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bob-dylan-01Carlos Becerril Torres

La próxima semana una parte de la intelligentsia  se verá y sentirá defraudada su curiosidad, morbo o interés, porque en la ceremonia de entrega de los Premios Nobel a celebrarse, frente a 1300 invitados en el salón de recepciones del ayuntamiento de Estocolmo, ante el rey y la reina de Suecia, faltará el Premio Nobel de Literatura 2016, Robert Zimmerman, el mismísimo Bob Dylan, por haber creado nuevas expresiones poéticas dentro de la gran tradición de la canción americana.

El premio desconcertó a muchos aunque otros anunciaban, desde hace algunos años, la inminencia del mismo al haber propuesto su candidatura ante la Real  Academia Sueca.

Hasta el anuncio oficial del premio se pensaba que las letras de las canciones estaban en relación directa con la melodía aunque haya sido imposible desde el primer momento caracterizarle una melodía a Like a Rolling Stone, considerada por la revista Rolling Stone la canción de rock número uno de todos los tiempos —del rock por supuesto.

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Esa piedra rodante es símbolo y emblema de los tiempos por venir desde su aparición en la primera pista del álbum Highway 61 Revisited en el año de 1966. Ya fuera por la historia contada o porque los pensamientos contenidos en la letra de la canción pueden aplicarse, explicar, describir situaciones. Le puso palabras a lo que muchos querían expresar pero no sabían cómo decirlo.

Like a Rolling Stone había desatado la polémica porque su autor había traicionado los ideales y la pureza del género folk y se había pasado a las filas del feroz capitalismo por el uso de la guitarra eléctrica. Hoy es historia la presencia de Michael Bloomfield en la guitarra y de Al Kooper en el órgano y piano. Ambos músicos, por separado iban a tener posteriormente innumerables aventuras en el panorama musical del futuro. El primero en Electric Flag Band y el segundo en Blood Sweat and Tears.

El que logró la metamorfosis de un “género” a otro es el nombre que aparece en el crédito de productor de Like A Rolling Stone: Tom Wilson.

 

 

Wilson había logrado adaptarse y encontrar la clave para que Dylan se sintiera relajado y confiado en el estudio de grabación durante las sesiones que dieron lugar a: The Times They Are A Changing, Another Side Of Bob Dylan, Bring It All Back Home y la primera pista del Highway 61 Revisited. Pasado ese momento Bob Dylan siguió su ruta y Tom Wilson se dedicó a otros proyectos.

Para quienes a la fecha hayan podido volver a ver el documental de D.A. Pennebaker titulado Bob Dylan Don’t Look Back, Wilson es ese personaje afroamericano que acompaña en algunas escenas a Albert Grossman durante la gira de Dylan por Inglaterra. No obstante, antes y después de Bob Dylan, Tom Wilson es una de las figuras más importantes en la producción fonográfica.

Sin la intervención de Wilson The Sounds Of Silence de Simon y Garfunkel, Freak Out de Mothers of Invention, White Light/White Heat de Velvet Underground, podrían haber tenido distintos derroteros.

Tom Wilson oriundo de Waco Texas provenía de una familia de la clase media afroamericana. Eso le permitió crecer en un ambiente propicio para estudiar una carrera universitaria y se gradúo con honores Magna Cum Laude, en economía por la Universidad de Harvard.

No obstante el jazz lo absorbió de tal manera que al salir de la universidad fundó, en 1954 Transition Records. Firma con la que se impulsó la carrera musical del trompetista Donald Byrd, el pianista Cecil Taylor y un, entonces, desconocido pianista y director de orquesta de nombre de Sun Ra. Wilson se manejaba como el hombre orquesta de la compañía. Aparte de buscar talentos, producirles sus discos, se encargaba también de diseñar las portadas, tomar las fotografías y escribir las notas que acompañaban a los discos. Artísticamente la compañía fue todo un éxito,  comercialmente un fracaso y pasados cuatro años quebró. En esa experiencia aprende las reglas fundamentales de la producción: seleccionar los artistas, grabarlos y venderlos.

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Continúa su aprendizaje y pasa por United Artists, Savoy Records y Audio Fidelity Records hasta arribar a Columbia Records en 1963. Año crucial en el reconocimiento de los derechos civiles pues el primer afroamericano en tener la posición de productor en una compañía. Convirtiéndose en un buen ejemplo de las características  que se requieren para ser un productor exitoso y como triunfar en el negocio.

En 1968 funda la Tom Wilson Organization. Consistente en Reluctant Management, oficina caza talentos;  un estudio de grabación, tres firmas comerciales: Rasputin, Gunga Din y Lumumba Productions, dos empresas editoras de música: Terrible Tunes y Maudlin Melodies encargadas de las cuotas por derechos de autor y regalías. De cada una de ellas recibe un porcentaje por su participación y se calcula que a finales de ese año sus ingresos ascendían a 100 mil dólares.

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El curador de la colección, que ejerce el periodismo y ha sido vendedor de fonogramas, gerente de producto y omnívoro consumidor de discos, tiene perdido, o mal archivado; puede ser que prestó, intercambió, olvidó, en suma carece de la menor pista de dónde quedó el álbum de uno de los grupos producidos y manejados hacia el final de la sexta década del siglo pasado por Tom Wilson, The Fraternity Of Man. Su único recuerdo disponible es el filme Easy Rider de Dennis Hopper y en cuya banda sonora se incluyó Don´t Bogart MeDon’t Bogart That Joint, My Friend, su verdadero título.

Ese declive en la memoria posee similitud con el olvido en el que ha caído el recuerdo de Wilson. Al comenzar la séptima década del siglo pasado las fórmulas empleadas y gustos de la audiencia cambiaron y con ello Tom Wilson de ocupar un primer plano entre los grandes productores de la época desapareció entre las brumas y nieblas de la industria fonográfica.

Tom Wilson fallece en el año de 1978, en la ciudad de Los Ángeles a los 47 años de edad, a causa de un ataque al corazón.

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