ISEGORÍA: De la política a la economía: hacia el amargo mar

Fecha:

Sergio Gómez Montero*

yo tenía todo el fracaso que llegó

yo tenía que ir hacia la nada

y allí fui

A. Schmidt: “Poema”

 

Sí, tenía que ir hacia la nada y allá fui. Leer al más reciente recipiendario del Premio Nobel de Economía, Richard H. Thaler, nos induce a introducir en los afanes epistemológicos y racionales de la economía a las ciencias del comportamiento, por eso se entiende cómo hoy existe un desarrollo lógico de cómo la política termina finalmente en la economía, pero siempre aterrizando en un mar tormentoso y amargo que a nadie parece convenir. Al menos a eso parece nos estamos encaminando hoy en México, dado que tanto el INE como el tribunal federal electoral se niegan a juzgar y muchos menos a sancionar a quienes (los empresarios con nombre y apellido) con evidente cinismo violan a su antojo las leyes que debieran regular los comicios que se están realizando en México. ¿Lo que no hicieron a su debido tiempo, lo podrán hacer ahora para evitar los tiempos tormentosos que se avecinan? Es realmente arriesgar mucho el convocar de manera tan abierta la ira de las grandes mayorías de la nación: ¿A 60 millones de mexicanos que quieren a López Obrador gobernando al país se les podrá engañar con mensajes de miedo y engaño que sólo convocan al enfrentamiento?

Thaler lo sabe y lo explica bien: la economía, por sí sola, nada vale, si ella no se explica en el marco social en que se expresa, una de cuyas partes fundamentales sólo se entiende a través de las ciencias del comportamiento, pues la sociedad es una especie de árbol en donde una rama forma parte del árbol y por tanto sino la entendemos no lo entendemos a él. De nada, pues, nos sirve entender a la economía si al mismo tiempo no entendemos a la sociedad. En ese rompecabezas, de tal forma, en tiempos electorales tarde que temprano lo que comenzó siendo política pura se transforma en economía dado que ella, finalmente, es lo que domina lo social y más que nada el capital, en el sistema capitalista en el que nos encontramos, manda sobre el trabajo en todo sentido (siempre según Thaler): en lo físico, en lo productivo, en lo social y en lo emocional. Aunque, principio básico, el capital no existe sin el trabajo. De ahí el efecto inductivo (de miedo) que los mensajes de los patrones ejercen sobre sus subordinados: los trabajadores.

No, no es miedo es precaución.

¿A quién le conviene navegar hoy, en México, en un mar tormentoso y amargo como el que anuncian Bailleres y otros capos del sector empresarial? ¿No basta la experiencia de países como Cuba, Venezuela, Brasil y Argentina, que han sufrido boicots, bloqueos, guerras civiles, comenzando por huidas de capitales, devaluaciones y demás, todo ello provocado por la actitud amenazante de los empresarios?

¿Hasta cuándo el INE hará algo al respecto, toda vez que la ley está de su lado?

*Profesor jubilado

gomeboka@yahoo.com.mx

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