ANÁLISIS A FONDO: La Negritud en la mexicanidad

Fecha:

Francisco Gómez Maza

Día Internacional de los Afrodescendientes

Prietos, los mexicanos, discriminan a los prietos

Al hurgar en la página digital de ONU México, me topé con un extenso reporte en torno al Día Internacional de los Afrodescendientes. En México sería Día de la Negritud. Me gusta el término. Negritud trasciende lo africano y se envuelve con el mundo, con el universo, con el Infinito.
Y al tiempo, hallé una extensa entrevista a la senadora María Celeste Sánchez Sugía, quien se nombra afromexicana, reflejo de la negritud auténticamente mexicana. Me encanta la palabra, el verbum. Negritud. Palabra universal.
El término, profundamente poético (creativo, imaginativo) se refiere al movimiento político, ideológico y literario caribeño, desarrollado durante la primera mitad del siglo XX, en torno al cual se reunieron escritores e intelectuales con el fin de levantar “un proyecto que intentó definir una identidad cultural y social de origen africano-francés para el Caribe, recogiendo la tradición negra y, simultáneamente, apropiándose de los lenguajes estéticos de la vanguardia para manifestarse”,​ y buscar de ese modo el reconocimiento de la identidad del hombre negro frente a las políticas metropolitanas de asimilación cultural, de acuerdo con Wikipedia.​
El término negritud surge inicialmente como respuesta a una serie de problemas, que deberán afrontar los estudiantes negros pertenecientes a la élite de las colonias francesas, quienes, al momento de llegar a la Metrópoli franca para continuar con sus estudios, se ven enfrentados a una realidad que los discrimina y señala como sujetos desclasados y oprimidos, tanto por el sistema colonial francés​ como por la sociedad racista de la época.
La negritud, entonces, es un movimiento de exaltación de los valores culturales de los pueblos de piel morena, aceitunada, oscura, negra. Negritud es la base ideológica que ha impulsado en la historia del mundo a trascendentales episodios de la historia universal como el movimiento independentista en África.
En este contexto filosófico cultural, se debe honrar a las personas que tuvieron la suerte de nacer en la negritud (la poesía, lo apasionante de la belleza, lo bravío, lo tierno de la maternidad) a flor de piel: afrodescendientes, que han sido, en México invisibilizados de la historia y de la sociedad mexicanas.
(Los mexicanos somos prietos. Nos quedamos a la mitad para ser negros. Y rechazamos a los prietos y a los negros. Qué contradicción.)
Pero escuchemos las palabras de la senadora María Celeste Sánchez Sugía: “Reivindicar mi historia hace que yo me sienta orgullosa y que haya construido mucho más mi identidad. Ser afrodescendiente; eso me llena mucho de orgullo”.
María Celeste Sánchez Sugía sería un habitante más del inacabable pueblo de Ixtapalapa, si no fuese Senadora de la República, y si no tuviera la piel morena de africana, de veracruzana, de guerrerense, de chiapaneca, de…. Si no fuera afromexicana. Si no fuera una exaltación de la Negritud.
Sánchez Sugía, de 32 años de edad, es la primera senadora en la historia del país que, abiertamente, se reconoce como afrodescendiente. Y, además de su trabajo legislativo, tiene una larga carrera en la ciencia y como feminista. Estudió sicología y, actualmente, es candidata a doctora en Ciencias Biomédicas por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) en la Ciudad de México.
“Para mí, ser la primera mujer afromexicana que llega al senado de la República significa una gran responsabilidad, porque desde el inicio, desde que estamos en este país y formamos parte de él, no se nos ha visto. Hemos sido invisibilizados; nuestros aportes, nuestras tradiciones y cómo es que llegamos aquí”, le dijo María Celeste a quien la entrevistaba.
El mayor reto de los afromexicanos es convocar a las organizaciones de la sociedad civil y fomentar el diálogo, de manera que los cambios o adecuaciones legales que se logren sean fruto del trabajo conjunto.
“Debemos ser nombrados en todas las iniciativas, en las que se busca el acceso a derechos que todas las personas deberíamos tener, pero, por ser parte de una población que ha estado en situación de vulnerabilidad e invisibilizada, nunca hemos sido nombrados.
Una frase concentra el orgullo de las gestas históricas que lograron la construcción de México y su independencia: “La patria es primero”, inscrita con letras de oro en el Salón de Plenos del Senado de la República. Un clamor de Vicente Guerrero, el segundo presidente del México independiente y el primero y único presidente afromexicano, sólo reconocido como afrodescendiente hasta 200 años después de su muerte.
Igual como ocurrió con el reconocimiento de los afrodescendientes en la Constitución, que se dio en 2019, casi un siglo después de la promulgación de la Ley máxima en el país y a casi 500 años de su desembarco en el país.
Apenas en el censo de 2020, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía incluyó en el Censo de Población una pregunta para visibilizar en las cifras estadísticas, la existencia de este sector de la población mexicana.
El resultado fue que 2.5 millones de personas se reconocieron afromexicanas y representan 2% de la población total; de ellas, 7.4% habla alguna lengua indígena.

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