ISEGORÍA: Etapas fraudulentas

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Sergio Gómez Montero*

Cojos perros fumaban sus pipas y un olor de cuero caliente
ponía grises los labios redondos de los que vomitaban en las esquinas.
Y llegaban largos alaridos por el Sur de la noche seca

F. García Lorca: “Crucifixión”

El cuchareo parece ser una segunda etapa necesaria para ir fraguando así paulatinamente el fraude de los procesos electorales. Durante una primera etapa, la guerra sucia se desata por lo común sin ningún tipo de medida: todo se vale, todo lo permiten las supuestas autoridades electorales. Se vuelve eso, en la época, el desarrollo de una sarta de mentiras imparable e increíble, que cada quien maneja a su antojo, pues los árbitros para entonces descansan plácidamente.

En la segunda etapa, la de las encuestas cuchareadas, con el juego de las mentiras más refinadas, en donde el cinismo de GEA-ISA destaca, es una especie de preparación del terreno en donde la maquinaria pesada interviene para borrar del camino todos los obstáculos que se atraviesan para impedir la libre circulación por la terracería (fraude) ya trazada. Etapa en la que los bulldozer hacen el trabajo pesado y su ruido atosiga y cansa, pero el trabajo no cesa ni de día ni de noche. Ni con eso los árbitros despiertan.

La tercera etapa es la clave, pues en contra de todos los pronósticos el fraude, en esta etapa, se concreta y se lleva a cabo pésele a quien le pese (haiga sido como haiga sido), pues los árbitros de la contienda siguen plácidamente dormidos dejando que el fraude se fragüe por todo tipo de malhechores (los de hasta arriba y los de hasta abajo) a ciencia y paciencia de todos quienes vigilan la rectitud y la legalidad de los comicios. En esta etapa, sorprende el cinismo de árbitros y jueces a quienes nada conmueve: ni la magnitud de los fraudes ni la maldad y  el cinismo de los malhechores. A veces, como ahora, al igual que en otros sexenios, el asesinato de candidatos no cesa. Hoy con marca de huachicoleros de la zona de Salamanca. La conciencia sucia y perversa de árbitros, jueces y sicarios pareciera no conmoverse con nada.

Triste, muy triste es así la historia electoral, pues en la medida en que las etapas se cumplen más sucios se tornan los procesos. A veces, por eso, lo mejor es parar desde el inicio los procesos para que, en ellos, no intervengan ni jueces ni árbitros, sino únicamente los que vamos a votar sin jueces ni árbitros de por medio. Intentar así conformar gobiernos colegiados de ciudadanos que, más allá de los partidos, se hagan responsables de conducir los gobiernos con base en su memoria, su experiencia, por el saber así acumulado. Es cierto, esos son gobiernos antiguos y totalmente diferentes a los actuales. Calvino diría que gobiernos de ciudades invisibles, cuyos conflictos se diluyen en el aire pero que dan origen a ciudades nuevas, diferentes, con príncipes demediados, en donde la mitad de ellos son buenos y la otra mitad autoritarios y que así balancean la conducción efectiva del gobierno de las ciudades.

Esa etapa de los procesos electorales nos falta conocerla.

*Profesor jubilado

gomeboka@yahoo.com.mx

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