OTRAS INQUISICIONES: Anécdotas del poder: “Embajador” de Hitler

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Pablo Cabañas Díaz.

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La vida en México de Wenner-Gren fue prácticamente desconocida hasta la aparición del libro: “La cruz del sur” de Santiago Bolaños que apareció en 2009. Aunque como lo dice el autor al final del libro: “Es un trabajo de ficción basado en hechos reales”. Bolaños, con la colaboración de Jorge Ruiz Esparza, da rienda suelta a una inquietud de hace más de tres décadas, cuando encontró en el archivo de la Secretaría de Hacienda el libro titulado:“Un llamado a la razón”, escrito en 1937 por Wenner Gren, y el poemario “Ecos de profundidad” de su esposa Marguerite Liggett.

En los últimos años, hay el interés por saber quiénes formaban parte del circulo que estaba detrás de este personaje, conocido como la “Esfinge Sueca”, y de su mujer estadounidense, que habían vivido en México; y comprado el Rancho de Cortés en Cuernavaca, entre otros negocios que incluían la plata, los bienes raíces y la celulosa; esta[PC1]  pareja a lo largo de varios años escribió los libros que estaban en esas bodegas, y que habían sido olvidados.

En 2018, apareció un artículo de la Fundación Wenner-Gren, en el que se subraya el apoyo que brinda a la antropología. El texto lleva la firma de Leslie C. Aiello presidenta de la Fundación Wenner-Gren para la Investigación Antropológica y profesora emérita del departamento de Antropología del University College London La doctora Aiello preside la Fundación Wenner-Gren desde 2005, y se cuestiona, por qué nadie pregunta de dónde vino el dinero, ni sobre las personas que dieron forma a la fundación, ni cómo ha podido crecer la donación, ni nada sobre las operaciones internas y su gobierno.

Este año, Carla Xóchitl León Cortés, alumna del CIDE, en su tesis de maestría titulada: “Empresarios suecos en México. Historias de migración, empresarios y sus empresas durante el siglo XX”. Por vez primera va abriendo la puerta de lo que fue “Axel Wenner-Gren al que llama: “el caso más representativo del capitalismo de amigos, por su relación de conveniencia con los políticos Maximino Ávila Camacho y Miguel Alemán Valdés”.

Wenner-Gren arribó al puerto de Veracruz en noviembre de 1941 a bordo de su yate que bautizó como “Sourthern Cross”, en ese momento el más lujoso del mundo, tripulado por 42 marineros y equipado con una sala de conciertos que permitía que el piano no sufriera movimiento, aunque afuera hubiese tormenta. Werner-Gren se quedó en México luego  que  la  Oficina de Control de Activos Extranjero (Office of Foreign Assets Control) un organismo dependiente del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, publicó una lista en la que aparecía ligado al gobierno de Adolfo Hitler. Esa lista tuvo un efecto devastador en su reputación personal y su imperio empresarial, con graves consecuencias para sus empresas filantrópicas.

Wenner-Gren se desempeñó como embajador sin cartera de Hitler y realizó junto con el Duque de Windsor una de las operaciones más sofisticadas que era la de ser intermediarios para que poderosas multinacionales estadounidenses como General Motors, Ford, AT&T, Standard Oil y muchas más continuaran realizando negocios con Hitler a pesar de la prohibición del gobierno de Estados Unidos.

Para evitar el decreto de Franklin D. Roosevelt, esas poderosas compañías comercializaron con la Alemania nazi a través de sus subsidiarias en países “neutrales” y utilizando también a empresas que operaron en paraísos fiscales, como Panamá, Bahamas o Aruba.

Gracias al Duque de Windsor, quien renunció a la corona británica para casarse con una “plebeya” estadounidense, y a Axel Wenner-Gren, Hitler pudo continuar recibiendo las materias primas, equipos, refacciones y maquinaria que le permitió el rearme de Alemania.

Meses después de cumplir con esa estratégica misión fue enviado a México por su amigo, el Mariscal Göering, con el objetivo de asegurar que el envío de petróleo y materias primas estratégicas latinoamericanas llegaran a la maquinaria de guerra de Hitler.

Cuando Wenner-Gren arribó a Veracruz fue recibido con fuegos pirotécnicos, bandas militares y una gran fiesta que le organizó Maximino Ávila Camacho, el hermano del presidente mexicano.

Al poco tiempo de su arribo un grupo de empresarios y políticos, entre ellos varios estadounidenses, anunciaron una gran inversión de 100 millones de dólares, una fortuna para la época, para fabricar aviones, material para la guerra y para acaparar materias primas estratégicas. En esos negocios estaría involucrado Maximino Ávila Camacho y poderosos políticos nacionales. Wenner-Gren sólo pudo lograr algunos de sus planes. El resto se derrumbaron en la medida que los ejércitos de Hitler quedaban atrapados en las estepas rusas y aniquilados a pocos kilómetros de Moscú por el congelante invierno que azotaba el territorio ruso. Mientras que otros eran derrotados en Stalingrado.

Al término de la Guerra el empresario sueco decidió quedarse en México para evitar la condena que sufrieron otros empresarios que colaboraron con los nazis. Así que decidió donar su lujoso yate para que se convirtiera en la embarcación oficial del presidente en turno.

 

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