DEL ABSURDO COTIDIANO: 2 de octubre no se olvida. La presencia del Black Power en los Juegos Olímpicos

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Francisco Medina
Lo que inició como un eslogan político en defensa de los afrodescendientes y se popularizó en la década de 1960 en Estados Unidos, se extendió por todo el mundo, al grado de convertirse en un movimiento social en defensa de los afrodescendientes, y el deporte no hizo oídos sordos a esa filosofía, la cual llegó a su clímax en los Juegos Olímpicos de México 1968.
The Black Power —El Poder Negro— fue una corriente creada para luchar contra lo que se catalogaba en la década de los años de 1960 como la supremacía blanca. Este movimiento se extendió por todo el mundo; sin embargo, en Estados Unidos tuvo su máxima expresión.
Esta tendencia perseguía la igualdad racial, creación de instituciones culturales y políticas para defender, fomentar y luchar por los intereses de la sociedad negra, que en ese entonces se consideraba desfavorecida en comparación de los arios.
El nacimiento del término es aún discutido debido a su uso político; sin embargo, la primera vez que se vio una publicación con esas palabras fue en 1954, cuando Richard Wright —escritor estadounidense de novelas y cuentos— publicó un libro con el nombre Black Power.
Los años de 1960 transcurrían y con ello algunos medios de comunicación daban a conocer tímidamente los abusos contra los afrodescendientes.
Las reivindicaciones de la población negra por alcanzar un estatus igual al de la blanca fueron constantes, en especial en Estados Unidos. Figuras como Martín Luther King o Malcolm X, desde posiciones distintas y con mecanismos diferentes, enarbolaron la bandera en contra de la discriminación racial, espoleada por las estadísticas que denunciaban que porcentualmente en Vietnam morían más soldados negros que blancos.
La lucha ideológica era constante y los seguidores del movimiento The Black Power necesitaban un revulsivo, algo que llamara la atención del mundo, un grito que dijera “estamos aquí”. Fue ahí cuando nacieron las leyendas de Tommie Smith y John Carlos.
La mañana del 16 de octubre de 1968, el atleta estadounidense Tommie Smith ganó la carrera de los 200 metros con un récord del mundo de 19.83 segundos, con el australiano Peter Norman en segundo lugar con un tiempo de 20.06 segundos, y el también estadounidense John Carlos en tercera plaza de 20.10 segundos. Tras la carrera, los tres fueron a recoger sus medallas en el podio.
Los dos estadounidenses tenían previsto portar los guantes negros en el evento, pero Carlos los olvidó en la Villa Olímpica. Fue el australiano Peter Norman quien sugirió que Carlos usara el guante izquierdo de Smith, siendo ésta la razón de que alzara su mano izquierda en lugar de su derecha, diferiendo del tradicional saludo Poder Negro.
Smith y Carlos caminaron descalzos con calcetines negros hasta el podio preparado para la ceremonia de premiación. Ahí los dos estadounidenses recibieron sus medallas, oro y bronce. Y mientras sonaban las notas del himno nacional de Estados Unidos levantaron un puño cubierto con un guante negro con la mirada fija en el suelo. El puño derecho de Smith representaba el poder negro en Estados Unidos (el Black Power, como quedó inmortalizado el saludo), y el puño izquierdo de Carlos, la unidad de la población negra. El pañuelo negro anudado al cuello de Smith, era el orgullo, y los calcetines negros sin zapatos, un símbolo de la pobreza de los negros en un Estados Unidos racista. Carlos tenía su chamarra desabrochado como muestra de solidaridad con los obreros de los Estados Unidos y portaba un collar de abalorios que, según él, era…”… Para las personas que fueron linchadas o asesinadas, y nadie ha dicho una oración por ellos, que fueron ahorcados y para los que fueron arrojados al agua en mitad del pasaje”.
Los tres atletas llevaban insignias del Proyecto Olímpico para los Derechos Humanos, incluido Norman, que expresó su simpatía con los ideales de Smith y Carlos.
El sociólogo Harry Edwards, fundador del Proyecto, había incitado a los atletas negros a boicotear los Juegos Olímpicos; al parecer, estas acciones de Smith y Carlos se inspiraron en los argumentos de Edwards.
