Reportaje especial NAIM: Consecuencias ecológicas

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Vista Lago de Texcoco hacia construcción NAICM.

 

Con la idea de crear un parque ecológico que generaría empleos, preservaría especies, regeneraría el agua y le daría un nuevo respiro ambiental a todo el Valle de México, más de 100 ejidatarios vendieron sus tierras imaginando que años después su patrimonio cultural y natural estaría asegurado.   

Pero el uso de sus tierras cambiaría de proyecto, pues ya no habría un parque ecológico, en su lugar se levantarían muros, vallas y pistas. La última gran obra del presidente Peña Nieto sería el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.

Además de los fines no aclarados en su totalidad sobre la compra de esas tierras, la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM) provocará daños ambientales irreversibles para toda la región.

El lugar donde actualmente se está realizando la construcción del NAICM es el mismo que muchos años atrás fue uno de los principales destinos de los grupos migrantes del norte de Mesoamérica.

 

El plan Lago de Texcoco comenzó en 1912 cuando la Secretaría de Fomento, Colonización e Industria declaró que el lago, situado entre el Distrito Federal y el Estado de México, era de jurisdicción federal. Hasta 1932 se continuaron las obras de desecación de la zona lacustre.

Para 1965 los ingenieros mexicanos Nabor Carrillo y Gerardo Cruickshank comenzaron un proyecto para salvar el lago y resolver el problema de las inundaciones, abastecer de agua a la zona metropolitana, recargar los acuíferos y limpiar el aire.

Más tarde un grupo de arquitectos, urbanistas, ingenieros, filósofos, políticos y biólogos mexicanos emprendieron Ciudad Futura, proyecto que crearía un enorme polo de desarrollo abarcando toda el área metropolitana y la zona centro del país para generar un sistema de lagos interconectados por infraestructuras urbanas. 

Para llevar a cabo el plan Lago de Texcoco la primera jugada sería la adquisición de predios.

Por otra parte, la alta demanda que tenía el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) hacia los años 90 iba cada vez más en aumento, por eso durante el gobierno de Fox se optó por darle al entonces Distrito Federal una nueva puerta de acceso.

El proyecto quedó al aire y gracias a presiones del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, se decidió que era mejor crear la Terminal 2 del Aeropuerto Benito Juárez, y así se hizo. Ciudad Futura no prosperó y se quedó en un ejercicio que demostraba que la zona lacustre de Texcoco podía ser rescatada. Hasta ese entonces el movimiento campesino había ganado.

Todo marchaba bien hasta que en 2014 el Presidente Enrique Peña Nieto anunció en su segundo informe de gobierno un nuevo proyecto. Se trataba de un aeropuerto grande que mejorará las carencias del viejo aeropuerto Benito Juárez. Pero para hacerlo necesitaba un espacio.

Peña Nieto anunció que tenían terrenos federales refiriéndose a las mil 700 hectáreas que la Comisión General del Agua (Conagua) había adquirido años atrás para fortalecer la vocación reguladora del lago de Texcoco frente a la temporada de lluvias en el Valle de México. Pero José Luis Luege Tamargo, director del organismo administrativo, negó que se hubiesen comprado para construir un nuevo aeropuerto.

Así se consolidó la alternativa de un segundo aeropuerto que estará ubicado en los terrenos del lago seco de Texcoco (4 mil 430 hectáreas) en la zona Oriente de la CDMX y una parte del Estado de México. Se encuentra a 25 kilómetros del Centro de la CDMX, es decir, de 50 minutos a 1 hora de distancia con tráfico moderado.

A través de un estudio hecho por la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad en 2015 se denunciaron irregularidades de impacto ambiental catastrófico que empiezan con el hundimiento del terreno a un ritmo acelerado de 21 a 30 centímetros por año, el desabastecimiento de agua por la urbanización de la zona, la destrucción del hábitat y el daño a las tierras por los gases de efecto invernadero.

 

 

EL HUNDIMIENTO

Como respuesta a estas afectaciones, ambientalistas y antropólogos han demandado a las autoridades federales que detengan a las mineras que sacan tezontle de las faldas de los cerros del oriente de la entidad antes de que los daños al ecosistema sean irreversibles. Aseguran que la obra no tiene manera de sustentarse al ser construida sobre una superficie pantanosa. Las visiones preliminares dicen que el NAICM se hundirá.

El tezontle es una piedra roja de origen volcánico que las mineras extraen de las laderas de los cerros, volcanes o depresiones del oriente del Estado de México. El espacio donde se pretenden construir las pistas requiere de aproximadamente 63 millones de metros cúbicos de este material.

