CIUDAD DE MÉXICO.- El PRI presentó su agenda legislativa bajo el lema “Por el México mejor que queremos”. Son 18 puntos que van desde salarios dignos para maestros y policías, hasta comparecencias de secretarios de Estado, reducción de comisiones bancarias y una nueva Comisión Nacional de Derechos Humanos.
La propuesta, en el papel, parece ambiciosa y toca temas sensibles: justicia social, seguridad, transparencia y derechos humanos. Sin embargo, la pregunta es inevitable: ¿estamos frente a un viraje serio del PRI para reposicionarse como oposición responsable o ante un nuevo catálogo que difícilmente se materializarán en el Congreso?
El tono de Rubén Moreira y Alejandro Moreno apela a la “visión de Estado”, pero el contexto político juega en contra: el PRI está debilitado años de desgaste y pérdida de credibilidad.
Más allá de los 18 puntos presentados, el verdadero reto del PRI no está en lo que promete, sino en lo que representa.
Una parte de su militancia aún recuerda el desencanto de la pasada elección presidencial, cuando la dirigencia prefirió cerrar la participación interna y marginar a Beatriz Paredes, apostándole a una candidatura que no garantizaba una verdadera competencia frente a Morena.
Esa decisión dejó en muchos priistas la sensación de que, una vez más, su voz fue ignorada.
Hoy, su margen de maniobra es mínimo frente a la mayoría de Morena y sus aliados. Por eso, más que un comunicado, un sector de la ciudadanía espera que los priistas logren traducir esta agenda en acciones concretas, y no en promesas recicladas.
Al final, lo que está en juego no es solamente el futuro del PRI como partido, sino su credibilidad como oposición en un país donde los discursos sobran, pero los resultados siguen siendo escasos.
AM.MX/fm