LIBROS DE AYER Y HOY: El cambio, crónica de muchos instantes

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Teresa Gil

laislaquebrillaba@yahoo.com.mx

 

Escribir de la realidad diaria, es más complejo de lo que parece, ¿a que parte de esa realidad tiene uno que referirse si hay miles de temas abiertos? Si no se compite por la primicia, el que escribe puede abordar un tema que ocurrió hace 45 meses como el de los 43 de Ayotzinapa, que sigue siendo vigente porque no se ha resuelto. Y aún cuando las cosas se resuelvan, pueden ser cuestiones paralelas, ejemplos a seguir o lecciones que hay que recordar. Los libros ponen el ejemplo de que la historia se repite o que sus temas son símiles que pueden traerse a colación. Un analista Miguel de la Rosa, escribió de la debacle del PRI hace unos días en  SDP  y dio como ejemplo tres libros, Rebelión en la granja (George Orwell), La rebelión de las masas ( José Ortega y Gasset) y La rebelión  de los colgados (B runo Traven). Los autores son  fuente inagotable que el analista, cronista, articulista o como se llame, puede tomar como punto de partida para advertir que las ideas, como sostenía el poeta de Stratford- upon-Avon, son  universales cuando se han lanzado al viento -siempre que no sean copia-, y enriquecen al mundo. Con la modestia que se asume en un entorno de gente experimentada, conocedora y en muchos casos profunda y culta, inicié en 2014  mi crónica Libros de ayer y hoy, para tratar de vincular los símiles librescos a las cosas que pasaban y pasan. Han sido casi cinco años de libros leídos -mas los que uno viene arrastrando-, de autores comentados y de ejemplos que a veces solo tenían el título, una frase, la época o la posición del o de los autores. Ha sido una bonita actividad.

 

Antes era muy fácil ir a las hemerotecas y buscar en la colección  archivada lo que se quería recuperar. Yo encontré casi mi libro completo La falda corta escrita en Sonora, en la Hemeroteca Nacional, con títulos de adolescencia que había  publicado buena parte en 1958 y 1959. Después la información  se digitalizó y fue más difícil  copiar u obtener fotografías. La tecnología hace posible en estos tiempos archivar los trabajos y aunque está a la orden el libro digital, siempre existe la tentación del libro impreso, el que se hojea, el que se dedica, el que se regala a los amigos. Y desde luego el que se vende. Escoger un tema y relacionarlo con  un libro,  no solo tiene el propósito de comentar lo que pasa -también se hacen crónicas sobre sucesos de  otros países-; está el otro propósito fundamental: estimular la lectura con la promoción del libro y uno más, rescatar a viejos autores, algunos ya olvidados, traer al tema a los famosos y mencionar a los  nuevos escritores  y el alcance de sus obras. Todo en el  nivel que uno puede alcanzar, si se parte de que pese a la aglomeración  informativa y a los millones de internautas, hay redes, portales noticiosos destacados y de alto  nivel que las publican. Están además las ediciones impresas.

 

CRONICA DE MUCHOS INSTANTES. LA REALIDAD SECCIONADA EN UNA SOLA

 

Me gustó el subtítulo de Farabeuf de Salvador Elizondo, Crónica de un instante y en mi séptimo libro lo pluralicé como título. Podrá ser en el futuro un subtítulo pluralizado con un título principal en la recopilación  de las crónicas escritas. La selección se hizo al azar porque todo lo que pasa en México se relaciona y está vinculado. En esta edición que diseñó Aglae Teresa Abreu con la portada de Mariela Carmona, se publican 63 crónicas y si se lee el índice,  se verá la cercanía que existe entre Familias disfuncionales, Con la iglesia hemos topado, De escarlata y púrpura, La familia según los curas o La casa roja -para cambiar  el color-, Genuflexión, Lo que resiste apoya, La revolución mutilada, solo para dar  unos ejemplos. Los temas son muchos y variados. El trabajo de los escritores independientes que publican sus libros con  esfuerzo propio, es casi artesanal, uno escribe, está pendiente  del profesional del diseño, se auxilia de jóvenes talentosos que pintan y dibujan como es el caso de la jovencita Mariela Carmona o del joven pintor Rodrigo Aridjis, autor de las portadas de mis otros libros. Es una aventura que tiene muchos placeres y que finalmente converge en una sola cosa: matizar la realidad por escrito revisando las letras que otros engarzaron, para ofrecer multitud de  propuestas en una sola: Crónica de muchos instantes.

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