#DESDELABARRERA: ¿Qué va a pasar al otro día del 3 de noviembre?

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Aletia Molina

Salvo que Biden arrase en las elecciones estadounidenses de la próxima semana, es probable que ese país despierte el 4 de noviembre sin claridad con respecto al ganador de la contienda.

En un escenario ordinario, sería apenas anecdótico y bastaría esperar a que los ciudadanos y autoridades competentes terminaran de contar los votos y determinaran al triunfador, a fin de que el candidato derrotado llevase a cabo el mensaje de concesión de la elección. Pero Estados Unidos tiene todo, menos un escenario ordinario.

Está inmerso en crisis sanitaria y económica, en una aguda polarización política, efervescencia social, y con un presidente que desprecia constantemente las costumbres y normas que Washington daba por sentado. Trump ha puesto en duda los resultados de la elección de antemano, se ha rehusado a responder si reconocerá una derrota, ha descalificado como fraudulento el método de voto por correo (ya utilizado por 62 millones de votantes al menos), y ha instigado a grupos violentos a permanecer atentos ante el escenario post-electoral.

Podría repetirse la historia de 2016, una contradicción entre el voto popular y el voto electoral. En tal caso, las probabilidades apuntan a que sería una vez más Trump. Por otro lado, la contienda podría zanjarse ya en el Capitolio, ya en la Corte Suprema, mediante las provisiones legales para tal efecto. O… no puede descartarse una negociación política entre los candidatos.

Si las encuestas aciertan y Biden es electo, sea con una ventaja sólida tanto en el voto popular cuanto electoral, sea luego de varios días después del 3 de noviembre, cuando se terminen de contar los votos por correo, hay también un aparente consenso en el sentido de que Trump intentará deslegitimar esos resultados.

Si Biden triunfa holgadamente, no será difícil que las descalificaciones de Trump tengan eco entre los liderazgos republicanos en Washington y en los estados; y aunque es probable que ocurran algunos disturbios y muestras violentas, es igualmente probable que no escalen al punto de poner en entredicho la transición.

Antes que en la Corte, donde se decidió la elección de 2000, quizás un Partido Republicano que respalde los alegatos de Trump busque resolver la elección en el Congreso, donde tendría todavía control del Senado no sólo mediante su mayoría, sino también con el peso del vicepresidente Pence (también presidente del Senado), quien gozaría de facultades legales para incidir en su propia reelección. Como esta, hay decenas de consideraciones adicionales.

Esta elección, como la presidencia de Trump, pondrá una presión inédita en la ingeniería institucional estadounidense.

¿Habrá un desenlace civilizado?

@AletiaMolina

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