LA COSTUMBRE DEL PODER: ¿Ganar a como dé lugar?

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Gregorio Ortega Molina

*Ninguna de las opciones en la boleta electoral tiene la dimensión, la estatura para regresar a lo básico: el orden constitucional que da aliento a la idea de nación, al Estado de derecho, a la dignidad de vivir

¿Puede ganarse la elección presidencial como obtuvieron el triunfo en los estados de México y Coahuila? ¿Podrá perdonarse el rompimiento de la equidad, la tergiversación de la ley, para preservar un modelo político que no da para más? ¿Requieren los compromisos internacionales de México, incluidos el TLC y la globalización, de un triunfo amañado para garantizar el desmantelamiento de la riqueza de México?

     Habrá que buscar una respuesta adicional, con el propósito de que los electores comprendamos dónde estamos parados, y los aspirantes al mangoneo sexenal estén conscientes del riesgo en el que colocan al país: ¿olvidaron los valores éticos y civiles cultivados desde el movimiento de Independencia, y junto con ellos la noción de patria, identidad nacional y dignidad para convivir?

     El hecho de que don EPN decidiera cambiar de caballo a mitad del río y subir a la presidencia interina del CEN del PRI a René Juárez Cisneros nos indica que el titular del Ejecutivo reconoció su error inicial de apreciación, y percibió que el AMLO promotor de Delfina Gómez es diferente al candidato presidencial que lo quiere todo, que no anda tras el puesto de Presidente de la República, sino que busca con denuedo la confirmación de su <<liderazgo de un movimiento social>> cuya tarea indeclinable es transformar México.

     El deterioro nos agobia, porque es general, amplio, conocido y tolerado o incluso cultivado. Puede comprenderse la dimensión de mi aserto tras la lectura de Una novela criminal, donde Jorge Volpi narra con detalle el entramado de complicidades -Poderes Ejecutivo y Judicial, procuración y administración de justicia, prensa y apatía de la sociedad- que evitan sanción y facilitan reconocimiento y creación ilícita de fortunas sin recato alguno: Genaro García Luna, que no procedió solo a decidir la <<recreación>> infame del caso Vallarta-Cassez (fue una impostura porque quisieron vendernos como presente un pasado que nunca existió), y los conductores de los noticieros que, conscientes, contribuyeron al engaño.

     ¿Cuál es el saldo del gobierno de René Juárez Cisneros en Guerrero? ¿Es lo que espera José Antonio Meade de hacerse con el poder presidencial? Parecen, todos los candidatos, ajenos al verdadero drama que alimenta la vida cotidiana de los mexicanos, que favorece la decadencia y el entramado de muerte, desapariciones, trata, corrupción e impunidad.

     El dilema para los electores es grave. Observo fotografías, y he visto en su comportamiento sin saberse observados, a los candidatos con sus familias, y me pregunto su están conscientes de lo que hacen a sus propios hijos y, además, si así proceden porque están seguros que podrán irse del país para que el endurecimiento de la dictadura perfecta no los alcance.

     Grave, repito, porque ninguna de las opciones en la boleta electoral tiene la dimensión, la estatura para regresar a lo básico: el orden constitucional que da aliento a la idea de nación, al Estado de derecho, a la dignidad de vivir.

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