocó.

Fue llamado el Tsunami de Cuyutlán y su oleaje alcanzó cerca de los diez metros de altura, destruyó un tramo de 25 kilómetros de costa y se reportaron 75 personas muertas como consecuencia.

Según el SSN, para que un terremoto origine un tsunami debe mover de manera abrupta el fondo marino en sentido vertical y su tamaño estará determinado por la magnitud de dicha deformación. Ambas condiciones no estuvieron presentes en el caso del sismo de este 7 de septiembre.

Aún sin modelos de predicción

Registros oficiales indicaron que hubo alrededor de 266 réplicas hasta las 10:15 horas del 8 de septiembre de 2017. Sin embargo, aún no se cuenta con sistemas o modelos que sean capaces de predecir la magnitud de los movimientos telúricos ni de sus réplicas.

De acuerdo con Ana María Soler, siempre hay réplicas después de un temblor de gran magnitud porque la cantidad de placa que se desplaza es muy grande y, por lo tanto, se reacomoda debido a la ruptura y liberación de energía que hay con el movimiento.

A pesar de la falta de modelos de predicción, los especialistas tienen un modelo estadístico que los guía para determinar que hay periodos de recurrencia en que cada 100 años hay alrededor de tres sismos con escalas de 8 grados.

Liberación de energía y el gran terremoto

La directora del Museo de Geofísica de la UNAM mencionó que se ha detectado una zona frente a las costas de Guerrero conocida como Brecha de Guerrero y que abarca la zona de Acapulco hasta Zihuatanejo, donde no ha habido un sismo de importante magnitud en más de 100 años.

“Se supone que los sismólogos piensan que en esa zona particularmente se está acumulando energía que no se sabe cuándo se va a liberar”, explicó Ana María Soler.

Pese a que Guerrero es una de las entidades con mayor actividad sísmica, los especialistas han observado que se podría desencadenar un evento telúrico de gran escala, con afectaciones significativas en Guerrero y Ciudad de México.

Sin embargo, la especialista aclaró que los efectos y la energía liberada con el temblor de este 7 de septiembre no tienen relación alguna con este fenómeno.

AM.MX/fm

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