ÍNDICE POLÍTICO: La indiscutible mediocridad de Peña Nieto

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Francisco Rodríguez

Pocas definiciones tan concluyentes sobre la característica de la mediocridad humana, como la recetada por el pensador ítalo-argentino José Ingenieros. En su tratado sobre “El hombre mediocre”, el filósofo afirma que “sólo tiene rutinas en el cerebro y prejuicios en el corazón”. Certero como un balazo.

Los hombres y pueblos en decadencia, afirma, viven acordándose de dónde vienen. Los hombres geniales y los pueblos fuertes sólo necesitan saber adónde van. “El mediocre es dócil, maleable, ignorante, es un ser vegetativo, carente de sensibilidad, cómplice de los intereses creados, rasgos que acaban convirtiéndolo en un borrego”.

En su vida acomodaticia se vuelve vil y escéptico, cobarde, dijo Ingenieros. Siempre intenta opacar desesperadamente toda acción noble. Tiene como rutina el hábito de renunciar a pensar. La ambición de poder es una mala hierba, que sólo crece en el solar abandonado de una mente vacía. ‎Las palabras de Ingenieros parecen retratar a los investidos por los más altos cargos de un sistema corrupto como el mexicano. En primer lugar Peñita, indiscutiblemente.

 

El hombre superior es soñador, entusiasta, culto, generoso…

 

‎En nuestro tiempo, la ambición de poder se justifica cuando existen las condiciones reales para que exista. Quien ha hecho su vida deseando, peleando, obteniendo, ejerciendo y disfrutando el poder en beneficio de los demás merece eso y más. Sin embargo, hasta los grandes personajes que han estado en esa disyuntiva, lo han pensado.

Los hombres y las mujeres de poder tienen en una estima real su importancia personal. Como se saben libres, no requieren ser halagados por las esforzadas hormigas ni por las industriosas y ricas abejas.‎ No necesitan mandar desenfrenadamente sobre los demás, ni ser obedecidos lacayunamente por aquéllos a los que ni conocen. Para el mediocre esto sería una gran fiesta.

Un hombre superior rehúye de los cansados y repetitivos esquemas del protocolo cívico, de ésos que lo constriñen a escuchar innumerables veces al día los himnos y los cumplidos vanos. Se niega a acatar una agenda repleta de vacuidades y ceremonias estultas que prefiere conceder a los que gozan de esas nimiedades.

Por ello, el hombre superior, dice Ingenieros, es soñador, entusiasta, culto, de personalidad diferente, generoso, indisciplinado contra los dogmáticos. Es un ser afín a lo cualitativo y puede distinguir entre lo mejor y lo peor; no entre el más y el menos, como lo haría el mediocre.

‎Por lo general, el hombre superior prefiere abandonar las actitudes de someter las ideas al cedazo de los publicanos, de los que hacen su vida a base de llenar de piedritas y obstaculizar con los demonios del presupuesto, reales o ficticios, según su conveniencia, el cumplimiento de sus grandes metas, de los afanes de reivindicación popular a que se siente comprometido.

 

Mao Tse Tung, Charles de Gaulle, entre los hombres superiores

 

Un repaso somero de algunas decisiones cruciales tomadas por los grandes personajes de nuestro tiempo, hacen concluir que el rehusar a someterse a esas horcas caudinas, fue lo que los llevó a preferir ocultarse de las candilejas para poder pensar y ejecutar enormes tareas que, de otra manera, hubieran sido casi imposibles.

‎Poco después de ganar la Gran Marcha y propinar una paliza a los intervencionistas gringos en China, por defender al sátrapa Chiang kai- shek, Mao Tse Tung dejó las cargas de la Presidencia de la República Popular, para conservar el liderazgo absoluto del Partido Comunista y dejar la bisutería gubernamental en manos de Liu Shaoqui, Soong Ching-li y Dong Biwu.

‎Después de regresar a instalar la V República francesa, y acotado por los burócratas y la tecnocracia, Charles De Gaulle optó por retirarse de la arena política, y prefirió encarnar lo que simplemente fue La France.‎ Desde ahí dirigió mejor las ideas y fue congruente con sus posiciones, hasta el retiro definitivo a Colombey Les deux Eglises, donde murió y pasó a la eternidad.

 

Fidel Castro, uno de los grandes latinoamericanos del Siglo XX

 

Fidel Castro, el que dígase lo que se diga, es uno de los más grandes latinoamericanos del siglo XX, jamás disfrutó ser el Presidente de Cuba, y siguiendo el ejemplo de Mao prefirió las trincheras ideológicas del Partido Comunista cubano. Jamás fue tentado por los halagos de Jefe de Gobierno, prefirió ser el Comandante de una Revolución.

En el camino, se encontró con los oficios de Osvaldo Dorticós, y sus burócratas que siempre fueron fieles a sus instrucciones. Lo mantuvo de Presidente desde 1959 hasta 1976. Castro fue Primer Ministro y Presidente del Consejo del Estado, de 1976 hasta el año 2008.

