SIN LÍNEA: El infierno de otro cura pederasta protegido por el Clero y autoridades

0
627


José SÁNCHEZ LÓPEZ

LA falta de interés por proteger a los menores abusados por curas pederastas, se hace más evidente cada día.

Un trabajo de la periodista SANJUANA MARTÍNEZ, del diario La Jornada, señala que los sacerdotes perversos no sólo son protegidos por altas autoridades del Clero, como el cardenal NORBERTO RIVERA CARRERA, según señalamientos, sino por políticos y funcionarios de Guanajuato (uno de los estados más católicos del país), que mantienen congeladas un sinfín de denuncias.

PEDRO GUTIÉRREZ FARÍAS, es el cura que desde hace los menos 10 años, conforme a expedientes judiciales, ha abusado de infinidad de menores de ambos sexos, en complicidad con su ayudante LEANDRO MARTÍN BERMÚDEZ ARMENTA, las monjas HORTENCIA JIMÉNEZ CRUZ, XÓCHITL CHÁVEZ SÁNCHEZ y ESMERALDA DE JESÚS GUTIÉRREZ, así como SONIA CARLOTA PÉREZ MALPICA, titular de la Notaría Pública número 6 en Salamanca, Guanajuato.

El infierno padecido por 600 pequeños, aproximadamente, en seis albergues: tres en Salamanca, y los otros en Irapuato, Moroleón y Morelia, están plasmados en la averiguación previa IV-B/144/2016 de la procuraduría guanajuatense y fue posible conocerlos luego que KARLA MARÍA MACÍAS OLVERA, juez Noveno de Distrito en Guanajuato, negara un amparo a los acusados, que se niegan a entregar a los menores a sus padres y todavía pretendían ampararse.

En la sentencia se ordena al Ministerio Público la investigación y pronta presentación del sacerdote, las monjas y los demás implicados.

El modus operandi del cura abusador, consistía en que niñas y niños, menores a 12 años, jugaran al “papá y a la mamá” con él. Su asistente, era el encargado de sacar a los pequeños de sus dormitorios, elegidos previamente por PEDRO, para llevarlos hasta su cama y después regresarlos.

Las agresiones van desde golpizas a palos, abuso psicológico y sexual, violaciones, lesiones graves, desnutrición, luego de encierros de una semana, quemaduras y otras atrocidades, como el desaparecer a niñas que resultaban embarazadas, lo mismo que al bebé si llegaba a nacer.

Las monjas se encargaban de los castigos, similares a los del albergue “La Gran Familia”, de “Mama Rosa”, en Zamora, Michoacán.

La notaria SONIA CARLOTA, era quien elaboraba y recababa las firmas de las “actas de ingreso”, en las que incautos o indiferentes padres, cedían la custodia y la patria potestad de sus hijos a favor del cura PEDRO, teniendo como testigos a las monjas.

Uno de los puntos del ilícito “contrato”, estipula que las visitas serán cada seis meses, sólo durante 15 minutos y libres de coacción, violencia, dolo, mala fe y, sobre todo, que entendían claramente las consecuencias del acto.

“Cedo la custodia y patria potestad del menor por siempre jamás”, reza una de las cláusulas.

Una adolescente de 13 años, con síndrome de Down, llegó a presentar himen con desgarres y bordes cicatrizados, lo que se establecía una desfloración de años atrás.

Algunos testimonios de los menores afectados, son:

“El padre es cariñoso con las mujeres, pero medio jotillo con los hombres, porque nos mete la mano por las nalgas debajo de la ropa. A mí me ha querido meter la mano, pero yo no me dejo, porque me quito y él se enoja”.

 “Hace mucho mi compañera de seis años, me enseñó sus manos: las tenía quemadas con ampollas. Me dijo que se las habían puesto en un comal caliente en la estufa, no me contó quién, pero fue porque robaba comida”.

“En el dormitorio de niñas hay un cuarto donde las encierran y las dejan sin comer muchos días”.

“A mí no me gustar estar aquí, porque la madre Hortensia nos pega con un palo en las manos y en los pies, por donde tengo mis rodillas”.

“Mi papi (el cura) me hace cosquillas o me da nalgadas. A mí no me gusta pero a todos nos da nalgadas, hasta las grandes y si no, nos llevan al cuarto”.

 “Martín me dijo que el padre quería hablar conmigo. Cuando llegué empezó a meter su mano en el cierre de mi pantalón. Yo grité, le dije que no y pude zafarme, pero Martín entró y me dio un golpe con el puño cerrado. Me tiró y el padre me dijo: ‘Aquí se hace lo que yo quiera’”. Me siguió pegando y pateando. Luego me llevó al dormitorio donde mi hizo cosas y muchas veces iba Martín por mí”.

“Yo vi a algunas de mis amigas que estaban gorditas, como esperando un bebe, pero luego ya no las vi, no sé si se irían, pero algunas compañeras decían que las habían desaparecido”.

RAYMUNDO SANDOVAL, director del Centro de Derechos Humanos de Niñas, Niños y Adolescentes en Guanajuato y JUAN MARTÍNEZ PÉREZ GARCÍA, director de la Red por los Derechos de la Infancia en México, coinciden en señalar la lentitud y el silencio cómplice de las autoridades estatales, municipales y federales, que desnudan el nulo sistema de atención que México tiene a su niñez. ***LO QUE LOS PEDERASTAS PIERDEN DE VISTA, ES QUE SUS VÍCTIMAS SUFREN POR SIEMPRE SUS ABUSOS.***AU REVOIR.

                                                                                     joebotlle@gmail.com                                   

Comentarios

comentarios