ECONOMÍA Y POLÍTICA: Irán: se desinfló el golpe suave

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Miguel Ángel Ferrer

Según los últimos indicios y datos públicos disponibles, el golpe suave contra el gobierno de Irán se ha desinflado. De pronto el tema de las movilizaciones populares que buscaban reeditar en la antigua Persia las tristemente célebres revoluciones de colores y las primaveras árabes ha desaparecido del panorama noticioso internacional.
Varios son los factores que explican este fracaso golpista. El primero de ellos es que el régimen de los ayatolas no se dejó ganar la calles. A cada movilización de la derecha el gobierno iraní respondía con mayores y más combativas movilizaciones de sus partidarios. Al igual que en el caso de Venezuela, ¿cómo afirmar que la población está contra el gobierno cuando ésta se manifiesta masiva y multitudinariamente en favor de ese gobierno?
Un segundo factor del desinflamiento de la pretendida primavera iraní fue que estas movilizaciones multitudinarias de apoyo al gobierno hicieron innecesario acudir a la represión en gran escala y necesariamente sangrienta. No fue menester echar mano de los tanques. Y no hubo así pretexto para una intervención militar extranjera con etiqueta humanitaria.
Un tercer factor del fracaso del golpe fue el veloz reconocimiento del gobierno de Irán de la justeza de las demandas económicas expresadas en las manifestaciones y movilizaciones opositoras. Y también, desde luego, las inmediatas promesas de reformas económicas.
Pero quizás el factor más importante del fracaso del golpe fue la evidencia pública y bien documentada del apoyo de Estados Unidos y de otros países imperialistas a la revuelta derechista. Con los célebres tuites del jefe del imperio resultó muy fácil que la población iraní se convenciera de que el golpe contra su gobierno tenía un origen extranjero y que realmente era un propósito del exterior.
Haría falta, desde luego, analizar si la precipitada intervención directa de Donald Trump fue un error del mandatario o si lo hizo con la intención deliberada de cortarle las alas al golpe y de este modo arrebatarles a los halcones del Pentágono un pretexto ideal para la anhelada intervención militar directa, al estilo iraquí, para derrocar al régimen de los ayatolas.
Normalmente el imperio tira la piedra y pretende ocultar la mano. Pero esta vez Trump la mostró rápidamente. Y como ya se ha visto con el magnate, las piedras verbales no se corresponden con acciones bélicas. Corea del Norte es un caso. Y el mismo proceder se ve ahora en Irán.
Juzgado por sus desplantes verbales Trump puede parecer un desaforado guerrerista. Pero evaluado a la luz de sus acciones no hay en el mandatario visos del guerrerismo tan apreciado y practicado por sus antecesores.
A unos días de que se cumpla el primer aniversario de la llegada de Trump a la Casa Blanca, y salvo aquel atípico bombardeo a una base militar del gobierno sirio, todavía no se ha visto una sola acción militar directa de Estados Unidos en el extranjero. Y el caso de Irán está ratificando la tendencia.

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