PÍLDORAS DEL LENGUAJE

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Por Pedro Camacho

En aras de la protección de datos personales, hace tiempo que la legislación mexicana, como la de la mayoría de los países, prohíbe calificar como delincuente a un sospechoso, así como hacer públicos los nombres de individuos que aún no han sido declarados culpables por un juez. Esa es la razón de que se cambie el apellido de un detenido o perseguido por la inicial “N.”, aunque se trate de alguien que es de sobra conocido por la gente. También es la causa de que se hable de alguien que se supone cometió un delito como “el presunto delincuente” y no “el delincuente” de manera directa. Sin embargo, en los medios se leen y se escuchan con frecuencia aberraciones como la siguiente: “el cadáver presenta tres heridas porque el presunto asesino le disparó tres veces en la cabeza”. Eso está mal expresado. Quien le disparó fue un asesino, no un “presunto asesino”. Que no se sepa quién es ese asesino es otra cosa. Sin embargo, si al hablar de que alguien fue asesinado se señala a una persona específica, entonces sí que se debe decir “el presunto asesino es Fulano”.

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