RÁFAGA: Fulminada la partidocracia y… ¿ahora qué?

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Jorge Herrera Valenzuela

La arrasadora victoria que obtuvo Andrés Manuel López Obrador es una auténtica carambola de cuatro bandas, dicho en términos de “El Peje”, fue una batazo de cuatro esquinas, un vuelacercas, un grito de “se vaaa, se vaaaa, se vaaaaa… ¡se fue!”. Desde los días en que el sonorense Plutarco Elías Calles homogenizó la política mexicana, juntando a todos los grupos que participaron en el movimiento armado de 1910, es hasta ahora cuando izquierdas, derechas, centristas, católicos, masones, evangélicos, etc., acudieron a las urnas, “coronaron” al hombre que recorrió el país, visitando los poblados más lejanos y abandonados, cautivando a todos y ellos le respondieron positivamente.

Estoy seguro que el propio tabasqueño no esperaba una victoria de tal tamaño. Andrés Manuel no dudaba que lograría llegar a la Presidencia de México, pero no pensó en que pulverizaría a los seis partidos políticos que jugaban contra él. Nunca un candidato presidencial había recibido el apoyo de más de 24 millones de electores. La gente espera que queden en el pasado los días del autoritarismo gubernamental, del régimen unipartidista, pero parece que vamos camino al tan criticado  presidencialismo, caracterizado por las imposiciones del Jefe del Ejecutivo Federal.

Bueno, la pregunta salta inmediatamente: ¿Ahora que viene? El 1 de diciembre de 2018 asumirá la Presidencia de la República un hombre superpoderoso políticamente. Tres meses antes habrán iniciado su labor los senadores y los diputados federales, mayoritariamente respaldados por Morena, un partido político fundado apenas hace 4 años. Todos los mexicanos, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, esperan que ahora sí haya un cambio radical en el gobierno federal, sin afectar a las familias al sacar de la Ciudad de México a las dependencias federales.

Al comentar que uno de los efectos más significativo del resultado registrado en las urnas electorales, está representado en el rechazo de la ciudadanía a los partidos políticos, cuyas dirigencias nacionales, estatales y municipales, fueron incapaces de demostrar la fuerza que siempre pregonaron. Concretamente me refiero al Revolucionario Institucional, al de la Revolución Democrática y al de Acción Nacional que, ni con alianzas o coaliciones, pudieron ganar, salvo los panistas que siguen posesionados de Guanajuato.

TODOS PARA EL ARRASTRE

Hasta este julio de 2018, nueve partidos políticos tuvieron su registro y millonarias prerrogativas otorgadas por el Instituto Nacional Electoral, por disposición de la respectiva ley. Dos no alcanzaron el mínimo de porcentaje y serán dados de baja, se les acabó el negocio, aunque continuarán figurando con sus senadores y diputados en el Congreso de la Unión. Por ejemplo a los dirigentes del Partido Encuentro Social no les dolerá perder su registro, pues disfrutarán de 55 curules y 8 senadurías: ese es su premio por haberse ligado con López Obrador.

Los más alicaídos son los del Partido Nueva Alianza, el nada famoso Panal, que fundara en sus días de gloria y poder la profesora Elba Esther Gordillo Morales. Ella está en arresto domiciliario, bajo procesos paralizados porque de plano no encuentran pruebas contra ella. Es la única presa política, por haberse enfrentado al presidente Enrique Peña Nieto, quien le dio alas a la CNTE y luego se cobijó con el SNTE. Bueno, el caso es que el Panal se quedará sin la rica miel que reparte mensualmente el INE, porque no llegó al 3 por ciento de la votación global.

Por ahora el negocio familiar denominado Partido Verde Ecologista de México y el Movimiento Convenenciero (¿o Ciudadano?) parece que seguirán en la nómina del INE. Por cierto el MC no podrá presumir que ya tiene un gobernador, pues Enrique Alfaro Ramírez, el futuro gobernador de Jalisco, ya “se deslindó” de Dante Delgado Rannauro. Por su parte el salinista Partido del Trabajo se mantiene como apéndice de Morena.

Donde el duelo es mayúsculo, con crespones gigantes de color “negro-obscuro” (colocados en las fachadas de sus edificios), es en las sedes del PRI, del PAN y del PRD. Eran “los tres grandes”, “el trío fuerte”, los dueños de la verdad política, los sostenedores de una infame partidocracia que nació allá por el comienzo del año dos mil y se agigantó en el sexenio peñanietista. Los tres desaparecieron del mapa en este domingo 1 de julio; PRI y PAN se mantienen con 12 gubernaturas cada uno, mientras que el PRD se quedará con Michoacán, cuyo gobernador simpatizó con José Antonio Meade.

Los seguidores de Morena dieron el triunfo a los que serán gobernadores de Morelos, de Veracruz, de Tabasco, de Chiapas y de la Ciudad de México. ¿Cómo lo será y que hará el exfutbolista Cuauhtémoc Blanco Bravo?, pobres morelenses después de tener al corrupto Graco Luis Ramírez Abreu Garrido. Tristeza veracruzana en la familia Yunes, porque perdieron jarochilandia. Tabasco y la Capital del País fueron desde 1997, del PRD. En Chiapas el traidor Velasco Coello, ex de Anahí, dejó colocado, en la gubernatura, a uno de los suyos al aliarse con el dueño de Morena.

PREGUNTA PARA MEDITAR:

¿Resucitarán las apabulladas fuerzas políticas priistas, panistas y perredistas, para competir en las intermedias de 2021

jherrerav@live.com.mx

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