DEL ABSURDO COTIDIANO: 2 de octubre no se olvida. La manifestación del silencio

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Francisco Medina

El CNH había acordado no hacer marchas el 1° de septiembre para no causar disturbios y aclaró en un comunicado que no tenía el objetivo (como decía el gobierno) de que impedir los Juegos Olímpicos. En su informe de gobierno, Díaz Ordaz declara: “hemos sido tolerantes hasta excesos criticados, pero todo tiene un límite y no podemos permitir ya que se siga quebrantando irremisiblemente el orden jurídico como a los ojos de todo mundo ha venido sucediendo”.

El Congreso entero aplaude su informe y respalda su postura, el Senado da “apoyo total” al presidente para que dispusiera de la totalidad de las fuerzas armadas “en defensa de la seguridad interna y externa de México, cuando fuera preciso”.

El CNH decide dar una respuesta al informe de gobierno de Díaz Ordaz. Muchos días de discusión en las escuelas moduló la propuesta del CNH a las asambleas, para que se considerara que esta nueva manifestación se hiciera con absoluto silencio. Los representantes que coincidíamos y éramos afines en el Consejo hicimos como cuatro juntas que duraron de 10 a 14 horas, con las demás corrientes a fin de lograr un consenso; los ultras decían que nuestra propuesta era claudicante y derrotista y los escépticos argumentaban que efectuar un acto así era imposible dado el apasionamiento y frenesí en que nos encontrábamos. Finalmente, el acuerdo se logró, más del 85% de las representaciones lo aprobamos, el CNH volvía a consolidarse. Se estableció que con nuestro silencio estaríamos demostrando al gobierno y a todo el mundo que teníamos dirección, que sabíamos cuáles eran nuestras banderas (los seis puntos del pliego petitorio) que éstas respondían a intereses estrictamente nacionales y populares sin influencia ideológica extranjera, que los objetivos eran precisos, con miras elevadas y que con la actitud silenciosa estaríamos demostrando la fuerza de nuestras convicciones y el intenso deseo porque la solución a las demandas se diera en condiciones de paz y entendimiento. En esas jornadas aprendí que cuando las argumentaciones son justas y verdaderas, por estar cercanas a la realidad, la gente por muy irritada que se encuentre recapacita y asume la posición más elevada.

En los días anteriores a esta manifestación la gran prensa nacional, la radio y la TV se dedicaron a crear un clima represivo, anunciando que la convocatoria a dicho acto era una provocación más al gobierno y que el ejército y las policías no lo permitirían, desde helicópteros se hacían caer en las calles de toda la ciudad volantes con informaciones aterrantes en este sentido. A los domicilios de cada uno de nosotros llegaban comunicados invitando a los padres a que no permitieran que sus hijos acudieran a dicha manifestación porque se daría un baño de sangre, etcétera.

La manifestación se había citado para las 16:00 horas del 13 de septiembre, los contingentes debían situarse por escuelas en las áreas verdes ubicadas a un costado del Museo de Antropología. Eran las 16:30 hrs. y aún no había más de 200 personas. Creímos que la campaña aterrorizante del gobierno había dado resultado; de pronto a un compañero de la ESIME, Anselmo Muñoz, se le ocurrió subirse a uno de los camiones del Poli que llevarían el equipo de sonido y empezó a gritar por el micrófono a una multitud imaginaria, dado que la gente aún no aparecía, diciendo que los contingentes de tal y tal escuela no entorpecieran el avance de los correspondientes a tal y tal escuela, las 200 personas que allí nos encontrábamos no salíamos de nuestro asombro al ver delirar a nuestro compañero, como su voz a través de las grandes bocinas se reproducía a distancia, hizo creer a quienes se encontraban en la periferia del sitio de reunión, por temor a ser reprimidos, que efectivamente el avance de las columnas ya había comenzado y como si hubieran salido por detrás de los árboles o brotado de la tierra, en menos de 10 minutos, se reunieron varios miles, con quienes se inició la marcha sobre la avenida Reforma. En el punto de salida nos encontrábamos algunos compañeros recordando, megáfono en mano, la importancia del silencio que habíamos acordado.

La respuesta al llamado del CNH es masiva y acuden más de 250 mil personas; muchachos llegan con cinta adhesiva en la boca para evitar hablar fuerte. Por todo Paseo de la Reforma, sólo se escuchan murmullos y los pasos firmes de los jóvenes, las pancartas tienen consignas pidiendo diálogo público.

Ramón Ramírez relata en “El movimiento estudiantil de México” que “se pudo observar el más estricto orden y una organización perfecta. Los estudiantes y gente del pueblo en general portaban carteles en los que se propalaba: ‘Libertad a la verdad ¡diálogo!’, ‘El pueblo nos sostiene, por el pueblo es que luchamos’; ‘Líder honesto igual a preso político’; ‘Luchamos por los derechos del pueblo mexicano’; ‘¡Tierra para todos!’; grandes pancartas con las efigies de Morelos, Hidalgo, Villa y Zapata presidían la marcha estudiantil.