Cuando se marcharon del podio fueron abucheados. Smith dirá: “Si gano, soy americano, no afroamericano. Pero si hago algo malo, entonces se dice que soy un negro. Somos negros y estamos orgullosos de serlo. La América negra entenderá lo que hicimos esta noche”.
La respuesta del Comité Olímpico Internacional no se hizo esperar y Avery Brundage, presidente del Comité Olímpico Internacional, lo consideró un gesto de política interna inadecuado para el apolítico foro internacional de los Juegos Olímpicos. Ordenó la suspensión de Smith y Carlos del equipo olímpico estadounidense y se pidió que fueran expulsados de la villa Olímpica; el Comité Olímpico Mexicano se negó a ello e indicó que al tener visa de deportistas, seguían siendo invitados de honor de México y que serían tratados como tales. Un portavoz de la organización dijo que era “una deliberada y violenta infracción de los principios fundamentales del espíritu olímpico”.
Brundage, que había sido presidente del Comité Olímpico Estadounidense en 1936, no hizo ninguna objeción en contra del saludo nazi durante los Juegos Olímpicos de Berlín. El saludo nazi, por ser un saludo nacional por entonces, fue aceptado por la Sociedad de Naciones, mientras que el saludo de los atletas no era de una nación y fue considerado inaceptable.
Smith y Carlos fueron criticados por sus acciones y condenados al ostracismo en su país. La revista Time mostró el logo olímpico de los cinco anillos con las palabras “Angrier, Nastier, Uglier” (Más furioso, más sucio, más feo), en vez del clásico “Faster, Higher, Stronger” (Más rápido, más alto, más fuerte). De vuelta a casa, fueron objeto de abuso y tanto ellos como sus familiares, amenazados de muerte.
Smith continuó en el atletismo, pasándose al fútbol americano para jugar en Cincinnati Bengals antes de ser asistente de profesor de Educación Física en el Oberlin College. En 1995 ayudó al entrenador del equipo de los Estados Unidos en el Campeonato del Mundo Indoor en Barcelona. En 1999 fue galardonado con el premio al Deportista del Milenio. Se convirtió en orador.
La carrera de Carlos fue similar a la de Smith. Continuó en el atletismo, igualó el récord mundial de 100 yardas al año siguiente. Más tarde jugó al fútbol americano en Philadelphia Eagles antes de que una lesión de rodilla terminara con su carrera. En 1977 llegaron tiempos difíciles tras el suicidio de su esposa, y cinco años después fue contratado por el Comité Organizador de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles de 1984 para promover y actuar como enlace con la comunidad negra de la ciudad. En 1985 trabajó como entrenador de atletismo en el Instituto Palm Springs.
Norman, que simpatizó con la protesta de Smith y Carlos, fue reprendido por las autoridades olímpicas de su país y marginado por los medios australianos. No fue elegido para los Juegos Olímpicos de Múnich 1972, a pesar de terminar tercero en las pruebas clasificatorias. Continuó practicando atletismo, pero contrajo gangrena tras una lesión en su tendón de Aquiles en un entrenamiento y su pierna derecha estuvo a punto de ser amputada. Cayó en depresión y se tornó alcohólico. Sufrió un ataque cardíaco y falleció el 3 de octubre de 2006 en Melbourne a los 64 años. Tanto Smith como Carlos elogiaron su carrera deportiva y fueron los portadores del féretro en su funeral.
El Black Power y Loas Panteras Negras
Pocos movimientos revolucionarios de los años sesenta han destilado tanto glamour underground como el Partido de las Panteras Negras, sin embargo, su trayectoria dista mucho de un desfile de moda. Las Panteras crearon uno de los programas sociales de regeneración de los barrios pobres de las grandes ciudades norteamericanas más ambiciosos de su época y fueron el núcleo de una coalición de movimientos revolucionarios con una fuerte implantación étnica y social que llegó a tener cierto peso en la vida pública estadounidense, aunque sólo fuera como amenaza al statu quo. El resultado de la aventura revolucionaria tampoco fue muy chic: más de cuarenta muertos por arma de fuego y cientos de encarcelados.
