LA COSTUMBRE DEL PODER: ¡Escucha EPN!

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Gregorio Ortega Molina

 

*Sí, que escuche el llanto de los padres que perdieron a sus hijas e hijos, el lamento de las viudas, el grito lastimero de los huérfanos, el silencio dejado por los desaparecidos, el caer de las lágrimas de los enterrados en las fosas clandestinas, el resquebrajar de huesos y desgarramiento de los tejidos de los ejecutados por los sicarios, las diversas policías y los descolocados miembros de las Fuerzas Armadas

 

 

El señor Peña Nieto, quien a pesar de ser presidente constitucional de los mexicanos no es santo de mi devoción, hizo bien en mantener la boca cerrada ante las insolencias de Trump, porque, como dicen en mi tierra: “a chillidos de puerco, oídos de chicharronero”.

Lo que busca Donald Trump es un pleito callejero, carece de altura. EPN preservó la dignidad de la institución que representa.

Lo terrible del asunto es que así como hizo oídos sordos ante el presidente de Estados Unidos, los hace frente al pueblo. Ahora que faltan unos días para que rinda su V Informe de Gobierno, cuya ceremonia ha sido deliberadamente desvirtuada por los poderes Ejecutivo y Legislativo, es necesario solicitarle, con el comedimiento que la Presidencia de la República merece, que escuche

     Sí, que escuche el llanto de los padres que perdieron a sus hijas e hijos, el lamento de las viudas, el grito lastimero de los huérfanos, el silencio dejado por los desaparecidos, el caer de las lágrimas de los enterrados en las fosas clandestinas, el resquebrajar de huesos y desgarramiento de los tejidos de los ejecutados por los sicarios, las diversas policías y los descolocados miembros de las Fuerzas Armadas.

Que se mantenga atento al ruido causado por el hundimiento del paso exprés, que amenaza con desfondar los cimientos del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México; a la comezón causado por el crujir moral, cívico y ético del Poder Judicial y la Procuración de Justicia, porque se limitan a aplicar la ley, aunque el resultado sea hacer de México un país injusto.

Pido, no sin cierta desconfianza -porque ha mostrado que no escucha-, que esté atento a ese gruñir de tripas de los muertos de hambre, de esos clasificados en pobreza extrema y pobreza alimentaria; que también esté atento al aroma que se desprende de la miseria, o de las víctimas de trata, o de los mexicanos de la tercera edad, cuya jubilación se esfumó gracias a las políticas públicas.

     Que escuche, el señor presidente de la República, cómo caen los centenarios en los fondos de ahorro formados por los funcionarios corruptos, con contribución de los empresarios corruptores, que muy bien pudieran denunciar el hecho, pero que no lo hacen porque resultan beneficiarios del pecado de sus corruptibles servidores públicos.

Pero temo que el oído del presidente EPN sólo esté dispuesto al elogio, al halago servil, al infundio y a la infidencia torpe, a las necesidades de quienes lo sentaron en la silla del águila.

www.gregorioortega.blog

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