Oriente Medio aún es zona de guerra desde que Hamás atacó a Israel

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FRANJA DE GAZA.- Han pasado dos años desde la mañana en que Oriente Medio cambió de rumbo. El 7 de octubre de 2023, combatientes de Hamás irrumpieron en territorio israelí, asesinaron a mil 195 personas y secuestraron a 251 más.

La ofensiva desató una respuesta militar de Israel de una magnitud sin precedentes, que transformó no solo la Franja de Gaza, sino el equilibrio político y estratégico de toda la región.

Aquel día interrumpió un frágil periodo de acercamientos: Arabia Saudita negociaba la normalización con Israel, mientras Teherán y Riad ensayaban una distensión que parecía prometer un Oriente Medio menos hostil. Dos años después, esa posibilidad se ha desvanecido. El fuego del 7/10 reconfiguró alianzas, reactivó tensiones sectarias y empujó al tablero regional hacia una nueva polarización.

Desde entonces, el conflicto se ha expandido más allá de Gaza. Israel bombardeó Líbano y Siria, realizó incursiones en Yemen contra los hutíes y, en junio de 2025, enfrentó una guerra relámpago de doce días con Irán, que derivó en ataques estadounidenses contra instalaciones nucleares iraníes. La región vive bajo una lógica de escalada contenida, donde cada tregua es precaria y cada avance militar amenaza con detonar un conflicto mayor.

En el terreno, las cifras reflejan la devastación: más de 69 mil muertos —67 mil 144 palestinos y mil 983 israelíes—, cerca de 170 mil heridos y una Gaza prácticamente reducida a escombros. El 80 por ciento de su infraestructura está destruida o gravemente dañada, según reportes de la ONU y la OMS, que además advierten que al menos 361 personas han muerto por desnutrición a causa del bloqueo.

Israel asegura haber eliminado a casi 20 mil combatientes de Hamás, aunque estudios independientes, como el publicado por Nature, calculan que el número total de víctimas podría superar las 84 mil. En paralelo, 47 rehenes israelíes permanecen cautivos en Gaza, mientras Egipto y Catar median un intercambio por unos mil 700 prisioneros palestinos, bajo el plan de paz promovido por Donald Trump.

El llamado “plan de 20 puntos” del presidente estadounidense busca un alto el fuego acompañado por la creación de una autoridad internacional que administre Gaza, sin participación de Hamás. Washington propone a un panel de garantes encabezado por figuras occidentales, en sustitución de los mecanismos tradicionales de la ONU, en una clara apuesta por relegar al organismo multilateral.

Para el internacionalista Agustín Berea, del Colegio de México, el valor del plan radica menos en su contenido que en su método. “Trump introduce un tercero garante, algo similar a los cascos azules, pero bajo su propio sello político”, explica. “El problema es que sin un Estado palestino viable, el acuerdo solo congelaría el conflicto y perpetuaría la desigualdad estructural que lo alimenta”.

Netanyahu ha apoyado la propuesta, urgido por la presión interna. Dos años de guerra han fracturado a la sociedad israelí: miles de familias reclaman la devolución de rehenes, la economía se ha resentido y los cuestionamientos éticos sobre la conducción del conflicto han dividido incluso a las Fuerzas de Defensa.

En el otro frente, Hamás parece militarmente diezmado, pero no erradicado. Su capacidad operativa se ha reducido, aunque su narrativa de resistencia ha ganado simpatía en amplios sectores árabes y musulmanes. “Hamás no busca derrotar militarmente a Israel —señala Berea—, sino obligarlo a actuar de manera desproporcionada para erosionar su legitimidad internacional. En ese sentido, ha logrado reposicionar la causa palestina”.

Arabia Saudita, que en 2023 se disponía a sellar la normalización con Israel, ha girado hacia la cautela. En cambio, ha firmado un acuerdo de defensa mutua con Pakistán, potencia nuclear. Las monarquías del Golfo, irritadas por el bombardeo israelí sobre Doha, reclaman ahora una revisión del papel de Estados Unidos como garante regional. Washington, atrapado entre su apoyo histórico a Israel y el costo diplomático de ese respaldo, enfrenta una pérdida de influencia inédita.

A dos años del 7/10, Israel muestra un poderío militar indiscutible, pero sufre un aislamiento político creciente. Hamás, en cambio, se aproxima a la derrota militar, pero conserva un triunfo simbólico: revivir la causa palestina y frenar la normalización árabe-israelí que parecía inminente.

El conflicto ha mutado en una guerra de legitimidades. Mientras Gaza intenta sobrevivir a la ruina y los rehenes siguen sin regresar a casa, la región vive bajo la sombra de un fuego que no se apaga. Lo que comenzó como una ofensiva puntual se ha convertido en una larga disputa por el relato, la soberanía y la memoria.
AM.MX/fm

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