*En 1969 inicié mi vida laboral rodeado de voraces víboras del periodismo nacional, pero ahora el panorama es desalentador. Al que no cesan o despiden cubierto de oro, lo callan, por ello son mangoneadoras las ideas y propuestas de Jenaro Villamil y Jesús Ramírez Cuevas; cada día se hace más difícil conocer un atisbo de verdad
Gregorio Ortega Molina
Determinar el nombre de la poseedora de las piernas asoleándose en una ventana de Palacio Nacional, era y es irrelevante. Lo grotesco, lo irrespetuoso, lo que mancha la dignidad de la República es el suceso y todo lo que se tejió para presentarlo como fake news.
El daño causado por Jenaro Villamil a lo largo de los siete años de la honrosa transformación de los mexicanos, en pobladores de una nación donde la corrupción será desterrada, y a cambio llegarán las libretas de racionamiento, como en Cuba, pero con la certeza de que no afectarán la vida de los líderes y sus familias. Ellos, como debe de ser, continuarán con su vida de prelados de su propia y nada mística religión. Son más voraces que los cardenales.
El hecho de que un par de piernas desatara a los corre ve y dile entre la sociedad y en los medios de comunicación, es muestra de lo hermético del grupo en el poder, por más que se especule sobre controversias y confrontaciones. Adán Augusto López continúa como operador político y corruptor de la oposición.
Ahora la comidilla para distraer a los muy devotos mexicanos después de la Pascua Florida, consistirá en determinar si la dama que asume y presume ser poseedora de esas piernas, dice verdad certificada ante notario, o fue contratada para dar la cara o evitar la vergüenza a una integrante de la familia del poder. Imposible saberlo.
¿Debe tener consecuencias el suceso, y conocerse el anverso de la trama? Es lo deseable, pero no ocurrirá porque hacerlo abre un resquicio para que salga el aroma de podredumbre que cohesiona a la cúpula de esta 4T que sostiene no ser como los otros, porque efectivamente así es, son más codiciosos y vengativos. Lo demuestran las declaraciones de Luisa Alcalde, quien por lo pronto tiene a hermanas en pleno disfrute del nepotismo, que tanto persiguen y denuncian, pero sólo en los de enfrente.
En 1969 inicié mi vida laboral rodeado de voraces víboras del periodismo nacional, pero ahora el panorama es desalentador. Al que no cesan o despiden cubierto de oro, lo callan, por ello son mangoneadoras las ideas y propuestas de Jenaro Villamil y Jesús Ramírez Cuevas, y cada día se hace más difícil conocer un atisbo de verdad.
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Una lectora opina sobre lo que sucede en Palacio Nacional y en Palenque:
Las alianzas criminales de los políticos se convierten mágicamente en actos lícitos bajo la mirada protectora del gobierno, siempre y cuando cada arreglo sucio les reporte ganancias a los superiores en forma de escalera o cascada de moches. Palacio Nacional no es sede de Estado, es corral de piara.
Palenque
López Obrador se quiere convertir en leyenda en vida: en su misterioso retiro donde medita sobre la sabiduría del cómo arruinar a una nación; donde escribe sus reflexiones sobre nuestro pasado histórico que son una deformación pervertida de sus delirios de semidios; que se hace invisible como Dios lo es para que se le adore en su ausencia; que le habla a sus siervos al oído como si fuera el Espíritu Santo para hacer las peores leyes y la maldad; donde vive como santo, de hierbas y miel, al lado del cuartel y del hospital que mandó construir al lado de su casa.
Con su ausencia y silencio públicos cree que está en su proceso de mitificación y mistificación como Osiris, cuando no es más que un millonario de mierda, porque eso es lo que quería este inútil e ignorante, vengarse de los ricos y poderosos que lo veían para abajo; cocinó su odio para convertirse en uno de ellos y, al renegar de su pobreza, quiso también joder a los pobres.
El Rey Rata se esconde en su madriguera creyendo que ya es leyenda sin saber que es el más pequeño pedazo de estiércol que se patea en el camino por haber fingido que amaba al desvalido a quien, desde su posición de poder, hizo todo por joderlo más.
@OrtegaGregorio