Empresas como Grupo México, Ingenieros Civiles Asociados, Coconal y Grupo Carso, de Carlos Slim, son las encargadas de extraer el material de los cerros ubicados al sur del Valle de Tizayuca, al norte de la zona arqueológica de Teotihuacán, alrededor del denominado Cerro Gordo.

Ante el acto los comuneros de Texcoco y San Salvador Atenco, especialmente los municipios de San Martín de las Pirámides, San Juan Teotihuacán y Temascalapa se ven severamente afectados porque las obras del NAICM no parecen detenerse contra la destrucción de los cerros y los sitios arqueológicos de la región.

Los habitantes apenas reconocen los viejos caminos por los que solían caminar. Algunas viviendas cercanas a la colina ya no existen.

De acuerdo a reportes del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), la CDMX se hunde aproximadamente 10 centímetros al año, pero en la zona Oriente se hunde entre 30 y 40 cm debido a que hay mayor cantidad de arcilla en la tierra, además de los nueve ríos que atraviesan la zona.

Para reducir los riesgos del hundimiento del NAICM se pensó estratégicamente en el megaproyecto hidráulico que debería trabajar sanando los nueve ríos a través de 24 plantas de tratamiento.

 

 

EL AGUA NO SE RECUPERARÁ 

De acuerdo con una investigación publicada por la revista Forbes México, la Ciudad de México está catalogada internacionalmente como una de las ciudades con mayor riesgo a quedarse sin agua potable.

Desde hace ya mucho tiempo se ha reconocido que la recuperación del área hidrológica del Lago de Texcoco es es una prioridad para lograr el restablecimiento del equilibrio hídrico de la cuenca ¿No resulta la construcción de un aeropuerto sobre el lago incompatible para atender los problemas de fondo de manejo y aprovechamiento del agua?

Las estimaciones indican que el aeropuerto generaría un crecimiento urbano acelerado en toda la zona oriente, una zona que actualmente sufre por desabasto de agua y sobreexplotación de acuíferos. Hasta hoy, no existe certeza de la fuente de la que se obtendrá agua potable para el aeropuerto, la aerotrópolis y el crecimiento urbano asociado.

Por otro lado, Fernando Córdova Tapia, especialista del Grupo de Análisis de Manifestaciones de Impacto Ambiental de la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad, aseguró en entrevista para Sinembargo que “La intención de construir un aeropuerto sobre el Lago de Texcoco es una de las peores ideas que se han tenido en esta cuenca por más proyectos de compensación que hagan. Estamos perdiendo la última oportunidad de que esta ciudad tuviera agua en el futuro mediante los proyectos de recuperar el lago”.

 

 

¿EN DÓNDE SE REFUGIARÁN LAS AVES?

Los daños no se limitan a la escasez futura del agua. también se está orillando a diversas especies de aves a migrar, adaptarse a hábitats diferentes y luchar para evitar su extinción.

El Lago Nabor Carrillo es uno de los principales receptores de aves migratorias del centro de país que utilizan el área con fines de reposo, alimentación, formación de parejas y reproducción. De acuerdo con los datos del monitoreo del Grupo Aeroportuario –encargados del proyecto- tan sólo en febrero de 2018 se registraron más de 330 mil aves en la región, de las cuales 310 mil, es decir,  el 94 por ciento, pertenecen a la familia de los patos, los cuales son considerados altamente riesgosos para la aviación.

Se calcula que por año el lago alberga a unas 150 mil aves acuáticas.

Por lo anterior, el sitio fue declarado Área de Importancia para la Conservación de las Aves (AICA) en 1996 por Cipamex (Sección Mexicana del Consejo Internacional para la Preservación de las Aves) y también fue designado como Sitio de Importancia Global para las Aves Playeras por la Red Hemisférica de Reservas para Aves Playeras.

Asimismo, el Lago de Texcoco forma parte de una serie de pequeños cuerpos de agua de la Cuenca de México que en su conjunto son reconocidos por la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio) como una Región Hidrológica Prioritaria para México (Remanentes del Complejo Lacustre de la Cuenca de México).

Estimando que la construcción del NAICM se realice, uno de los mayores temores que se tiene es el cruce de las aves migratorias que llegan al lago Nabor Carrillo y las rutas aéreas, pues podrían causar diferentes accidentes, además de que en el estudio Impacto y repercusiones del NAICM, del investigador Jesús Flores Hernández de la UNAM, se detalla que de las 250 especies de aves que habitan en el vaso de Texcoco, 12 están en seria amenaza, 11 más se hallan en la lista de protección especial, 47 se encuentran en la lista de la Red Hemisférica de Reservas Para Aves Playeras, nueve tienen baja población y nueve más son vulnerables ante la pérdida de su hábitat.

