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Carlos Becerril Torres

Hace 25 años, —un cuarto de siglo, una generación—, la primera oleada de descendientes de los baby boomers se había adueñado del mundo. Todo había pasado ya.

La revolucionaria década de los sesenta era un montón disperso de piezas de arcilla sin orden y sin sentido. Algunos pensaban que esos trozos pertenecían a épocas prepaleolíticas, en las cuales ni siquiera el lenguaje había sido inventado. Otros argumentan que pertenecían a eras pangeicas pretéritas cuando una raza de gigantes, bastante elementales y rudimentarios sin capacidad de procesar altos volúmenes de datos y convertirlos en información, habían deambulado por la tierra.

Salvo algunos estudiosos del pasado inmediato en plena labor de rescate de los restos arqueológicos de Stone Roses, Clash, Replacements, Joy Division y New York Dolls, que estudiaban y analizaban los aportes del momento histórico de aquellas bandas y su impacto posterior en el mundo, para todos los demás el panorama era nuevo y promisorio.

El pasado mandaba señales difusas en esa gran expansión post punk y pocos se atrevían a imaginar la existencia de un tiempo previo. En medio de ese ambiente aparece en escena el álbum Screamadelica de Primal Scream.

Sin concesiones por el presente ni el futuro, movin’on up la primera pista del álbum, deliberadamente es un eco, cita textual e influencia directa de los Rolling Stones. No es casualidad, el productor es Jimmy Miller.

Previo a su participación con Primal Scream, Miller había producido Overkill, el segundo álbum de Motörhead. La banda de Heavy Metal que se ha mantenido vigente hasta nuestros días, en parte, debido a la contribución de su productor en posibilitar la creación de un campo de fuerza en el que quedaron registrados el impacto y la fuerza musical proveniente de las ideas musicales del grupo.

Durante seis años, entre 1973 y 1979 Jimmy Miller parecía haber perdido su lugar después del brillo obtenido por haber colaborado con los Rolling Stones en la producción de Goats Head Soup, Exile On Main Street, Sticky Fingers, Let It Bleed y Beggars Banquet ocurrida entre 1968 y 1973.

Sin excepción, esos documentos sonoros corroboran la calidad musical y lírica alcanzada, desde aquel momento, por la entonces joven banda inglesa. Su prestigio y devoción se mantiene vigente desde hace más de cincuenta años entre casi cuatro generaciones de fanáticos que han seguido el éxito del grupo de manera continua.

Ante los Rolling Stones poco se puede agregar. Su imagen y su música son  indivisibles. Es poco relevante el hecho de que atrás de la banda inglesa existe un ejército de personas encargadas de todos y cada uno de los detalles necesarios en el manejo de sus conciertos en vivo, grabaciones, vidas personales y finanzas.

La mayoría de las producciones musicales de los Stones parecen gestarse únicamente por la capacidad de Keith Richards en proponer algunos acordes o ideas que posteriormente serán elaboradas y pulidas al lado de Mick Jagger su compañero y  antagonista, Ron Wood, Mick Taylor, Charlie Watts y muchos otros músicos que han compartido pistas y escenarios con los Rolling Stones.  El brillo y seña estilística de los Stones es inconfundible y, por esa misma razón, la irrelevancia de saber quién es o fue su productor.

La contribución de Jimmy Miller con los Stones fue darle orden al caos y permitir la repetición, variación, combinación de ideas tanto de la parte rítmica con su consiguiente equilibrio en cuanto a la lírica. Tres ejemplos de las disparatadas ideas que tuvieron forma en productos terminados son Gimme Shelter, Honky Tonk Women y You Can’t Always Get What You Want. La pregunta es ¿quién produjo Miller, Jagger o Richards? La respuesta es: todos y ninguno. El resultado final son complejas ondas de sonido que toman una específica forma espacio temporal y absorben toda nuestra atención.

En You Can’t Always Get What You Want el coro Bach de Londres inicia y conforme se incorporan diferentes instrumentos y secciones se construyen las necesarias dimensiones de melodía, ritmo y armonía de manera lógica. A pesar de ese sorprendente inicio que dejaba atrás al blues y al rock, como pudiera esperarse de una composición de Jagger y Richards, el trabajo de Jimmy Miller fue darle forma a las tensiones y resoluciones producidas por ese cruce de diferentes acordes, frases y ritmos.

Quedó registrado en incontables documentos de época el paciente trabajo de ensamblado y engarzado de las diferentes ideas musicales e instrumentales que concurrían a la mente de Keith Richards y Mick Jagger y la capacidad de Jimmy Miller para darle orden a esa aparente aleatoriedad al lado de los hermanos Glyn y Andy Johns, Chris Kimsey y Jimmy Johnson en los controles de grabación y los múltiples talentos musicales que concurrieron a Sticky Fingers y Exile on Main Street. Dos de los más importantes álbumes de la banda inglesa.

Entre las cartas credenciales presentadas por Jimmy Miller ante la corte de sus satánicas majestades se encuentra el haber producido el álbum a un grupo de escasa duración y de profunda presencia en la historia del rock: Blind Fatith. Provenientes de los cismas de Cream y Traffic, Eric Clapton, Steve Winwood, Ginger Baker y Rick Grech habían decidido unir sus talentos sin importar los posibles egos y crear el prototipo de la súper banda de rock de todos los tiempos.

El experimento duró tres meses. Un concierto masivo en Hyde Park celebrado el 7 de junio de 1969. Una gira por Estados Unidos y Canadá y la aparición de su primer disco de larga duración en agosto del mismo año y terminan desbandándose a finales del mes. Era demasiado bueno para ser verdad —To good to be true… habían señalado los Four Seasons—.

Jimmy Miller estadounidense por nacimiento y baterista de formación emerge en la época dorada cuando los nombres y las improntas de Shel Talmy, Simon Napier Bell, Robert Stigwood, habían transformado la industria fonográfica de aquel momento convirtiéndola de un asunto de música de adolescentes de escasas doce semanas de duración, en un tema de creación trascendental—sin realmente haberlo concebido de aquella manera—, produciendo discos que permanecen en la inmortalidad hasta, por lo menos, los siguientes cincuenta años.

Poseer Mr. Fantasy, el primer álbum de Traffic, era una moneda de cambio y pase de entrada al esotérico mundo de los conocedores y coleccionistas de música y discos. Los más versados en el conocimiento arcano ya habían aislado el nombre de Jimmy Miller y volaban por los paraísos de la mente tratando de localizar e identificar los diferentes timbres instrumentales utilizados en Smilling  Faces, Coloured Rain y Mr. Fantasy.

En el año de 1966, Jimmy Miller al desembarcar en Londres produce para Island Records una pista del Spencer Davis Group, Gimme Some Lovin’  en la que destaca un ligero racimo de células de acompañamiento vocal que después agrandará en el tratamiento coral de You Can’t Always Get What You Want de los Rolling Stones. Tres meses después es coautor con Steve Winwood, y produce I’m A Man con el mismo grupo.

Jimmy Miller pasó a otra dimensión en el año de 1994, a la edad de 52. Su nombre está oscurecido. Su contribución a la atmósfera musical es permanente y vigente.

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