DE ENCANTOS Y DESENCANTOS: ¿Qué le pasa a Cupido?

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Por Mónica Herranz*

Hacía tiempo que había dejado de pensar en Cupido como ese divino y tierno angelito de mejillas rosadas, con arco y flecha. A veces ya más bien lo imaginaba como un pequeño diablillo, con cara de travieso dispuesto a aplicársela otra vez. Podía imaginárselo frotándose sus pequeñas manecitas, limpiando cuidadosamente la punta de la flecha, elucubrando su próximo flechazo, afinando la puntería. ¡¿Afinando?! Si parecía que el pobrecillo iba de mal en peor.

¿Será que Cupido como todos los seres humanos tiene un lado bueno y un lado no tan bueno, por no decir malo, y es por eso que sus flechazos han sido tan desatinados? No, no puede ser, porque él no es un ser humano, es un ángel, y los ángeles siempre son buenos, aunque, por otro lado, al pensarlo, recordó que Lucifer también había sido un ángel. Rebelde y caído, pero ángel a fin de cuentas.

A lo mejor era eso lo que estaba pasando, tal vez Cupido atravesaba por un periodo de rebeldía, quizá se hubiera cansado de rosas y corazones, chocolates y poemas, y había adoptado una actitud desafiante oposicionista yendo en contra de lo establecido y retando sin ton ni son a enamorante y enamorado/a osadamente sin medir las consecuencias. ¿Podría Cupido empalagarse? ¿Podría cansarse de tanta miel?

Y ahora que estaba con estos pensamientos se le ocurrió otra opción…quizá Cupido estuviese deprimido. Si, ¡deprimido!..  Por un momento se puso en sus zapatos. ¡órale, a tirar flechas se ha dicho! Siempre con la mejor actitud y disposición, y ¿para qué?, ¿para ver cómo luego las parejas se pelean, se fracturan, se disuelven, se divorcian?, o ¿para ver cómo los amigos terminan desconociéndose o insultándose o simplemente distanciándose y alejándose?

Lo cierto es que en ese sentido su trabajo ha de ser agotador, intentarlo una y otra vez, venga a tirar flechas, todo para que los humanos terminen echándolo a perder. ¡Fatigado ha de estar el pobre! Y a lo mejor es por eso que sus tiros han sido tan fallidos últimamente.

Y bueno, si lo pensaba aún más, se le ocurría, que aparte de lo que ya había reflexionado, a lo mejor Cupido estaba un poco confundido, medio desorientado. Seguramente las cosas antes de tanta tecnología eran más fáciles para él, pero ahora con tinder, pof, badoo, grinder, happn y no sé cuántas más…¿tendrá él una base de datos? ¿cómo nos clasificará?. Se lo podía imaginar…Los que usan apps, los que no usan, los que prefieren el ligue tradicional, los que usan un perfil falso, los que llevan el corazón a flor de piel mostrándoselo a todo el mundo, las que traen el vestido de novia en la cajuela, los que traen el frack en el asiento trasero del coche, los que sólo quieren sexo, los que buscan el poliamor, los que buscan un trío, los que quieren una barbie, los que quieren una mujer inteligente, los que quieren alguien “normal”, los que quieren a alguien fuera de serie, los que quieren casarse, los que no quieren pero sí quieren una relación estable, los que tienen que aprender una lección, los que van por la tercera vuelta, los que nunca lo han intentado pero ya les toca, los que no saben ni lo que quieren…Ahora iba cayendo, ¡qué difícil debe ser Cupido! Y esto pensándolo sólo en términos de pareja, pero el día catorce no es sólo día del amor, punto y aparte está la amistad… ¿tendrá para eso también una base de datos?

¿Y si Cupido ha llegado a su límite con todo esto y está consumiendo estupefacientes? Eso bien podría explicar sus últimos desatinos, ¿o si es marihuana? A lo mejor se fuma un churrito de vez en cuando y así anda su pulso. Se lo imaginó por un momento y hasta sonrió para sus adentros.

Ya más que enojo, empezaba a sentir pena por él. Pobrecillo, cuánto ha perdido también en identidad con todo esto de la mercadotecnia, porque ni el amor ni la amistad en su esencia tienen que ver con tanto consumismo. ¿qué sentirá él cuando ve a la gente pensando, “mientras más caro sea el regalo es que más me quiere?”  Entonces pensó que tal vez Cupido se sienta un poco herido, no de gravedad, porque si así fuera este mundo sería un caos, ¿se imaginan un mundo sin amor y sin amistad?.

Con todo este panorama, concluyó que Cupido ya tiene bastante con lo suyo, y que en realidad no podía ni culparlo ni responsabilizarlo absolutamente por sus desaciertos tanto en el amor como en la amistad. Pensó que debía poner más de su parte y no dejar todo en manos del pequeño angelito deprimido, desafiante oposicionista y fatigado en el que tal vez se había convertido Cupido.

Pero además concluyó también que esa era una versión bastante parcial de su cupido personal, porque lo cierto es que si bien últimamente andaba con la puntería desafinada, en otros momentos se había lucido. Tenía la fortuna de tener grandes e invaluables recuerdos e historias de amor y amigos extraordinarios y con eso era suficiente para sentirse bien este catorce de febrero. No, este año no se lamentará por lo que no tiene, este año celebrará lo que sí hay, se responsabilizará y disfrutará, se consentirá y sobre todo se querrá, porque al cabo de esta reflexión, finalmente entendió que el amor por uno mismo es la base para el amor por los demás.

 

* Mónica Herranz

Piscología clínica / Psicoanálisis

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