“La conjura contra América”, profecía literaria sobre la “Era Trump”

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Por Luis Alberto García

*Cuando Roosevelt perdió las elecciones presidenciales 1940 ante Charles Lindbergh.

*George Orwell y Hannah Arendt exhibieron el fenómeno del totalitarismo político.

*”America First”, lema de campaña que recuerda la intolerancia del nazismo.

*Oscuros presagios sobre Estados Unidos ante la violencia verbal de la Casa Blanca.

 

Para interpretar lo que ha ocurrido en Estados Unidos con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca el 20 de enero de 2017, una parte de la ciudadanía de ese país voltea no a los politólogos y expertos en quiromancia y adivinación, sino a la literatura, y como ejemplos de ello hay dos célebres novelas de ficción: “Rebelión en la granja” y “1984”, del británico George Orwell, a la fecha agotadas en librerías y tiendas en línea.

Lo mismo ocurre con las ventas de la obra de Hannah Arendt sobre el totalitarismo y la banalización de la violencia, que han subido sin explicación aparente por la misma razón: el multimillonario energúmeno de Nueva York también es la réplica de un personaje imaginario –que en realidad existió-, perfilado por Philip Roth en una recreación literaria magistral, que ayuda a entender el fenómeno político que tiene aterrado a una fracción del planeta desde junio de 2015.

Roth, estadounidense, candidato permanente al Premio Nobel de Literatura desde años atrás, escribió su novela “El complot contra América” (Editorial Mondadori, Barcelona) en 2004, en la cual imagina qué hubiera sucedido si un esperpento o subespecie fascista hubiera llegado a la presidencia de Estados Unidos en 1940.

En la obra -a partir de la zozobra de un adolescente de Newark asustado por el ascenso de ese personaje, lo mismo que un millón de familias en todo el país-, Franklin D. Roosevelt inesperadamente pierde la relección de ese año ante el candidato del Partido Republicano, el famoso aviador Charles Augustus Lindbergh, quien cuenta con la ayuda de la Alemania de Adolfo Hitler, que inauguró el régimen nazi en 1933.

En la vida real, Lindbergh, quien se volvió héroe por su famoso vuelo transatlántico en 1927 a bordo del monoplano “Espíritu de San Luis”, era simpatizante nazi, racista, supremacista blanco y aislacionista, renuente a la entrada de la Unión Americana en la Segunda Guerra Mundial, ocurrida hasta el7 de diciembre de 1941.

El lema de esa campaña fue el mismo que usaría Trump para engañar a sus electores: “America First” (América Primero), plagiado más de ocho décadas después por Stephen K. Bannon, el ideólogo de la ultraderecha, luz y guía del empresario del peluquín amarillo.

Fundador de Breitbart News, medio conservador de noticias, Bannon fue removido del entorno presidencial a principios de abril último, para ser desplazado por Jared Kushner, primer yerno de la nación, quien ha asumido tareas cada vez más visibles en la Casa Blanca.

La revista New Yorker preguntó a Roth si creía que si el argumento de su novela se desarrollaba y sucedía el 8 de noviembre de 2016, a lo cual respondió: “Es más fácil comprender la elección de un presidente imaginario como Charles Lindbergh, que a un presidente real como Donald Trump”.

Agregó que Lindbergh era alguien que, a pesar de sus simpatías políticas, tenía cualidades notables: “En cambio, Trump es un estafador”, comentó Roth en una frase demoledora y contundente, y añadió: “Nunca había visto elevado a la presidencia a un hombre tan humanamente empobrecido: ignorante del gobierno, de la historia, la ciencia, la filosofía, el arte, incapaz de reconocer sutileza, indigente de toda decencia, y empleando un vocabulario menor a las ochenta palabras”.

Para darnos idea del peso moral de sus ideas y de quién es el gran literato -nacido junto al East River, avecindado en Nueva York-, hay que decir que, en 1977, obtuvo el Premio Pulitzer por “Pastoral americana”.

En 1998 recibió la Medalla Nacional de las Artes en la Casa Blanca y la Medalla de Oro de Ficción, concedida anteriormente a John Dos Passos, William Faulkner y Saul Bellow por la Academia Americana de las Artes y las Letras.

Ha sido galardonado en dos ocasiones con el National Book Critics Circle Award, el PEN/Faulkner Award y el National Book Critics Circle Award, y en 2005 –año en que apareció la primera edición de “La conjura contra América”, con ese título en la edición en español-, Roth sería el tercer escritor estadounidense vivo, cuya obra publicó en 2013 la Library of America en una edición completa y definitiva en ocho volúmenes de colección.