Debido a que el Grupo Aeroportuario de la Ciudad de México dijo que por motivos de seguridad no era posible mantener ningún cuerpo de agua en las inmediaciones del Nuevo Aeropuerto, se decidió secar los mantos que hay alrededor y en su lugar crear otros artificiales a una distancia considerada del proyecto.

¿Las propuestas suenan viables para la conservación del hábitat?

 

 

CONTAMINACIÓN Y LOS GASES DE EFECTO INVERNADERO

Sumado a los problemas ecológicos que la construcción del NAICM provocaría en todo el terreno y sus alrededores se agrega el de los niveles de contaminación que aumentarán debido al tráfico aéreo.

Tan sólo en 2014 el AICM emitió 1 millón 612 mil 124 toneladas de dióxido de carbono, equivalente a 4 mil 416 toneladas diarias. “Solo el aeropuerto de la ciudad emite gases contaminantes equivalentes al 50 por ciento de lo que contamina todo el parque vehicular completo de Ciudad de México al día” reveló el arquitecto de la UNAM,  Jesús Flores, quien además considera que la cantidad de contaminantes que se emiten en la Zona Metropolitana del Valle de México incrementará por lo menos un 17 por ciento.

Si bien la contaminación por CO2 puede ser mitigada por medio de la reforestación, esta debería hacerse en las inmediaciones del proyecto para que funcione como amortiguador y para que capture el carbono en donde se está generando. Pero actualmente no existe un lugar a los alrededores de lo que sería el nuevo aeropuerto que cuente con las dimensiones requeridas tomando en cuenta los niveles de contaminación promedio de los aeropuertos.

Además “Vamos rumbo al incremento de más de dos grados centígrados en la temperatura global del planeta; estamos saturando aún más de gases de efecto invernadero, no cumplimos los estándares de la Organización Mundial de la Salud ni lo que recomiendan las normas mexicanas” comenta Flores, quien participó en un foro sobre el tema en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), Xochimilco.

Los aeropuertos son una de las mayores fuentes de contaminación del aire en cualquier ciudad del mundo, es por eso que se recomienda que estén alejados de los centros urbanos.

 

 

Ante los muchos casos de análisis e investigación que se han realizado hay quienes argumentan que si se han tomado en cuenta las problemáticas antes mencionadas, como el doctor Héctor Mayagoitia, titular de la Coordinación Politécnica para la Sustentabilidad del Instituto Politécnico Nacional (IPN), quien dice que la construcción del NAICM debe destacar por su equidad entre el desarrollo económico-social y el cuidado del medio ambiente, y señala que se han cumplido las 100 condicionantes del impacto ambiental en la construcción del aeropuerto pero la comunidad científica, pero quienes ha participado en la elaboración de diagnósticos sobre este megaproyecto no están de acuerdo.

Por otra parte, Carolina Velázquez Mendoza, quien es parte del proyecto MÉXICO SOSTENIBLE ha demostrado que las certificaciones en cuanto a sostenibilidad que se han presentado son una fabricación, pues no cumplen con los estándares y con su propósito.

En la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) del proyecto del NAICM, se establecen las prácticas sustentables que equilibren los aspectos económicos, ambientales y sociales de desarrollo, uno de los compromisos establecidos, es la adopción de los Principios de Ecuador, que son guías que rigen las acciones en la gestión de los temas antes mencionados, así, “las instituciones financieras se comprometen a dar préstamos únicamente para proyectos que adopten ciertos procesos y que aseguren ejecutarse de manera social y ambientalmente responsable”.

Pero hoy con pesar reconocemos que los principios no se han acatado, pues uno de ellos dice que las instituciones financieras exigirán que el cliente lleve a cabo un proceso de evaluación para abordar los riesgos e impactos ambientales y sociales relevantes del proyecto, acción que aún no se realiza en su totalidad.

La evaluación debe proponer medidas para minimizar, mitigar y compensar los impactos adversos de manera pertinente y adecuada conforme al proyecto pero las cartas siguen sobre la mesa, donde muchos quieren regresar la jugada después de dar el primer tiro pero nadie quiere abandonar el juego.

 

 

AM.MX/vgs/rm

 

 

 

 

 

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