LA COSTUMBRE DEL PODER: De Genaro Estrada a Luis Videgaray

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Gregorio Ortega Molina

 

*Existió el mexicano Genaro Estrada, creó una doctrina que enorgulleció a México y fue modelo de diplomacia para el mundo, pero hoy eso no interesa. Lo que importa es acelerar la integración del país a EEUU

 

 

En el Decálogo del periodista de Camilo José Cela se anota: “No ensayar la delación, ni dar pábulo a la murmuración ni ejercitar jamás la adulación: al delator se le paga con desprecio y con la calderilla del fondo de reptiles; al murmurador se le acaba cayendo la lengua, y al adulador se le premia con una cicatera y despectiva palmadita en la espalda”. Lo mismo puede aplicarse a los políticos que venden a sus gobernados y traicionan a su patria.

El 29 de mayo falleció el general Manuel Antonio Noriega, en su momento hombre fuerte de Panamá y fiel servidor de las necesidades y caprichos de los gobiernos de Estados Unidos.

Esa fecha deben conservarla en su memoria, con tinta indeleble, los políticos mexicanos de los últimos siete lustros, pues frente a “sus patronos del Imperio” adquirieron destreza para murmurar, adular, delatar y, además, traicionar. Han tenido la suerte de no caer de su gracia.

     La nota necrológica de Excélsior apunta que el sonriente destino “del dictador panameño se fue al traste, cuando Estados Unidos (supuestamente) comprobó que Noriega no solo era su aliado, sino también del narco. Si la CIA aún lo veía con buenos ojos, la DEA, la agencia antidroga, se inclinaba por todo lo contrario. En 1988, el general panameño fue acusado en un tribunal de Estados Unidos de tráfico de drogas. Un año después, en diciembre de 1989, tras unas fraudulentas elecciones y un intento fallido de golpe de Estado, el presidente George Bush dio la orden de comenzar el bombardeo contra Panamá, la conocida como Operación Causa Justa, para tratar de capturar a Noriega. Este se entregó el 3 de enero de 1990.

“En 1992, Noriega fue condenado en Estados Unidos a 40 años de prisión, pena que le fue reducida a 30 —mientras seguía recluido con privilegios que no tenían otros reos— y después aún más por buena conducta. En abril de 2010 fue extraditado a Francia, donde fue condenado por blanquear dinero del narcotráfico. Un año después, Estados Unidos aprobó que fuese extraditado a Panamá, donde había sido condenado previamente en ausencia a 20 años por su implicación el asesinato de Spadafora.

“El general retirado copó los titulares internacionales el 20de diciembre de 1989, cuando unos 28.000 soldados estadounidenses tomaron por asalto Ciudad de Panamá, para derrocar a su brutal régimen (1983-1989) que espió para la CIA, trabajó con los narcotraficantes (supongo que por instrucciones de la DEA), y torturó a sus enemigos (obvio, los de Estados Unidos)”.

    Supongo que es verídica la versión que he recibido de diversas fuentes oficiales, en el sentido de que los políticos estadounidenses están azorados por los niveles de corrupción e impunidad que son sostén del presidencialismo, y pronto, muy pronto querrán poner fin al escándalo.

Poco importa que saque el señor Luis Videgaray Caso las castañas del fuego en el caso Venezuela, actitud totalmente ajena a la asumida por México cuando se creó el Grupo Contadora. No es lo mismo conciliar que hacer un agujero en el piso a un mandatario de una nación soberana. Pero, ¿a quién importa hoy ese concepto, o el de patria, o el nacionalismo? Todo lo denuncian como populismo.

Existió el mexicano Genaro Estrada, creó una doctrina que enorgulleció a México y fue modelo de diplomacia para el mundo, pero hoy eso no interesa. Lo que importa es acelerar la integración del país a EEUU.

Algo preparan con la renegociación del TLC.

www.gregorioortega.blog

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