Miles de gentes del pueblo, situadas en las aceras, formaron una enorme valla a lo largo de todo el recorrido de la manifestación; con sus aplausos y expresivas muestras de simpatía alentaban a los trabajadores, estudiantes y padres de familia, que en compactas filas proclamaban el cumplimiento de la Constitución. La austera y responsable actitud de los estudiantes y profesores, la decisión de la lucha del pueblo se manifestó con la mano en alto haciendo la V de ¡Venceremos!”.

En el volante del CNH de ese día se lee: “Pueblo mexicano: puedes ver que no somos unos vándalos ni unos rebeldes sin causa, como se nos ha tachado con extraordinaria frecuencia. Puedes darte cuenta de nuestro silencio, un silencio impresionante, un silencio conmovedor, un silencio que expresa nuestro sentimiento y a la vez nuestra indignación”. El gobierno, sin embargo, no cede.

¡Qué orgullo, qué emoción! aquella última gran marcha, las grandes vallas de pueblo que observaba el paso de los contingentes y aplaudía. Me gustaba recorrer las columnas desde la avanzada e ir sintiendo a la gente. En esa ocasión la expresión hablada se había sustituido por carteles con lemas y dibujos, y por grandes mantas con las efigies de los héroes nacionales y algunas frases con sus ideas. Un buen número de estudiantes que se sabían aguerridos y descontrolados prefirieron taparse la boca con tela adhesiva para no fallar al acuerdo de hacer esta marcha en silencio. Aunque el dispositivo policiaco y militar era impresionante el sentimiento de dignidad y la convicción de que el objetivo de la lucha era justo y elevado hacía desaparecer cualquier temor; en muchos, muchísimos rostros observé lágrimas que además de expresar dolor y coraje hacían sentir las más hondas emociones que este avanzar silencioso causaba. ¿Qué había en el espíritu de todos nosotros en aquel momento? ¿Que magia producía nuevamente ese paso firme y decidido por las calles de nuestra ciudad a pesar de que éstas se encontraban tapizadas por la propaganda amenazadora? ¿A qué estímulos respondíamos en esos momentos los participantes, para haber hecho del andar en silencio nuestra arma más contundente? Seguramente nos animó la fuerza del amor, el sentimiento de solidaridad y la visión de esperanza además del ideal, al saber que el triunfo de esta lucha sería para beneficio de todos.

Nuevamente el Zócalo quedó abarrotado, la asistencia fue igual o más grande que la manifestación anterior, algunos periódicos hablaron de 500 mil asistentes. En el mitin se reiteró la petición de diálogo público, se analizó la trascendencia que tenía esta lucha por la democracia, poniendo énfasis nuevamente que el movimiento no pretendía impedir la realización de la XIX Olimpiada. Se reconoció que siendo nuestra obligación la de estudiar no estábamos dispuestos a regresar a las aulas mientras el ejército y las policías impidieran el ejercicio de nuestras libertades, también se dijo que siendo hijos de profesionistas, pequeños empresarios, comerciantes, obreros y campesinos, y sabedores de que la educación gratuita la pagan el pueblo, nos sentíamos obligados a expresar lo que él mismo no decía debido al amordazamiento y control político existente. Que si el gobierno no aprovechaba este momento climático para resolver favorablemente el movimiento dañaría gravemente a la nación y que la historia sabría poner en su sitio a cada quien. Se hizo ver que cada vez mayores capas de la población estaban apoyándonos y que ésta se identificaba con los ideales de libertad, justicia y democracia; que si el gobierno en esta ocasión no resolvía, de todos modos el pueblo sabría decidir en qué momento de nuestra vida republicana se implantarían estas condiciones. Que era grave, muy grave la amenaza del régimen de desatar la más brutal represión porque al final, aunque pasara mucho tiempo, la causa de la democracia triunfaría.

La manifestación del silencio además de haber tenido el mérito de ser la expresión más alta del movimiento estudiantil de 1968, pasó a constituirse en un eterno minuto de silencio por los muertos de antes y los que posteriormente a esa fecha el régimen produciría. Aún está en mi espíritu, la reminiscencia de esa extraordinaria marcha: el sonido que los miles de pasos producían con el caminar recio y definido, la fuerza espiritual que transmitió toda esa energía humana reunida a través de la actitud del silencio; la aparente mansedumbre, por la circunstancia de no producir sonidos hablados, contrastaba con el torrente de emoción que reclamaba justicia y comprensión; todos nos hicimos más sensibles a todos, observamos más a nuestros compañeros de marcha conociendo más de nosotros mismos y del mundo que nos circunda.

