Alejandra Munguía Cambrán
⦁ Las constantes revelaciones de los medios extranjeros sobre los nexos de políticos de Morena con el narcotráfico, no sacuden a nadie.
⦁ México tiene el primer lugar en algo.
⦁ ¿EXISTIRÁ ALGUIEN QUE SE DIGA SORPRENDIDO? Nadie debería decirse sorprendido pero si avergonzado, por lo menos a mí si me da penita ajena, leer que el semanario británico The Spectator afirme que López Obrador lleva al menos dos décadas vinculado al Cártel de Sinaloa, lo cual no debería se extrañar a nadie, pues es la única manera para explicarse como el tabasqueño pudo haber financiado sus tres campañas políticas, no hay otra forma más que ilícitamente. Aquí voy a hacer un pequeño paréntesis antes de que se me olvide porque si es de llamar la atención que la presidente Sheinbaum diga que si Ricardo Salinas recibe apoyo de Estados Unidos para lanzarse como candidato a la presidencia eso no puede permitirse por ser inconstitucional, entonces, ¿debería de recibirlo de cárteles de la droga como su antecesor o del narco gobierno de Venezuela como ella?, conste que eso es lo que se dice por ahí y que ha salido a la luz en los últimos días. Retomando lo dicho por el semanario, si algo caracterizó al sexenio de López Obrador fueron sus “abrazos, no balazos”, donde más que una estrategia de seguridad era un trato amable con el crimen organizado. The Spectator señala una serie de episodios que, vistos en conjunto, alimentan una sospecha que ha acompañado a López Obrador desde mucho antes de llegar a Palacio Nacional. Sus siete visitas a Badiraguato —territorio del Cártel de Sinaloa—, pero sobre todo, la liberación de Ovidio Guzmán por órdenes del propio gobierno en 2019, siguen siendo heridas abiertas. Durante seis años, López Obrador negó la magnitud del problema, desacreditó a periodistas (práctica que continúa), minimizó masacres y siempre culpó a los “conservadores”, siendo él siempre la víctima. Hay una verdad absoluta, las revelaciones medios extranjeros no sacuden a nadie, ni a la presidente Sheinbaum, ya que a pesar de las reiteradas publicaciones ella se mantenga ciega y muda. Que The Spectator publique que López Obrador lleva al menos veinte años vinculado al Cártel de Sinaloa a nadie debe extrañar.
⦁ MÉXICO TIENE EL PRIMER LUGAR EN ALGO. Claro, no es para pavonearse, por el contrario, es muy pero muy preocupante, porque el hecho de que México aparezca, no en los primeros, sino en el primer lugar de muerte infantil (con 13.4 defunciones por cada mil nacidos vivos) es de vergüenza ajena. Debajo de él se encuentran nada más y nada menos que Turquía con 9.8 y Chile con 6.5. Los datos que sitúan a México con altas tasas de mortalidad infantil, frecuentemente referidos en comparativas, provienen principalmente de estadísticas de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, principalmente de sus Estadísticas de Salud, así como de estimaciones del Grupo Interinstitucional de las Naciones Unidas (UNICEF, OMS, Banco Mundial). Aunque México ha reducido su mortalidad infantil, reportes de la OCDE lo han posicionado en los primeros lugares dentro de ese grupo de países, según datos referidos en publicaciones de 2026 y análisis de SciELO México. No se trata solamente de cifras, sino de una realidad alarmante por las nulas políticas públicas y abandono normalizado. Para miles de niñas y niños en comunidades indígenas o zonas rurales, solamente hay un futuro: desnutrición, falta de atención médica, carencias en agua potable y servicios de salud colapsados o inexistentes.
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