Primavera del 72: Colonia, Amsterdam y París sin escalas / II
Luis Alberto García / Cdmx
*Premio con Fernando Benítez y la Asociación Periodística Universitaria.
*Primera fusión de una pandilla domiciliada en Filomeno Mata 8.
*El 10 de junio de 1971 en la Tribuna de la Juventud.
*La idea loca de partir a la República Federal Alemana.
Al retomar esta relación de hechos, tendría que preguntarte si te acordarás de nuestras primeras chambas y la entrevista que juntos le hicimos al profesor Fernando Benítez en su departamento de San Angel Inn para el periódico Universidad de la Asociación Periodística Universitaria.
Ese trabajo ganó el Premio Nacional de Periodismo Estudiantil que promovía el INJUVE, entregado por Luis Echeverría en San Luis Potosí: fueron tres mil pesos de la época, lo cuales, sin discutirse su destino, se utilizaron para saldar las deudas contraídas meses atrás con la imprenta.
Ese y otros asuntos los debatíamos en juntas editoriales que, manipuladas verticalmente y sin mayores reclamos, dirigían José Medina Pichardo y Oscar Campero, tiburones simpáticos, buenos para conseguir publicidad centavera.
Con ellos -fundadores de esa asociación estudiantil-, tuvimos que lidiar y convivir acompañados al principio de Rafael Gutiérrez Chavero, Fernando Valdés Flores, Armando Díaz López, José Antonio Carrillo Vázquez, tú y yo, dando lugar a la primera fusión real de esa pandilla que se reunía en un local polvoso en la azotea de Filomeno Mata 8, sede eterna del Club de Periodistas de México.
Con todos ustedes hay deudas de gratitud, de amistad, profesionales y espirituales, emocionales y materiales: con Guadalupe Ferrer Andrade, Roberto Calleja Ortega, Díaz López, Valdés Flores, Gutiérrez Chavero, Enrique Vallejo, Leonardo Tadeo Otero Pesado y los que me falten.
Tu compadre Carrillo y sus hermanitos Cuauhtémoc y David Tonatiuh -los Giacomos Casanova de Hortelanos 168, colonia Morelos- son casos tiernamente clínicos por sus amores perros: Toño con sus arevalazos, chelazos, blanquillazos y acevedazos, quien, sin embargo hoy parece estar, por fin, en estado de gracia.
Así, luego del 10 de junio de 1971 sangriento en San Cosme frente a la Escuela Normal Superior, tú y yo llegamos a la revista Siempre! al fundarse la Tribuna de la Juventud del malogrado y generoso, teatral y querido Pagés Rebollar, presentada con una imagen diseñada por su hermanito menor, Fernando, que estará en el cielo pincel en mano.
Ese año, entrevistamos además a Víctor Jara, Carlos Fuentes, Heberto Castillo y Gastón García Cantú, y fuimos partícipes de las tertulias en Emerson 515 -en la casa del maestro de periodistas, don Pepe Pagés Llergo, en donde conocimos y tratamos a Carlos Monsiváis, Carlos Hank, Jacobo Zabludovsky, Silverio Pérez, Luis Castro -El Soldado-, David Alfaro Siqueiros, Roberto Cantoral y José José entre muchos otros que nos dejaron recuerdos memorables.
En una de esas sobremesas surgió la idea loca de acompañar a Pepito a la República Federal Alemana, en un viaje inesperado y sorpresivo, con motivo de una invitación del gobierno de Willy Brandt, entonces Canciller de la nación europea que renacía como el Ave Fénix de las cenizas que dejaron los horrores de la Segunda Guerra Mundial.
En esa primavera inolvidable de 1972 nos metimos a estudiar alemán elemental al Goethe Institut de Tonalá y Durango, cruzamos el Atlántico vía Montreal y protagonizamos la travesía del Rhin por el puente de Remagen y el paso de Bad Godesberg.
Olvidándonos del itinerario oficial del viaje diseñado por Internationes Aktien Gesselschaft, no tuvimos otra que lanzarnos a Holanda -los Países Bajos- por el sendero de Maastrich, conocer la Warmoor Straat de las farolas rojas, Die Groene Oliphant y su fumadero público de mota, el Tran Amstel con sus casonas flamencas y las barcas del siglo XVII recorriendo los canales interminables bordeados de tulipanes color naranja.
Un tren nocturno nos llevó a París y vimos Bélgica de pasadita con canchas de futbol por todos lados, a los costados de las vías en lo que, en las regiones de Paschendaele, Yprés y Verdún, fueron campos de muerte en la Primera Guerra Mundial.
Llegamos por la Gare du Nord, tomando un taxi al Quartier Latin hasta la rue Jacob -domicilio de Dimitrakis Baltas, el ateniense inmortal, amigo y profesor de Pagés Rebollar-, a la vueltecita del Café de Flore y Aux Deux Magots, donde Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir se arrinconaban a fumar y filosofar.
Esa misma noche, el profesor Baltas nos llevó al Psistariá, bistró frente al puente de Saint Michel, donde se musicazaba el ambiente con canciones griegas de Geroges Moustaki, rapsoda libertario, difunto fresco apenas fallecido el jueves 23 de mayo último.(Continuará).
