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Salvador Flores Llamas/

 

pinos“El tapado fuma elegantes” fue el eslogan publicitario que circuló al arreciar la carrera para suceder al presidente Ruiz Cortines; aunque el verdadero “tapado” (López Mateos) fumaba cigarros delicados.

 

El viejo PRI nos acostumbró al deporte del tapadismo. Al acercarse la elección presidencial crecían los rumores, cábalas y apuestas sobre quién sería el escogido por “el gran elector” para sucederlo.

 

Mucho antes que declinara el sexenio de Echeverría (LEA), Moya Palencia, secretario de Gobernación, tomó delantera: colocó a gobernadores amigos suyos, que se encargaron de ganarle adeptos, y medio mundo lo daba como “cincho” para relevar al jefe.

 

En maniobra para desviar la atención de Moya, Leandro Rovirosa, titular de Recursos Hidráulicos y gran amigo de LEA, destapó a 5: Muñoz Ledo, Moya, Gómez Villanueva, Cervantes del Río y López Portillo, todos del gabinete.

 

Bracamontes, secretario de Obras Públicas, se agregó: Rovirosa  lo aceptó, “porque es amigo mío”, y “si eso lo hace feliz, ay se va”. Surtió cierto efecto la maniobra distractora.

 

El “bueno” fue López Portillo, amigo de juventud de LEA, quien creyó poder manejarlo: lo nombró subsecretario de Patrimonio Nacional; luego director de la CFE y lo pasó a Hacienda para el destape.

 

El de Salinas de Gortari (CSG)  resultó conflictivo. Para calmar las ansias de quienes querían democratizar la nominación del candidato –Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo, que luego se salieron del PRI- De la Madrid (MMH) instruyó a Jorge de la Vega, jefe del tricolor, realizar una pasarela con los prospectos.

 

Fueron Manuel Bartlett, Ramón Aguirre, Alfredo del Mazo, Sergio García Ramírez y Salinas. Se especuló mucho que Bartlett, de Gobernación, era el político más preparado; que Aguirre era el gran amigo de MMH; Del Mazo el “hermano que no tuvo”, y que Salinas estaba verde por ser el más joven.

 

El domingo 4 de octubre de 1997, MMH reunió a desayunar en Los Pinos a los dirigentes del PRI y de los tres sectores. Se dijo que Fidel Velázquez, del obrero, estaba con Del Mazo. Al mediodía se fueron al PRI y en las tribunas montadas en el estacionamiento, los esperaba una multitud expectante.

 

Cuando De la Vega leyó que los tres sectores nominaban a Salinas; el líder petrolero “La Quina” Hernández Galicia se salió echando vituperios contra el destapado, porque lo consideraba su enemigo.

 

Se dijo que “La Quina” apoyó con dinero y el voto petrolero a Cuauhtémoc Cárdenas, lanzado por una coalición de izquierda. Eso le valió que el 10 de enero de 1989, a 40 días de gobierno de CSG, fuera encarcelado y se eclipsó su estrella.

 

Hubo otro incidente. Cuentan que Del Mazo, muy amigo de la familia de MMH, le pidió a Gerardo, uno de los hijos del Presidente, que le diera el pitazo de quién sería el afortunado. Y la noche anterior le dijo por teléfono que su nombre tenía dos letras S y G.

 

Al verse descartado y creyendo que el bueno era Sergio García (Ramírez), procurador de la República, Del Mazo ordenó a su jefe de prensa, David López, lanzara un boletín mañanero, el domingo 4, con la nota, que cundió de inmediato por radio y TV.

 

Muchos políticos llegaron temprano al domicilio de García Ramírez (entre ellos, Ojeda Puallada y Rosell de la Lama) y metieron en aprietos a Sergio, quien tuvo que entrarle al toro y declarar que aún no recibía noticia alguna, pero en cuanto la recibiera, saldría a corroborarla. Lo que jamás ocurrió.

 

Ese fue el choteo político por muchos días, y los actores quedaron muy mal parados.

 

Por demás es sabido que tras el destape de Colosio para suceder a CSG, Camacho Solís hizo el gran berrinche porque se sentía el heredero natural por ser el más amigo del Presidente, y se dedicó a hostilizar a Luis Donaldo.

 

El asesinato de éste causó grave problema a CSG para encontrar sustituto. Pensó en Pedro Aspe, pero no cumplía el requisito constitucional de haber renunciado a Hacienda con antelación para ser candidato.

 

Salinas preguntó al líder del PAN, Castillo Peraza, si apoyaría reformar la Carta Magna, y el yucateco simplemente le dijo: creo que tú en mi caso no aceptarías. Y CSG hubo de pensar en otro candidato.

 

Esto desató una autopromoción de Ortiz Arana, líder del PRI, que enojó a Salinas, quien destapó a Ernesto Zedillo, ex jefe de la campaña de Donaldo, pues había renunciado a la SEP con oportunidad.

 

La afición del mexicano por especular sobre los “tapados” continúa con el retorno del PRI al poder, y aumentará al aproximarse  el relevo.

 

Ya se consideran fuertes suspirantes a Videgaray, secretario de Hacienda, y a Osorio Chong, de Gobernación, los más cercanos a Peña Nieto. El primero falla en conducir la economía; el otro cumple en buena parte.

 

Anotan también a Beltrones, líder de la Cámara de Diputados, el político actual más hábil. Y, sin duda, se acumularán.

 

Hay muchas anécdotas en torno al tapadismo. Una: para suceder a Ávila Camacho, Ezequiel Padilla, secretario de Relaciones Exteriores, disputó con Miguel Alemán, de Gobernación.

 

El gobernador de Sonora, expresidente de la República, general Abelardo R. Rodríguez, no quería a Alemán, que fue el agraciado. Ávila Camacho pidió al líder del PRI, Antonio I. Villalobos que lo persuadiera en favor del “bueno”.

 

Villalobos viajó a Hermosillo y al caer la plática en el tema, expresó: ¿Señor gobernador, cómo vería si el candidato fuera Alemán? Abelardo, avezado político, reviró: que sea alemán, japonés o italiano, con tal que sea buen Presidente. Había captado el mensaje del enviado presidencial.

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AMN.MX/sfll

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