CONCATENACIONES: Provocaciones

Fecha:

Fernando Irala

A pocas semanas de cumplirse medio siglo del momento culminante del movimiento estudiantil de 1968, cuando el 2 de octubre la masacre de Tlatelolco descabezó la protesta juvenil pero la volvió de larga memoria, una burda provocación cumplió por lo pronto su objetivo obvio de desatar una sacudida en la comunidad universitaria, en particular la de la UNAM.

No obstante, en la evolución de paros y asambleas parecen pesar más los elementos de conciencia y análisis de los hechos por sobre la natural indignación y fogosidad de los alumnos.

Y es que la pregunta obligada ante la agresión criminal contra los jóvenes cecehacheros en la explanada de la Rectoría, es cuáles son los intereses o grupos detrás de los porros, y qué pretenden lograr al cargar contra los jóvenes inermes.

Las evidencias muestran que el ataque del lunes pasado fue absolutamente premeditado, organizado y dirigido contra una manifestación de un grupo de alumnos de un CCH. La desproporción es tal que llama la atención.

El porrismo es una lacra que ha estado presente desde antes de 1968 en las principales escuelas públicas superiores del país. Los movimientos genuinamente universitarios lo han disminuido en cada ocasión, pero por el contrario, se ha incrementado y se ha vuelto más violento, al pasar de una expresión de muchachos desorientados, a la conexión con el narcomenudeo y su conversión en grupos de aprendizaje de la delincuencia organizada.

En ese contexto, y en vísperas de una renovación del poder federal y de las autoridades capitalinas ya decidida en las urnas, los problemas sociales y económicos del país no han desaparecido, pero el ambiente de la transición ha sido calificado como terso y amigable.

¿A quién le conviene romper con ese clima, y trocarlo en un conflicto de alcances imprevisibles? No al gobierno federal que sale, que ya tiene suficiente con su mala imagen y credibilidad, pero en el que todavía impera la cordura y la civilidad. Tampoco al régimen que aún no llega, y en el que se ha ponderado la estabilidad como una buena herencia que no habría por qué tirar por el borde.

Probablemente sí a la delincuencia organizada, para quienes la inestabilidad y el desorden pueden ser un fértil campo de cultivo.

Habrá que ver si las investigaciones realmente conducen a algo que no sea capturar porritos, incluso para luego soltarlos, como ya está ocurriendo. Habrá que ver.

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