Primavera del 72: Colonia, Amsterdam y París sin escalas / III
Luis Alberto García / Cdmx
* Vino tinto, café express y cognac en antros parisinos.
* Los amigos de 1985 y el semanario Summa.
* Vuelta a Alemania y huéspedes de la Kolping Haus.
* Marianenburg, Hohe Strasse y Hohenzollern Brucke.
En París de Francia, siempre con Pepe Pagés Rebollar y el gran Dimitrakis Baltas, tuvimos mañanas, tardes y noches empapadas en coñac, café express y botellas interminables de Beaujolais en la Torre Eiffell, La Coupole y el cabaret Pierre Charrón, del que era vecina Anne Marie Mergier, amiga amorosa, talentosísima periodista, responsable de cubrir acontecimientos históricos dentro y fuera de Europa.
Al salir de la Tour D’Argent te extraviaste una noche y un día enteros, para angustia absoluta nuestra y especialmente mía: te juro que el alma se me fue hasta el subsuelo, buscándote en la penumbra lejana de Champs Elisees y el Arco del Triunfo, que todavía muestra en sus paredes los nombres de los mariscales del imperio de Napoleón Bonaparte.
No tienes idea de cuánto recordé al trío noctámbulo cuando, trece años después en 1985, hice un recorrido sentimental por aquellos antros y calles de París que conocí con Gerardo Estrada e Ivo Ezeta, Francisco Garfias y Roberto Vizcaíno, colegas cabales y profesionales sin tacha.
Fue cuando asumí la dirección del semanario Summa, edición nacional que se empeñó en publicar allá mi yernastro Fernando González Parra, dueño del diario deportivo Ovaciones, entonces esposo de la recordada Ernestina, la Titina Sodi, quien también ha sido parte de mi grata y hasta afortunada existencia. (Continuará)
Al regresar a Alemania, previo robo y recuperación de mi equipo de cámaras Olympus en Amsterdam ya en Colonia conocimos la tumba de los Reyes Magos en ese portento de arquitectura gótica que es su catedral, cuyas torres gemelas mirábamos todas la mañanas desde los ventanales de la Kolping Haus.
Ese era nuestro albergue y comedero estudiantil temporal con un menú de pepinillos alucinógenos, mermelada de arándano y mantequilla rancia que nos daban energía para emprender caminatas por la Hohe Strasse mirando pasar a las walkirias como nibelugos mestizos que éramos, así como el puente de los Federicos y los Guillermos -Hohenzollern Brucke-, hasta llega a los jardines magníficos de la fábrica de perfumes Kolnische Wasser 4711 atrás de la celebérrima estación del tren con sus changarro de hot dogs de los turcos transterrados.
(Aquí es preciso decir que, los siguientes párrafos fueron escritos el viernes 24 de mayo de 2013, dos días antes de que José María Pérez Gay falleciera):
Ya entonces Chema había entrado en escena, quien en esos días de abril de 1972 trataba de asumir e lugar de don Antonio Ruíz Galindo en la embajada mexicana de Marianenburg 25 en Bonn, amigo y tutor de Rodolfo Echeverría Zuno, que -en compañía de su condiscípulo Pepe Lavín, ambos estudiantes en la Universidad e Hannover- nos ayudó a cargar maletas y nos llevó e un vocho hasta nuestra nueva residencia estudiantil.
Ahí nos revolvimos con becarios latinoamericanos, asiáticos y africanos, entre ellos Joseph Chirimbimbi, nigeriano fanático del Korokó, su equipo campeón de Lagos, la capital de su país, a quien presumías las glorias y recitabas la alineación del Toluca: Florentino López, Jorge Romo, Wedell Jiménez, el Buchi Romero, Alfredo del Águila, Carlos el Mono Carús, Nacho Trelles.
A la luz de las lámparas cochambrosas del bar Koln am Rhein empinándonos vaso tras vaso de rones y cañas de Kolsch claras -y Bacardi mit Citron / eine noch mal, bite (Bacardí con limón / una más, por favor, fue lo primerito que aprendiste a decir)-, el Chema nos leía soporíferos informes para el canciller Emilio O. (Cero, así le decía a su jefe titular de la SRE) Rabasa, que porque era “muy pendejo”.
De pronto aparecía para iluminarnos el alma su dizque novia Petra Pinzler, una rubiota enorme de Dusseldorf vestida de blazer negro de paño con un par de cerezas artificiales rojísimas brillantes en la solapa de seda.
En su casita colonesa, Borges, Zapata y Marx -gurúes de nuestro agregado cultural, germanista y galán mexicano de la cerrada de Cadereyta, colonia Condesa, México 7,D. F.- presidían las lecciones de filosofía althusseriana, de Adorno, Lukacs, Marcuse y otros pensadores que nos había recetado para su lectura Enrique González Pedrero en el primer semestre de 1968 en el salón 1 de nuestra FCPS.