Sin embargo, las Panteras Negras siguen siendo un mito político para todos aquellos movimientos políticos y culturales que se desenvuelven en los guetos, cada vez más numerosos, de las grandes ciudades europeas y americanas
Las Panteras Negras fueron el resultado de la evolución del movimiento de derechos civiles que, a lo largo de los años cincuenta y sesenta, había movilizado a negros y blancos contra la segregación legal y la discriminación cotidiana que sufrían los afroamericanos en Estados Unidos. Sus fundadores, Huey P. Newton y Bobby Seale, comenzaron su andadura política en uno de los muchos grupúsculos asociados al Black Power –el Revolutionary Action Movement (RAM)– que tras el momento álgido del movimiento de derechos civiles adoptaron una retórica revolucionaria. El RAM se disolvió en 1965, cuando tres de sus miembros fueron declarados culpables de querer atentar contra la Estatua de la Libertad, la Campana de la Libertad de Filadelfia y el monumento a George Washington.
Seale y Newton comenzaron a trabajar en los programas comunitarios contra la pobreza del ayuntamiento de Oakland y al poco tiempo, en 1966, fundaban el Partido de las Panteras Negras para la Autodefensa. Como anuncia el apellido del partido, el proyecto político inicial de las Panteras estaba centrado en poner en práctica la postura de Malcolm X favorable a la autodefensa, en un contexto de impunidad policial y fuerte represión en los barrios negros de las grandes ciudades industriales de Estados Unidos. Y esto, precisamente, es lo que Newton y Seale desarrollaron con las patrullas de vigilancia policial. Las patrullas consistían en un grupo armado de Panteras Negras que seguían a la policía en su ronda rutinaria por el gueto para evitar que se cometiesen atropellos. Por supuesto, como recordaba Bobby Seale años después, el celo cívico de los Panteras no pasaba desapercibido a los oficiales de policía: “En un momento dado, el policía dice ‘¡No tiene derecho a observarme!’ y Huey le contesta: ‘No es cierto, una sentencia del Tribunal Supremo de California estableció que todo ciudadano tiene derecho a observar a un oficial de policía haciendo su trabajo siempre que se mantenga a una distancia razonable. En esa misma sentencia, se declara que a partir de diez pies se puede decir que existe una distancia razonable. Yo estoy a veinte pies de usted y le voy a seguir observando, le guste o no’”.
En efecto, aunque cuando se habla de las influencias intelectuales de las Panteras Negras se suele hablar del Libro rojo de Mao, lo cierto es que en aquel momento se dedicaban mayormente a estudiar las leyes del Estado de California y a poner en práctica su derecho legal a ir armados hasta los dientes, siempre que las armas no estuvieran escondidas. De hecho, por mucho que pueda resultar un misterio a ojos de la izquierda europea, la primera aparición pública de las Panteras Negras fuera de sus barrios de origen, en Oakland, tuvo lugar en un acto reivindicativo a favor del sacrosanto derecho del ciudadano norteamericano a caminar por la calle con armas cargadas. Volviendo a Mao, Bobby Seale cuenta que, durante esta primera época, él y Huey se dedicaban a vender el Libro rojo a estudiantes blancos de Berkeley por un dólar y a comprar, cómo no, armas con el dinero que recaudaban. Seale asegura que no lo leyeron hasta un año más tarde.
La primera campaña propiamente política de las Panteras Negras llegó a finales de 1967, tras la detención de Huey P. Newton acusado de asesinar a un policía. Bobby Seale lanzó una campaña masiva de apoyo a Newton bajo el lema “Free Huey” que incrementó la popularidad del partido en los barrios afroamericanos. A partir de entonces, las Panteras Negras, que habían adoptado el análisis de clases marxista, se enfrentaron a algunos dilemas políticos que no habían formado parte de los repertorios del movimiento por los derechos civiles y el Black Power: el primero todavía estaba muy cargado de connotaciones religiosas, mientras que el segundo consideraba que el nacionalismo negro era una postura política suficientemente aglutinadora. En cambio, tanto Seale como Newton pensaban que el gran reto político al que se enfrentaban los Black Panthers era la movilización conjunta de un subproletariado negro formado por precarios y delincuentes y de los trabajadores industriales que componían la militancia urbana afroamericana tradicional. Según todas las crónicas, ésta fue la clave del éxito político de las Panteras Negras; unir a obreros, parados y pandilleros, hombres y mujeres, en un mismo proyecto de emancipación comunitaria.

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