ALGO PARA RECORDAR…

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El río que Napoleón le inventó a París

Luis Alberto García / París, Francia

*El canal de Saint Martin fue idea de Bonaparte.
*Mide únicamente cinco kilómetros de largo.
*Se utilizó piedra blanca para sus puentes.
*Esa cantera se usó para el Arco del Triunfo y el Sagrado Corazón.
*Pensamiento de nostalgia por los compañeros universitarios.

Desde el puente de Saint Michel, con la catedral de Notre Dame como escenario de fondo, acompañado por Francisco Garfias -querido colega corresponsal del diario Excélsior de la Ciudad de México en la capital de Francia, quien con regularidad nos daba hospedaje en su departamento de la rue Dauphin número 4 -, ambos veíamos cómo un barco abandonaba París en dirección contraria al océano.
En lugar de remontar el río que baña la gran urbe de francesa que pretendió ser destruida por Adolfo Hitler en agosto de 1944, el Sena legendario prefiere adentrarse en el subsuelo de la ciudad, alternando dos kilómetros de oscuridad con intermitentes rayos de luz, que se cuelan por tragaluces centenarios.
Unas mil 500 embarcaciones procedentes de más de veinte países siguen ese recorrido cada año, dejando atrás la torre Eiffel, el Louvre y la iglesia de la Madeleine, el teatro Garnier de la Ópera y otros monumentos excepcionales para surcar únicamente los cuatro y medio kilómetros del canal San Martín.
Garfias -a quien le cayó el apodo afectuoso de El Coyote desde que colaborábamos en Radio educación y éramos estudiantes universitarios en 1975-, sin motivo aparente se acordó de los condiscípulos en ese instante.
Expresó su ilusión de haber tenido con nosotros, a nuestro lado, para contemplar esa parte de la Ciudad Lux, a Norma Yolanda Ibarra, Helen y Magali Elías, Rosita Gasca, Elvia Moheno, Emilienne de León, Tessy Massieu, Laura Marcué, Cecilia Calero y Norma Baraldi.
Y también a Elías Kuri y a Enrique Sotomayor, a Enrique Maroto, a Luis Limón, a Carlos Villaseñor, a Raúl López-Lira Nava y a José Luis Bernal Rodríguez -ambos hoy embajadores en retiro-, con quienes compartimos grandes momentos en nuestra Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM.
Pancho probablemente les hubiese querido contar a todos que, originalmente concebido para abastecer a París de agua potable, el canal comunica la Plaza de la Bastilla con el embalse de La Villette.
El amigo originario de San Luis Potosí, nacido 1953 en una familia distinguida de criadores de toros de lidia, dejó sus nostalgias y dijo que, desde ahí, los barcos pueden o bien cortar a través del canal San Dionisio, o bien recorrer el canal de Ourcq, que lleva hasta el río homónimo, al noreste de París.
“Sin embargo -añadió- el canal de San Martín no conecta ríos y embalses, sino que también acerca el pasado al presente desde su mismo nombre, elegido a instancias de un incipiente nacionalismo francés que vio en el popular santo un motivo de orgullo”.
Pancho también narró que, ideado por Napoleón Bonaparte en 1802, inaugurado por reyes absolutistas en 1825 y transferido a París en 1861 bajo Napoleón III, “su evolución es indisociable de la historia reciente y, con ello, de la evolución histórica francesa”.
La piedra blanca de sus puentes, que provienen de la misma cantera que las del Arco del Triunfo y la basílica del Sagrado Corazón, fueron igualmente testigo de las barricadas de la Comuna de París en abril de 1871; pero también de los primeros pasos del cine y la fotografía.
Desde el puente de Saint Michel, con la nieve decembrina cayendo junto al canal de San Martín y escasos metros, desde la actual plaza de la República, una persona fue fotografiada por primera vez en la historia.
Otra orilla fue escenario de películas de la edad dorada del cine francés, como “Hôtel du Nord” (1938), hasta otras más recientes como “Le Fabuleux Destin d’Amélie Poulain” (2001) o la serie de Netflix “Emily en París”, en emisión posterior.
Este legado cinematográfico es el mismo que llevó al Ayuntamiento a rebautizar sus puentes y pasarelas con nombres de actrices, el último de los cuales se consagró ese mismo diciembre a Jane Birkin, parisina nacida en 1946.
Suspirando por ésa y otras mujeres de la pantalla europea, Garfias explicó que era un homenaje que se inició con los nombres de Michèle Morgan, Arletty y María Pacôme, y el de la española María Casares, entre otras.
De la vida actual en el canal también se ocupa el periodista de los ojos verdes, al coincidir con Angélica, estudiante brasileña que frecuenta el canal, quien opinó que el barrio es agradable y que, a diferencia de otros lugares de la ciudad tomados por los turistas, hay parisinos que van a restaurantes por la zona o que se ubican en sus orillas.
“Cuando mis amigos vienen a visitar París les traigo aquí porque creo que no suele ser parte de los planes turísticos, y es mucho más auténtico que ir a la calle Rivoli”, añadió el colega Francisco Garfias en referencia a una céntrica avenida comercial contigua al Museo del Louvre.
Elena Ofelia Jordana, escritora argentina residente en Paris de años atrás, dedicada a hacer poesía, crónicas de viaje y gastronomía, concuerda con Angélica en que la zona tiene algo de encantador, único.
La piedra blanca de sus puentes proviene de la misma cantera que las del Arco del Triunfo y la basílica del Sagrado Corazón, según narró uno de los recepcionistas del famoso hotel en el que se ambienta la película “Hôtel de Ville”, Guillaume Le Bas.
Está de acuerdo con Elena y señala, que “a partir de mayo”, con la llegada del buen tiempo, el canal tiene una historia diferente si uno se sienta en una cafetería que existe hace años, y cree que los que se acercan a él, sobre todo en verano, son estadounidenses que han oído hablar del barrio en los últimos años.
“Cada ciudad se vive algo, como en nuestro caso, los Juegos Olímpicos de 2024, con lo que se tiene una ola de gentrificación, y con ella hay cosas buenas y malas. Aquí vemos las cosas buenas”, sostuvo.
Finalmente estos amigos destacaron además, que personas que llevan mucho tiempo en el entorno del barrio, cuentan que cambió mucho en los últimos años, y que pasó de ser un lugar donde la gente vivía, a otro en el que ahora hay otras cosas, aunque sin perder su encanto, porque París nunca deja de ser París.

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