Un desarrollo verdaderamente responsable también debe preguntarse qué ciudad está dejando a su alrededor, cómo se relaciona con el medio ambiente y de qué manera puede contribuir a mejorar la calidad de vida de quienes habitan la zona.
En este contexto, las áreas verdes y la infraestructura verde se convierten en elementos fundamentales de una nueva forma de hacer ciudad. No son espacios residuales entre edificios ni únicamente elementos ornamentales: son parte de la infraestructura que permite gestionar el agua, reducir el impacto del calor, favorecer la biodiversidad, mejorar el paisaje urbano y generar espacios para la convivencia.
Esto cobra especial relevancia en municipios como Naucalpan, donde el crecimiento urbano convive con importantes retos ambientales y una necesidad creciente de contar con espacios verdes accesibles para la población. De acuerdo con información del Gobierno del Estado de México, actualmente el municipio no cuenta con la superficie de áreas verdes por habitante suficiente para alcanzar los parámetros internacionales considerados adecuados para el bienestar.
Del área verde privada al espacio que genera valor para la sociedad
Una de las diferencias más importantes entre un desarrollo convencional y una visión de desarrollo responsable está en la manera en que se entiende el espacio verde.
En muchos proyectos privados, las áreas verdes están principalmente vinculadas al uso exclusivo de quienes viven dentro del desarrollo. Una visión diferente consiste en incorporar espacios que, además de elevar la calidad urbana del proyecto, puedan generar beneficios para la comunidad.
Parte de estos espacios está concebida para tener carácter público y estar al servicio de la comunidad, de manera que la inversión privada también pueda traducirse en espacios de convivencia y disfrute para la población.
Un ejemplo de esta visión es la incorporación de un parque con carácter público dentro del conjunto urbano, concebido como un espacio que puede ser aprovechado por la comunidad y no únicamente como un área de uso exclusivo.
Infraestructura verde que también cumple una función ambiental
La importancia de estos espacios no termina en ofrecer un lugar para caminar o descansar. Cuando las áreas verdes se planean desde el diseño urbano, pueden formar parte de una red de infraestructura verde que ayude a responder a algunos de los principales desafíos de las ciudades.
Árboles, jardines, superficies permeables, corredores verdes y cuerpos de regulación pueden contribuir a:
Conservar y conectar espacios naturales.
Favorecer la gestión responsable del agua de lluvia.
Reducir escurrimientos y riesgos de encharcamiento.
Disminuir el efecto de isla de calor urbano.
Generar condiciones para la biodiversidad.
Crear espacios para caminar, descansar y convivir.
Promover movilidad activa y recreación.
Fortalecer la convivencia y el bienestar comunitario.
La infraestructura verde, por lo tanto, puede funcionar como una especie de sistema natural integrado a la infraestructura urbana.
Un desarrollo responsable debe retribuir a su entorno
El concepto de sostenibilidad también implica entender que un desarrollo no existe de manera aislada. Cuando una nueva comunidad llega a una zona, genera valor económico, pero también demanda servicios, infraestructura, movilidad y recursos. Por eso, una visión responsable debe buscar que parte de ese crecimiento se traduzca en beneficios ambientales y sociales para el entorno.
En este caso, la incorporación de espacios públicos, áreas verdes y equipamiento para actividades recreativas representa una forma de que el desarrollo pueda retribuir a la sociedad, creando lugares donde las personas puedan pasear, hacer ejercicio, convivir o simplemente disfrutar de un entorno más natural.
Y esto resulta particularmente significativo en una ciudad donde recuperar y generar espacios de convivencia es una prioridad. El propio Gobierno de Naucalpan por ejemplo, ha señalado la importancia de recuperar parques, jardines, espacios deportivos y otros espacios públicos para mejorar el entorno urbano y el bienestar de las comunidades.
Construir comunidad también es construir espacios
El verdadero reto del desarrollo urbano del futuro no debería ser únicamente cuántas viviendas pueden construirse, sino qué calidad de vida puede generarse alrededor de ellas.
Una calle arbolada, un parque, una ciclopista, un área de juegos, un espacio para mascotas o una zona de conservación pueden parecer elementos independientes, pero juntos forman una red que ayuda a construir una ciudad más habitable.
Por eso, hablar de desarrollo responsable es hablar también de agua, biodiversidad, áreas verdes, movilidad, espacio público y convivencia.
La sostenibilidad deja de ser solamente una certificación o una característica arquitectónica cuando se convierte en una decisión de planeación: conservar parte de la naturaleza, integrar infraestructura verde y abrir espacios para que la comunidad pueda disfrutarlos.
En una zona que comienza a transformarse como Lomas Verdes, este tipo de proyectos abre una conversación necesaria. Porque desarrollar responsablemente no significa únicamente construir para el futuro. Significa también construir un futuro en el que haya más espacios para vivir, convivir y disfrutar de la ciudad.



