OTRAS INQUISICIONES: Una ruta para la pacificación nacional

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Pablo Cabañas Díaz
Una de los interrogantes  más común que se hace en los Foros de Pacificación y Reconciliación nos remite al primer párrafo de la novela  Conversación en la Catedral, del premio Nobel,  Mario Vargas Llosa en donde  lanza su ya conocida pregunta: “¿en qué momento se jodió el Perú?”.¿En qué momento se jodió México? Más precisa la aclaración, ¿en qué momento la violencia jodió a México? Entender “qué nos pasó” o “qué nos pasa” es una típica obsesión latinoamericana que supone que vivimos en una condición subóptima y que algo nos impide estar donde deberíamos. México debería naturalmente ser un país pacífico, pero que hay algo que lo desvía del camino “natural” hacia el progreso y la paz.
Afirmar que en algún momento algo “se jodió” es asumir que en una instancia previa ese mismo orden funcionaba en forma razonable, o que al menos tenía una dirección progresiva, pero que debido a un proceso, una serie de circunstancias o una fatalidad, se descarriló el devenir normal de los acontecimientos. Finalmente según la narrativa oficial , la alternancia nos había permitido entrar al club de la democracia. ¿Qué nos pasó? ¿Cómo en este contexto hay más de 200 mil  muertos, familias desmembradas, secuestros a la alza, extorsiones sin límites, miles de desaparecidos y una orgía macabra de cuerpos destrozados? ¿Cuándo se jodió este México? ¿Por qué?
Existen bibliotecas enteras que analizan la inseguridad, la violencia y cientos de páginas de diagnósticos . La violencia resulta de una suerte de “fracaso colectivo”. Hannah Arendt, en su brillante ensayo On Violence, sostenía persuasivamente que la violencia es la contracara del poder. Éste deriva de la libre acción y voluntad colectiva de los individuos para que un ente —el Estado— lo ejerza. En cambio, la violencia se ejerce cuando el poder mengua, cuando la legitimidad de ese poder que se funda en el consentimiento colectivo desaparece.
La pregunta relevante para México es: ¿por qué los conflictos entre narcos y el Estado llevaron a esta irrupción tan sangrienta? ¿Por qué, a diferencia de otras sociedades, existe una proclividad a resolver estos conflictos ocasionando daño? ¿Será una erosión de la legitimidad como refiere Arendt?. En México, se  corrobora la intuición de Thomas Hobbes acerca de que sin un Leviatán nuestras vidas pueden ser muy “crueles, brutales y cortas”. El “proceso de pacificación” se produce con la irrupción de los Estados,  que van neutralizando los “demonios internos” humanos que llevan a la violencia. En hora buena los Foros y que cumplan su cometido: pacificar a la República.

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