DE ENCANTOS Y DESENCANTOS: En el stalkeo no todo es lo que parece

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*Mónica Herranz

 

Él hacía lo posible por disimular frente a ella, aunque lo cierto es que estaba furioso; furioso con sí mismo, con ella y con él. No lograba estar en paz desde que descubrió esos mensajes en el celular de su pareja y no, no había sido por casualidad. Él había notado algunos cambios en ella, y aunque generalmente había sido respetuoso de su privacidad, decidió no serlo en esa ocasión. –Hola cariño, ¿nos vemos a las siete donde siempre?-. Era el inicio de esa terrible conversación que confirmaba todas sus sospechas.

Decidió entonces volverse todo un stalker, abrió perfiles falsos en redes sociales, un correo falso también y en una especie de mercado negro compró un celular sin registro, Con esas herramientas se dedicó a espiar en redes al hombre responsable del mensaje. Iba estudiando sus rutinas, los horarios en los que publicaba, el contenido de lo que publicaba, los likes que tenía, si iba al gym o a bailar, si salía a cenar o a un bar, a una exposición o a una reunión familiar. Así supo dónde trabajaba, a qué se dedicaba, la zona en la que vivía, los lugares que frecuentaba. Lo cierto es que, curiosamente, toda esta labor de investigación a ratos lo “distraía” del motivo por el que realmente estaba en esa labor e incluso llegó a notar cierto placer vouyerista al hacerlo.

Comenzó a hacerse historias interminables en la cabeza, imaginaba la forma en la que podría planear encuentros fortuitos con él, así podría verlo frente a frente, quizá eso lo ayudaría a entender por qué su pareja se citaba con él. Se había parado ya incontables veces afuera de su oficina, algunas en la puerta principal, otras en el estacionamiento, sólo para verlo pasar, analizarlo, investigarlo. Cuando esto sucedía se quedaba por horas imaginando lo que le diría si pudiera hablar con él. Imaginó desde los escenarios más tranquilos, ecuánimes y llenos de diálogo, hasta los más inquietantes y violentos.

¿Qué había visto ella en ese hombre que no tuviera él? Comenzaron a venir ideas a su mente. Este cuate parecía más joven, fornido, atractivo, todo un macho alfa, ¡claro! seguro eso es lo que ella veía. Finalmente él, con el paso del tiempo, había hecho un poco de pancita, recientemente había comenzado a perder algo de cabello, y el estrés y el trajín diario hacían que ya no cuidara como antes su aspecto personal. Se sintió deteriorado, humillado, menospreciado, y entonces de nuevo apareció el enojo, contra él, contra ella, contra los tres.

Estaba tan convencido de la historia que llegó a contarse que no se la cuestionó, todo aquello que vio en redes lo dio por cierto, sacó conjeturas de aquí y de allá y así llegó a la conclusión de que debía encararlos y terminar la relación con ella y así lo hizo. Sin embargo, con el tiempo y amargamente, se dio cuenta de que poco de lo concluido era en realidad como lo había pensado. Había terminado su relación por una mera suposición, y no podía dejar de repetirse una y otra vez que todo en ese momento parecía tan claro, tan evidente…

El hombre responsable del mensaje, aquel que él creyó amante de su pareja, resultó ser el mejor amigo gay del amigo de un amigo que la ayudaba a organizar un viaje sorpresa que estaba preparándole para su aniversario. Se veían una vez por semana, siempre en el mismo café, para planearlo todo, definir itinerarios, fechas, destinos…y en cuanto al cambio ¡claro que ella estaba haciendo modificaciones! Se había puesto a dieta, quería bajar esa llantita, lucir bien en la playa, estaba haciéndose depilación láser, y había cambiado su look, dándole nueva forma y color a su cabello, todo por el aniversario. Moraleja del stalkeo: Poco es lo que parece ser.

Stalkear es un término que cada vez cobra mayor relevancia y que deriva del término inglés “to stalk”. Hace referencia a la acción de acosar, espiar o perseguir a otra u otras personas en redes sociales para obtener información, robar la identidad, desacreditar o agredir al o los afectados.

El stalkeo es una práctica que suele iniciar como una simple curiosidad y que puede derivar en una franca obsesión; en ese sentido, saber sobre la vida del otro puede convertirse en una adicción. Así lo que comienza por “voy a echarle un ojo al perfil de tal persona” puede acabar en un “hackeé la cuenta de esa persona y ahora tengo acceso a toda la información que atraviesa por su correo electrónico”, ya sea información familiar, social, amorosa, bancaria, financiera, laboral, etc.

Las consecuencias psicológicas que el stalkeo puede acarrear para quien lo practica son: angustia, ansiedad, desesperación, celos, frustración, sentimientos de rechazo, de abandono, de devaluación, enojo, una baja significativa  en la autoestima, insomnio, descuido de las relaciones sociales, depresión -desde leve hasta crónica- y en el peor de los casos puede conducir al suicidio. Amén también de las consecuencias legales que se puedan presentar.

El ahora conocido como stalkeo, en realidad no es una práctica tan reciente, ya se realizaba con anterioridad sólo que por medio de otras técnicas como contratar un detective privado. Lo que es novedoso en este sentido es el uso de la tecnología aplicada a las redes sociales como medio para llevar a cabo la investigación.

Otro aspecto relevante sobre el stalkeo tiene que ver con que la cuestión no sólo atraviesa por obtener la información, sino con qué voy a hacer con esa información una vez que la haya obtenido.

Quizá haya cosas que un stalker hubiera preferido no saber, aquí algunos ejemplos…-”Pensé que me engañaba con otro y resultó que no era uno, eran dos”-, -“ Y ahora ya confirmé por las fotos que sí regresó con su ex”-, -“Fue así como me enteré 20 años después que mi hijo no es en realidad mío, aunque lo quiera como tal, aunque yo lo haya criado”-; – “Yo no pude continuar con mi vida y el sí”-.

De modo que antes de stalkear a alguien, cabe preguntarse primero por qué y para qué lo quiero hacer, si estoy listo para lo que pueda encontrar, si realmente necesito esa información, si me va a beneficiar en algo o lejos de beneficiarme me puede perjudicar, pero sobre todo, si voy a poder hacerme cargo de las consecuencias que traiga consigo la información.

Podemos pensar en estos aspectos en función a dos dichos muy conocidos y recordemos que los dichos provienen de la sabiduría popular: “El que busca encuentra” y agregaría en este caso, encuentra en lo real o en lo fantaseado, y “La curiosidad mató al gato”.

Stalkear no es sólo chismorrear en alguna red social sobre la vida de alguien más, ese es sólo el comienzo, hacerlo puede tener importantes consecuencias psicológicas y legales. Bien dicen también por ahí, y en algunos y destaco algunos casos es verdad: Bienaventurados los ignorantes pues de ellos será la felicidad.

Dicho lo anterior, dejaré esta pregunta por aquí con el propósito de reflexionar ¿Realmente, verdaderamente estás list@ para stalkar?

 

*Mónica Herranz

Psicología Clínica – Psicoanálisis

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