 

Eisenhower sólo fue poderoso como Comandante de los aliados

 

Relataba Steven Goldzwig , que una vez le confió Harry Truman, al comprobarse que había ganado la elección estadunidense Dwight D. Eisenhower, que ya quería ver a ese generalito cuando se sentara en el Salón Oval, ordenara flanco derecho, y los súbditos interpretaran las órdenes al revés.

Porque todo era un asunto de roles de gobierno, y nadie puede hacer realidad lo que piensa cuando los tecnócratas y expertos se filtran en sus decisiones. Eisenhower nunca tuvo más poder que como Comandante de los ejércitos aliados durante la Segunda Guerra Mundial. Jamás se imaginó el poder acotado de un Presidente gringo frente a la influencia e intereses de las grandes corporaciones transnacionales.

 

Winston Churchill, el poder acotado; los Rockefeller, manipuladores

 

‎Winston Churchill se pasó la vida tragando amargo, sometido a los poderes del Parlamento y a las peticiones de la Corona británica. Nulificado por los compromisos exteriores de la Pérfida Albión, insaciable y casquivana, sufrió el poder acotado, insaciable, de las grandes corporaciones coloniales en África y Oceanía.

John D. Rockefeller, el antiguo buhonero que creó el imperio petrolero más grande de Occidente, fue tentado con los ofrecimientos de los republicanos para abanderarlos en las justas presidenciales. Siempre se negó en redondo, pues consideraba que atentaba contra sus intereses. En su lugar, sólo un miembro de la dinastía, su nieto Nelson, ingresó a las malas artes políticas, sirviendo para un barrido o un trapeado.

‎La Fundación Rockefeller ha sido uno de los pilares básicos de la política imperial estadunidense. De sus fondos han salido desde la Comisión Trilateral, hasta el Banco Goldman Sachs, las corredurías financieras más afamadas y los golpistas más sanguinarios de la historia. Pero John D., el viejo, jamás se prestó a ser manipulado por sus manipulados.

 

La tolucopachucracia sólo piensa en el menos y el más

 

La clase política gobernante mexicana no comulga con esas ideas, menos con esa manera de ser. Por su ADN corren los flujos de la corrupción y de la ignorancia, de la supina mediocridad, la que les acerca dinero, poder desmedido y caprichatos al gusto. Cada vez producimos más comaladas sexenales de millonarios que la anterior marca registrada.

Ellos ansían las mieles del poder, aunque nunca lleguen a saber qué es, y para qué sirve, excepto para enriquecerse bestialmente aunque dejen al país en la cuarta pregunta. Por ello, tampoco entienden que entre nosotros pueda haber idealistas que sientan el aire fresco de la libertad en la calle, entre la gente, y no encerrados en cuatro paredes, tramando a quién asaltan.

Nunca entenderán a las personas que llegado el momento prefieran el atractivo de la reflexión, en lugar del poder malentendido. Gente que esté dispuesta a pensar en lo mejor, no en el más y en el menos, como hacen los mediocres de la tolucopachucracia.

¿O usted qué hubiera hecho? pregunta el tronco de mediocre que se refocila destruyendo a los demás desde Los Pinos.

 

 

Índice Flamígero: Poco a poco, el círculo de corrupción cerca a Enrique Peña Nieto. Ahora son los ex gobernadores. ¿Pronto serán sus secretarios de Despacho? + ++ En los hechos, “Oaxaca dejó de ser ¡Patrimonio Cultural de la Humanidad!”, me dice un lector de aquella entidad que prefiere mantener el anonimato, por obvias razones. Señala que las causas son, cual arguyen los políticos, “en nombre de la modernización y para sacar a Oaxaca del atraso”. Explica que pronto habrá cinco Wal Marts más  en Oaxaca y un nuevo hotel ¿boutique?, ¡en la zona arqueológica de Yagul! Otro golpe mortal a los comercios medianos y pequeños de oaxaqueños. Hace diez años y con José Antonio Hernández Fraguas como presidente municipal del PRI –que inexplicablemente ahora repite en el cargo– se permitió la construcción de un Chedraui, no obstante el repudio social. Se dijo que le aplicaron una multa de 10 millones de pesos por los daños ambientales causados. ¿Dónde quedó esa lana? Nadie sabe nadie supo, como dice El Monje Loco. Se supo que otros centros de cadenas comerciales de Wal Mart se crearon  mediante jugosos “moches” a burócratas federales y estatales. Hubo corrupcion y colusión. En el Centro Histórico en la esquina oriente del Zócalo con la calle Hidalgo, un alpargatero construye una planta alta con ladrillos de pésimo material, sobre una planta baja de cantera verde. Un auténtico atentado a un edificio colonial. ¿Y el Instituto Nacional de Antropología e Historia? ¿Y la burocracia municipal y estatal que cobran por cuidar la conservación del Centro Histórico? Sólo cobran y permiten que Oaxaca, ¡copie la arquitectura de Dallas Texas! ¿Quién podrá parar la corrupción de estos talibanes que destruyen una ciudad de las más bellas del país? ¿Para qué existe el INAH?

 

 

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