LA COSTUMBRE DEL PODER: Saña

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Gregorio Ortega Molina

Hannah ArendtLa saña está en relación directa con el mal. Creo que Hannah Arendt esquivó el fondo lógico del problema, al calificar de banalización el resultado de sus observaciones durante el juicio a Adolf Eichman. Debió calificarlo de burocratización.

Dañarse física y anímicamente entre seres humanos, nada tiene que ver con lo diabólico, tampoco con la estulticia ni la animalidad. El mal es un asunto entre hombres y mujeres, entre poderosos y débiles, entre tontos e inteligentes, entre creyentes y agnósticos, entre necesitados y sobrados, entre sanos y enfermos. Es, quizá, parte inherente a lo establecido por la ingeniería social determinada por las relaciones entre el Estado y los gobernados.

La violencia de los crímenes, lo cruento del resultado, eran ajenos al México previo a la integración comercial y a la globalización. El rastro de sangre dejado por la delincuencia organizada y el Estado, muestra la modificación del comportamiento asumido por los criminales y las autoridades. De allí que no deba sorprendernos lo ocurrido en Ciudad Juárez, donde un grupo armado asesinó a ocho integrantes de una familia: dos niñas de cuatro años de edad, un niño de seis, tres mujeres y dos hombres adultos, supuestamente por el cobro de una apuesta.

Escriben los periodistas que los asesinos rompieron las chapas e ingresaron a la casa para asesinar a la familia con armas blancas; ningún cuerpo tiene impactos de bala.

El uso del puñal, cuchillo o navaja implica saña, cercanía entre la víctima y el victimario, quizá impulsado por la necesidad siempre insatisfecha de producir daño y gozar al hacerlo.

Los cadáveres estaban atados de pies y manos, la boca cubierta con cinta adhesiva gris, similar a la que utilizan integrantes del crimen organizado para inmovilizar a sus víctimas; testimonios recabados por la policía, aseguran que los cuerpos fueron descubiertos debido a que un grupo de Testigos de Jehová, fue a la casa de la víctimas porque no llegaron a los servicios religiosos, como era su costumbre.

No dan el detalle de las veces que fue apuñalada cada una de las víctimas, tampoco si hay indicios de tortura o abuso sexual, pero el hecho de que los criminales usaran puñales, indica que, además de matar, necesitaron infligir daño, maltratar, herir, humillar, para hacerlo un asunto personal, como puede serlo la obligación de pagar una apuesta de juego, porque en cobrarla va el honor, según ellos.

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AMN.MX/gom

 

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