Cuando el pionero de la aviación transcontinental obtuvo esa victoria aplastante sobre Roosevelt en 1940, el miedo invadió todos los hogares de la nación de los padres fundadores, debido a que Lindbergh no solamente había culpado públicamente a los judíos de empujar al país hacia una guerra absurda con la Alemania nazi en un rabioso y elocuente discurso transmitido por radio, de costa a costa y de frontera a frontera.

Roth escribe que, tras acceder al cargo como trigésimo tercer presidente de Estados Unidos, Lindbergh negoció un acuerdo fraternal y amistoso con Hitler, que lo había condecorado en Berlín años atrás a iniciativa de su lugarteniente, Hermann Goering, cuyas conquistas en Europa y unas virulentas políticas antisemitas fueron aceptadas sin recato ni decoro por el héroe alado.

Lo que entonces sucedió es el marco histórico de esta sorprendente novela de Philip Roth, trata acerca del terror que se apoderó de Newark, Nueva Jersey, compartido por un millón de familias como la suya durante el cuatrienio siniestro de la presidencia de Lindbergh, cuando la ciudadanía judía tenía todas las razones para esperar lo peor.

Lo más asombroso de esta joya literaria es asombrosa por sus matices de investigación histórica y periodística seria, y no el teatro macabro oficial, sino la respuesta popular de resistencia como ocurrió al día siguiente de su ceremonia inaugural, posiblemente sin precedente en la era moderna, cuando Donald Trump confirmó en dos palabras –“America First”- sus delirios persecutorios contra afroamericanos, latinos, musulmanes y mexicanos especialmente, que toman el papel de las multitudes migrantes judías de aquellos años negros.

Así lo reitera Leonardo Padura en un texto que, con el mismo título -“La conjura contra América”- publicó el diario español “El País” el 28 de enero de 2017, al advertir que el discurso que Trump pronunció durante su toma de posesión es alarmante: “No solo por la exacerbación flagrante de los sentimientos patrióticos, sino porque su pensamiento político y su estilo mesiánico abonan el odio y la xenofobia”.

“Hace unos años -escribe el escritor cubano-, mientras leía la novela de política-ficción de Philip Roth, sentí de forma visceral el gran poder de la literatura: tocar y afectar lo más profundo del espíritu humano”.

Padura explica que esa historia, en la imaginaria coyuntura de un sorpresivo triunfo electoral del aviador Charles A. Lindbergh sobre Franklin D. Roosevelt, desarrollaba su trama en una nación dirigida por una administración cercana a los ideales nacional socialistas hitlerianos.

Junto al pregón de posturas nacionalistas, primero de manera discreta, y luego de forma abierta, se culpaba de los males domésticos a un enemigo cada vez más concreto y cercano, en este caso la comunidad judía asentada en el país.

La reacción que le fue provocando a Leonardo Padura el sentimiento de encierro, desvalimiento, indefensión de unos individuos posibles ante la enorme maquinaria desbocada de un poder que los ha convertido en sus objetivos de represión y ataque solo por ser culpables de lo que son, le llegó a resultar agobiante, al punto de que por momentos debió detener su lectura.

Y es que Roth advertía en su profética novela, referida a un mundo tan imaginario y posible como el de George Orwell en “1984”, sobre la necesidad del poder de tener o de crear enemigos, reales o pretendidos, y su capacidad de devorar a los marcados por esa necesidad, a los reales o pretendidos disidentes que alucina Donald Trump en twiter desde que amanece.

La historia estremece y afecta porque sus connotaciones son universales, los peligros de su existencia siempre están latentes y porque, partiendo de una conjetura histórica, Philip Roth desborda la realidad factual y muestra ejemplarmente cómo había sido siempre, cómo podía ser siempre, cuando desde las alturas políticas se exacerban la xenofobia, el nacionalismo torcido, el aislacionismo, una rescatada supremacía kukluxklanesca y un odio, social, político, misógino, sexual y racial hacia el prójimo.

Por su proyección universal y cualidades que cobran vigencia absoluta, a nadie debe extrañar que “La conjura contra América” haya vuelto a leerse, reanimando y haciendo aparecer todos fantasmas y los fascinantes efectos emocionales y políticos que la novela de Roth causó con su aparición en 2004 y 2005, presagiando así una catástrofe en todos los órdenes, que apenas empezamos a ver.

 

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