ALGO PARA RECORDAR…

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Cuando Roberto Cruz fusiló al padre Pro

Luis Alberto García / Cdmx

*Qué serio, qué grave se observa el rostro del general.
*Así se puso al escuchar el nombre de Agustín Pro Juárez.
*Ese gesto constituía lo más visible de su personalidad.
*Se hizo más áspero al escuchar hablar del sacerdote jesuita.
*“Si no fuera por el curita, yo no tendría esa fama de matón”.
*”Y pasaría por lo que soy: por un hombre culto, fino”.
*Con el nieto del militar que acabó con el sacerdote cristero.

León Roberto García, hermano del alma y de profesión, residía en el sexto piso de un condominio situado en Hamburgo 9, al inicio de la Zona Rosa, casi esquina con las calles de Berlín y Roma, y es que el 5 de diciembre de 1989, aniversario luctuoso del general Roberto Cruz, quiso acordarse de su abuelo materno.
El pretexto para las remembranzas fue que, en octubre de 1961, en el periódico Excélsior de la Ciudad de México, se publicó por entregas la extensa entrevista que Julio Scherer García -fundador del semanario Proceso- le hizo al general Roberto Cruz.
Como inspector general de policía en tiempos de Plutarco Elías Calles en 1927, se encargó de dirigir el fusilamiento de Miguel Agustín Pro, sacerdote jesuita acusado de perpetrar un atentado dinamitero en el bosque de Chapultepec en contra del presidente Álvaro Obregón.
El nieto esboza la trayectoria del abuelo, nacido en Guazapares, Chihuahua, el 23 de marzo de 1888; pero residente, de pequeño y con su familia, en Torín, Sonora, un pueblo donde jugaba entre los niños yaquis y por ende aprendió el habla de ese pueblo originario.
León nos recuerda a que Scherer escribió una obra que es mezcla de reportaje y entrevista al general Cruz, originalmente publicado den Excélsior en ocho partes, entre el 2 y el 9 de octubre de 1961.
En esa conversación, transformada luego en libro, el general Cruz dio su versión sobre el fusilamiento y ya vislumbraba la posible canonización del jesuita: “Si Pro es elevado a los altares no será santo de mi devoción.”
Ya conocíamos la historia ; pero quisimos revisarla nuevamente en las palabras de León Roberto: el general Cruz, en su papel de jefe de la Inspección General de Policía de la Ciudad de México dio la orden para su fusilamiento.
“Mi abuelo estaba al frente de la Secretaría de Seguridad Pública bajo las órdenes del general Plutarco Elías Calles, presidente de México entre el 1 de diciembre de 1924 y el 30 de noviembre de 1928 cuyo Maximato duró hasta fines de noviembre de 1934. Eso ocurrió en medio de la sangrienta efervescencia de la Guerra Cristera, y fue quien investigó el atentado de Álvaro Obregón sucedido el 13 de noviembre de 1927 en el Bosque de Chapultepec”.
El hecho, diez días después derivó, por órdenes de Calles y sin el debido juicio, en el perentorio fusilamiento -junto con otros imputados- de Pro Juárez, capellán de la seglar Liga Nacional de Defensa Religiosa.
El general Roberto Cruz, con sus preseas militares, cargos castrenses, puestos públicos durante los explosivos y controvertidos regímenes presidenciales de Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles, todo permeado por sus bravuconadas y desplantes, resulta un personaje de inteligencia aguda, de contradicciones y claroscuros, héroe de sí mismo.
Según dice: “Nunca fui un segundón. Si puedo hablar de la Revolución es porque la he vivido. No soy un militar de dedo, como tantos otros, ni debo mis condecoraciones a la gracia de nadie. Lo que tengo, me lo he ganado. Aquí en el cuerpo tengo cinco balas enterradas y aquí, en la mente, el recuerdo de más de cien batallas”.
Roberto Cruz, fue, a todas luces, un personaje secundario y con leyenda negra, en cuyos tres históricos episodios que boceta el reportaje-entrevista -el fusilamiento sin juicio del padre Pro y otros imputados, la ejecución del general Francisco Serrano en Huitzilac, el asesinato del virtual presidente reelecto Álvaro Obregón y el fusilamiento de José de León Toral- se muestra con sus prejuicios, limitadas ideas y carencia de ética cínicamente incapacitado para desobedecer una orden dictatorial.
Ésta fue cruenta y violenta por parte de Elías Calles, sólo por el hecho de ser el Presidente de la República, casi un monarca que podía hacer y deshacer a su antojo, que “se comportaba como si él mismo fuese el águila y la serpiente de nuestro escudo”.
Y más aún: Cruz habla de Plutarco con respeto y admiración, nos había dicho en alguna ocasión su bisnieto Rodrigo García, hijo único de León Roberto y de Martha Garagarza.
En sus últimos años de vida el general vivió en Sinaloa, y retirado del ejército, compró tierras en donde vivió sus últimos años. Finalmente falleció el 5 de diciembre de 1990 en la ciudad de los Mochis a la edad de ciento dos años, con una existencia vivida para contarla.

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