La piedra de Sísifo

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Un partido sin cabeza

Por José Luis Camacho

El escritor José Revueltas escribió en 1962 un corto ensayo sobre lo que vivió como militante del Partido Comunista Mexicano (PC) titulado: Ensayo sobre un proletariado sin cabeza que le provocó mayores insidias, expulsiones, purgas  y condenas al interior de los movimientos de una polarizada izquierda mexicana, en esa ansiosa  búsqueda de entenderse infructuosamente en una acción de unidad que le permitiera alcanzar el poder presidencial desde la década de los cuarenta del siglo pasado.

Desde muchos años atrás los grupos de la izquierda mexicana buscaban unirse a través de iniciativas como la Acción Socialista Unificada por ese año de 1946. Lombardistas, socialistas, comunistas, trotskistas pretendían movilizarse y  hacerse del poder a través de dos acciones: ya sea  por la vía entenderse con el gobierno cuando ya el régimen de la Revolución Mexicana había girado a la derecha con el presidente Manuel Ávila Camacho o fortalecer su presencia en el movimiento obrero para formar un gran partido de la clase trabajadora.

La unidad siempre fue su utopía. Vicente Lombardo Toledano proponía un partido amplio con las clases campesina, obrera, pequeña burguesía, una burguesía progresista y nacionalista, mientras Acción Socialista Unificada, que unía a varios grupos socialistas y comunistas,  sostenía la creación de un gran partido revolucionario propio, férreamente organizado, capacitado en el marxismo-leninismo para el estudio de los problemas nacionales, como narra Jorge Alonso.

Las opiniones entre los izquierdistas mexicanos eran encontradas entre  unos y otros  sobre la realidad nacional. Se acusaban  de sectarios-oportunistas al considerar  al gobierno como progresista mientras otros se oponían tajantemente por entreguismos y hasta traiciones.

La historia de la izquierda mexicana está caracterizada por las purgas y expulsiones de sus miembros, no llegaba a ser un partido para ponerse de acuerdo y construir una “verdadera vanguardia política de la clase obrera y del pueblo”.

Vicente Lombardo, quien después fundaría el Partido Popular Socialista, y Valentín Campa, el líder ferrocarrilero;  Hernán Laborde, quien dirigió el PC o Miguel Ángel Velasco, nunca se entendieron; se intercambiaban diversas acusaciones de entreguismos, de ser pequeños burgueses; siempre chocaban en las líneas de acción, los métodos, estrategias y sobre todo por los dogmas.

Revueltas describió en ese ensayo ese fracasado periplo de un movimiento de izquierda socialista siempre arrojado al desastre. Escribió Revueltas: Mientras para el Partido Comunista parece inconciliable que el Gobierno pueda llevar a cabo una evidente aunque muy limitada política nacionalista, junto a una política reaccionaria y anti obrera, abierta y franca, para Lombardo Toledano, en el sentido opuesto, ciertas medidas nacionalistas del Gobierno debían ser consideradas de un modo forzoso como revolucionarias y no pueden explicarse de ninguna otra manera que en esa condición.

De tal suerte, agregó Revueltas,  mientras para satisfacer su esquema el Partido Comunista necesita una “gran burguesía reaccionaria” dentro del Gobierno y un sector de la “burguesía nacional” fuera; para satisfacer el suyo Lombardo necesita una “burguesía nacionalista” dentro del Gobierno y una “burguesía nacional” que sirve al extranjero, desde fuera del aparato gubernativo, el primero, al servicio de una línea sectaria e izquierdizante; y el segundo, de una línea oportunista de derecha.

Para Revueltas estas dos posiciones eran un diálogo de sordos. Para Lombardo la estrategia estaba dentro del gobierno y para el PC esa burguesía nacional  en un frente nacional antiimperialista y antigubernamental fuera del gobierno. “Cada uno, con diferente carnada, ha ido a pescar a una misma e idéntica burguesía revolucionaria, progresista, antiimperialista, susceptible de incorporarse o de formar con ella un frente nacional”.

Hoy cuando los herederos de esa izquierda socialista y nacionalista sin llegar acuerdos políticos y estrategias tras varias décadas de discordias   logró llegar al poder a través de un movimiento llamado de Regeneración Nacional construido por Andrés Manuel López Obrador,  después del fraude de las elecciones presidenciales de 2006,  su futuro puede estar en franca reversa sin su líder constructor y al estar sus élites compuestos por personajes de las más distintitas y disímbolas formaciones sociales y políticas,  viejas y nuevas burguesías.

López Obrador, proveniente de las filas del priismo de los ochentas, logró construir un movimiento sin ser socialista donde dio cabida a lo que Revueltas describió como un diálogo de sordos cuando ambos el lombardismo y el PC buscaban lo mismo, acciones y estrategias que los llevaran al poder para pescar lo mismo.

López Obrador entendió ese diálogo. Ese es el mérito del caudillo que vive un simbólico retiro en su residencia en Palenque: Aprovechar   para llegar a la Presidencia de la República  de lo que Revueltas describió como críticas al lombardismo y al Partido Comunista Mexicano: lograr el poder con esa “única clase consecuentemente democrática y progresista” por  “una  clase que no es el proletariado, sino la burguesía nacional”.

Por ello son previsibles las sabias palabras del senador Gerardo Fernández Noroña, envuelto en otro trance callejero o de cantinas en el Senado de la República por sus educados modales y filosofía personal al abandonar la vida franciscana de la honrada medianía, cuando prevé para el futuro del Movimiento de Regeneración Nacional, un partido del proletariado sin cabeza, una oposición “fuerte dentro de la 4T”.

“Espero que tarde”, dijo lacónico el senador retado a golpes por el líder de un partido como el PRI en total y franca decadencia en otro de esos episodios que ilustran nítidamente la clase política mexicana de este siglo XXI,  carente de un debate de ideas y conocimientos  que honre a unos y otros.

Ha sido un escenario de turbulencias mediáticas por las patéticas comedias representadas en el Congreso, a unos días del primer informe presidencial de la Doctora Claudia Sheinbaum   y cuando ella hace esfuerzos por asegurar la existencia de  una idílica unidad en un movimiento para la segunda etapa de la Cuarta Transformación de la República.

Una unidad que hasta ahora escapa a sus esfuerzos de una unidad con una burguesía indistinta, una timocracia  en el poder  y un aún proletariado sin cabeza surgido de un movimiento que tuvo como objetivo lo que López Obrador logró para el 2018. Un reto superior si ese movimiento despierta en estos años sin cabeza para los largos años que se propone gobernar este Movimiento de Regeneración Nacional inspirado en el ideario de Ricardo Flores Magón, que habría que volver a leer para entender por qué lo  advirtió Fernández Noroña.

 

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