ECONOMÍA Y POLÍTICA: Peña: el Kremlingate le cayó del cielo

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Miguel Ángel Ferrer

 

 

La orden ejecutiva de Donald Trump para impedir la entrada a Estados Unidos de nacionales de siete países musulmanes no pasó. Y no se ve que pueda convertirse en realidad en lo futuro. Y algo semejante puede decirse del propósito de Trump de hacer que los mexicanos paguen la construcción o extensión del muro fronterizo. No se ve cómo pueda hacerse realidad ese proyecto.

 

Más o menos pasa lo mismo con el deseo de Trump de cancelar o renegociar la parte relativa a México del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Una medida de esa naturaleza encontraría muchos y poderosos obstáculos de toda índole en ambos lados de la frontera. Y en el caso de una renegociación, el asunto implicaría mucho tiempo. Esas cosas no son de la noche a la mañana.

 

Pero si Trump, contra toda lógica, decide abandonar el acuerdo o le impone uno nuevo y más lesivo a México, estaría socavando severa y quizás definitivamente al gobierno de Enrique Peña Nieto. Y ya sin ese gobierno dócil, con quién contaría Trump para controlar al vecino sureño si éste se sale de control.

 

Por otro lado, deportar a doce millones de migrantes mexicanos tampoco es fácil ni inmediato. Obama en ocho años expulsó a casi tres millones. Y unos salen y otros entran. Y algunos más, como dice la canción Los Mandados, éxito de Vicente Fernández, vuelven a entrar varias veces y por diversos puntos, ciudades, veredas, ríos y canales.

 

En todas estas cuestiones el factor principal se llama tiempo. Y a unas cuantas semanas del inicio de su mandato, ya hay señales muy evidentes de que tiempo, precisamente, es lo que le va a faltar a Trump. Tiempo no solamente en lo que respecta a sus cuatro años en la Casa Blanca, sino tiempo para atender aquellos asuntos y, al mismo tiempo, dar atención y seguimiento a los esfuerzos de sus muchos y poderosos enemigos para sacarlo de la Presidencia. Un ranchero mexicano diría que ahora mismo Trump tiene muchos fierros en la lumbre.

 

Uno de esos fierros es Irán. ¿Va Trump a desconocer el acuerdo nuclear vigente con este país insumiso? ¿Serviría eso para contener al adversario o sólo serviría para endurecerlo más? ¿Y cómo piensa Trump doblegar a China, aliada además de Rusia?

 

Y otro más es la visible crisis en su gabinete. Ya son varios los cercanos que han debido abandonar el equipo. A Michael Flynn, asesor de seguridad nacional, la más reciente, hay que sumar la del propuesto Andrew Puzder al cargo de secretario de Comercio. Y otros más, como el vocero presidencial Sean Spicer, y la consejera, Kellyanne Conway, están bajo ataque. Y también bajo fuego se encuentra Ivanka, la hija de Trump que hace negocios al amparo de la Casa Blanca.

 

La sensatez y la prudencia aconsejarían dedicar tiempo, dinero y esfuerzos para conjurar el peligro de un nuevo Watergate (Kremlingate, es ahora el neologismo en uso). Éste apenas empieza. Y frente a la rica veta de los nexos entre Trump y su equipo cercano con el gobierno ruso, no parece cuerdo pensar que los enemigos del magnate decidan abandonar el rico yacimiento encontrado y en incipiente pero agresiva explotación.

 

Frente a esta situación de acoso a Trump, el muro fronterizo, los propuestos gravámenes a las remesas de los trabajadores migrantes, la anhelada masiva deportación de éstos y el TLCAN son asuntos muy menores para Trump. Peña Nieto ha de estar respirando de nuevo con relativa tranquilidad. El Kremlingate le cayó del cielo.

 

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