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abigail 2CIUDAD DE MÉXICO, 23 de noviembre (Al Momento Noticias).-Ataviada con  un vestido de color chillante, rebozo al hombro y una trenza que denota su enorme cabellera, la originaria de Teotitlán del Valle, Oaxaca, ha llevado la comida zapoteca como el chocolate atole, el nicoatole, la segueza, organillo de nopal, las tlayudas y los tamales de mole amarillo, a países como Francia, Estados Unidos y España.

Abigail Mendoza desde niña se adentró en la cocina, en ella a la edad de cinco años comenzó a preparar la molienda para el metate, a los siete años ya podía moler el maíz para hacer las tortillas a mano, y a los 12 ya preparaba las tlayudas, las memelitas de lengüita y las tortillas de chocolate.

El interés de Abigail por los olores, especias, colores y sabores de la comida la llevó a adentrarse a las comidas más complejas como la segueta, el organillo de nopal grueso y las sopas de frijol, de ejote y elote.

Su restaurante llamado Tlamanali fue inaugurado en 1990 y para 1993 fue considerado por el diario The New York Times como uno de los 10 mejores del mundo.

En 2005, Abigail llevó a París el chocolate atole, bebida prehispánica hecha a base de maíz, trigo o arroz y sus combinaciones, además de canela, endulzante, cacao negro y cacao blanco pataxtle que se compra en Chiapas. Ella lo bautizó como “capuchino oaxaqueño” durante un congreso gastronómico en Monterrey.

Representó a México ante la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), en París, cuando se postuló a la comida mexicana como candidata a ser patrimonio oral e inmaterial de la humanidad, lo cual se logró en agosto de 2010.

Sirvió el chocolate atole junto con el nicoatole (la gelatina oaxaqueña), como postre, y contribuyó así a que la comida tradicional mexicana fuera considerada por la UNESCO como “modelo cultural completo, que comprende actividades agrarias, prácticas rituales, conocimientos prácticos antiguos, técnicas culinarias y costumbres, y modos de comportamiento comunitarios ancestrales”.

La mujer zapoteca constantemente defiende la comida de su tierra y sin tapujo señala: “Hay que sentirnos orgullosos para poder enseñar a la gente y que nuestra dieta sea como la de nuestros antepasados, sana, sin tantos condimentos, lo más natural”.

AMN.MX/ymg/bhr

 

 

 

 

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