Es difícil poder transmitir con palabras las maravillosas enseñanzas de esos momentos, son instantes en que se vive y se siente una claridad excepcional, es como si de pronto el espíritu se elevara y viera hasta siempre.

 

Joplin, Warhol, Marcus

 

Después del año de las flores, el año de los gases lacrimógenos, El rock, punta de lanza de la contracultura, durante 1968 es un fiel sismógrafo de la turbulencia generacional.

En Revolution, John Lennon polemiza con los nuevos radicales y apuesta por los cambios pacíficos y graduales. Por su parte, Mick Jagger se interroga en Street fighting man, sobre el papel del cantante de rock em épocas de turbulencia.

Los Beatles y los Stones superan el empacho psicodélico de 1967 con trabajos más pegados a la tierra, el doble blanco y Baggars banquet. Ambos grupos han descubierto que son inmunes a la curiosidad policial y han visto que los excesos en el ácido se pagan. Pink Floyd se ve obligado a reemplazar a su máximo creador Syd Barret, convertido en casi un vegetal. Hasta la nomenclatura se hace más adusta: El nombre de Led Zeppelin hace referencia a un metafórico dirigible de plomo; el cuarteto, junto con Black Sabbath, otra criatura del 68, popularizará lo que luego se denominaría heavy rock (rock pesado). Heavy es precisamente el título del primer disco del grupo californiano Iron Buterfly, cuyo descerebrado e irresistible In-A-Gadda-Da-Vida es uno de los éxitos del underground; las emisoras avanzadas presumen de programar un tema que dura 17 minutos. En la radio también se desgañita Janis Joplin al frente de la Big Brother & The Holding Company, genuinos hippies de San Francisco.

Los excesos venden, pero el viento trae aromas rurales, Bob Dylan, que lleva cerca de dos años enclaustrado en el pueblito de Woodstock, reaparece con John Wwsley Harding, un disco austero con resonancias bíblicas. Un trabajo registrado en Neshville, meca del country, acuyos servicios recurre igualmente un escritor canadiense llamado Leonard Cohen, que ya ha colocado algunos temas suyos en discos de Judy Collins y que sueña con hacerse un hueco en el negocio musical. Por Nashville pasan también The Birds, que dan un viraje a su carrera con Sweetheart if the rodeo, preclaro intento de hermanamiento entre el rock y el country.

Un cambio hacia lo intimista y lo campestre será piloteado por Crisby, Stills, Nash & Young, banda que se forma en 1968 con músicos que abandonan grupos establecidos en busca de libertad.

Los jóvenes compartían su clandestina esperanza con la lectura de Últimas tardes de Teresa de Juan Marsé, publicado dos años antes. Quien no hubiera deseado marchar por las calles de París o de la Ciudad de México en ese 1968, cogidos de la mano con Teresa, tarareando al mejor Aznavour y recordando algún verso de los impercederamente jóvenes Villon o Rimbaud.

O la crítica de la sociedad industrial de Marcus en El hombre unidimensional, que todos ya teníamos releída en ese año. Se trata de un análisis de las sociedades occidentales que, bajo un disfraz seudodemocrático, esconden una estructura totalitaria basada en la explotación del hombre por el hombre. La obra se basa en dos hipótesis aparentemente contradictorias. De un lado, Marcuse afirma que la sociedad industrial avanzada es capaz de reprimir todo cambio cualitativo. Por otro lado, parece prevalecer la hipótesis que quiere que en esta sociedad existan fuerzas capaces de poner fin a la represión y de hacer explotar las mortales contradicciones que laten en su seno. La conclusión de Marcuse es de una lúcida desesperación: el sujeto revolucionario no puede estar constituido ni por el subproletariado urbano, ni por los intelectuales, ni por la unión de ambas fuerzas, consideradas hasta hoy como las más progresivas. La solución, según el autor, es “despertar y organizar la solidaridad en tanto que necesidad biológica para mantenerse unidos contra la brutalidad y la explotación humanas”. Un ensayo sobre la ideología de la sociedad industrial avanzada.

En el arte, las etiquetas se sucedían: Arte de la Tierra, Arte del Cuerpo, Arte Procesual, Arte y lenguaje. Andy Warhol, superviviente del atentado del que había sido objeto al dispararle una fanática, cerró su Factory y decidió convertirse en una autoexplotada mercancía artística. En 1965 conoció al grupo de música The Velvet Underground, liderado por Lou Reed. No tardó en convertirse en el mánager del grupo y añadiendo a su amiga, la cantante alemana Nico. En 1967 salió al mercado el disco de los Velvet llamado The Velvet Underground and Nico: Andy Warhol, producido por este último. Un disco que era un referente en todas las reuniones de los jóvenes estudiantes de 1968.

(Referencias: Diario Excelsior, El Universal, revista Por Qué? El movimiento de 1968. Pablo Moctezuma Barragán. El País. IPN, Testimonios del Movimiento Estudiantil)

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