jueves, febrero 27, 2025

La Costumbre del Poder: El compromiso para una revolucionaria como Sheinbaum Pardo debe ser simple

*El mandato constitucional le marca la ruta, el entramado legal y previo a la estulticia de su antecesor, le ofrece los instrumentos, pero no la veo en el ánimo de revertir la sistemática destrucción administrativa de las instituciones y de la identidad nacional, el empobrecimiento de los recursos fiscales y la torcida ideología moral de la 4T

*Adolfo Ruiz Cortines y Adolfo López Mateos guardaron silencio ante los resultados de su represión a los movimientos magisterial y ferrocarrilero; Luis Echeverría nada dijo de junio 10, ni siquiera que lo instrumentó para fumigarse a Alfonso Martínez Domínguez. José López Portillo prefirió expropiar el sistema bancario nacional a aceptar su metida de pata en la administración de la abundancia. Miguel de la Madrid permaneció mudo ante las consecuencias del terremoto, y Carlos Salinas consideró que nada debía explicar sobre el levantamiento (con armas de juguete) en Chiapas

Gregorio Ortega Molina

En política la imagen es ficción útil para construir un mito. Ocasionalmente es un espejo de la realidad, adornada, pero comprobable. Nunca es real al cien por ciento.

     Se empeñaron en vendernos la idea, el perfil de una doctora Sheinbaum Pardo revolucionaria, con el puño en alto, el cabello “afro”, el gesto combativo, lo mismo en Stanford que en la UNAM. Es la presencia de una activista constante, poco inclinada a detenerse en el concepto ideológico y explicar lo que para ella es la revolución permanente, el camino para transformar a México desde abajo, en donde la sociedad, el pueblo bueno y sabio se conduzca con absoluta libertad, sin permanecer sujeto a la autoridad del líder.

     No es así, nunca lo ha sido de esa manera. Hoy, por ejemplo, en qué momento decidió el electorado la reforma al Poder Judicial de la Federación, que en los hechos ya quedó suprimido y sujeto a la voluntad del líder, no de la titular del Ejecutivo. La manera de celebrar los aniversarios de la Constitución y de la Marcha de la Lealtad, nos muestran de qué van los cambios políticos en México, con los pies y la voluntad puestos en la peregrina idea de una república bolivariana a lo Maduro, a lo Díaz-Canel, a lo Andrés Manuel López Obrador. Hoy México avanza en la supresión de un futuro con democracia.

     ¿Puede y debe la doctora Sheinbaum Pardo recuperar para los mexicanos el optimismo, la alegría de vivir, la confianza en las instituciones y en la República? Obvio, y la tarea la tiene fácil si desea transitar a la Historia más que como la primera titular del Ejecutivo, como la mujer que restituyó a sus gobernados la dignidad.

     El mandato constitucional le marca la ruta, el entramado legal y previo a la estulticia de su antecesor, le ofrece los instrumentos, pero no la veo en el ánimo de revertir la sistemática destrucción administrativa de las instituciones y de la identidad nacional, el empobrecimiento de los recursos fiscales y la torcida ideología moral de la 4T.

     Y no se trata de su condición femenina. Sí de audacia y falta de capacidad en el conocimiento del carácter de las personas con las cuales ha convivido y considera como sus mentores. En fin, sorpresas ocurren.

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Puntualizaciones a mi opinión sobre Gustavo Díaz Ordaz

Mi amigo Humberto Musacchio escribe:

Querido Gregorio:

El Chacal Díaz Ordaz dijo lo que dijo porque se sabía inmune y que sería impune, y lo fue. Por favor no trates como héroe a quien ordenó la matanza de Tlatelolco y otras menos célebres. Ofendes a toda la generación a la que pertenezco.

¿Le di tratamiento de héroe? Intenté dejar asentado que cumplió con su responsabilidad constitucional, nunca fue mi deseo darle otra dimensión. Escribí: En medio de las consecuencias y cruentas decisiones que terminaron el 2 de octubre de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas, Gustavo Díaz Ordaz asumió -en su Informe de gobierno de 1969- la responsabilidad histórica, política, de los sucesos, por ser leal a la República, al mandato constitucional. Hoy, y durante todo el México surgido de la Revolución, no ha habido otro político que asuma las consecuencias de sus actos, porque es el pueblo, el México bueno y sabio, el que determinó que así se den los hechos.

     Adolfo Ruiz Cortines y Adolfo López Mateos guardaron silencio ante los resultados de su represión a los movimientos magisterial y ferrocarrilero; Luis Echeverría nada dijo de junio 10, ni siquiera que lo instrumentó para fumigarse a Alfonso Martínez Domínguez. José López Portillo prefirió expropiar el sistema bancario nacional a aceptar su metida de pata en la administración de la abundancia. Miguel de la Madrid permaneció mudo ante las consecuencias del terremoto, y Carlos Salinas consideró que nada debía explicar sobre el levantamiento (con armas de juguete) en Chiapas.

     Gustavo Díaz Ordaz al menos se reconoció asesino y represor, con inmunidad e impunidad, pero aceptó lo que es.

     Posiblemente mi percepción sea equivocada Humberto, pero todos los demás decidieron guardar silencio ante sus crímenes de Estado.

www.gregorioortega.blog                                            @OrtegaGregorio

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