DEL ABSURDO COTIDIANO: 2 de octubre no se olvida. Cuando los tanques soviéticos aplastaron la Primavera de Praga

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Francisco Medina

En aquel año de 1968, Europa del Este estaba bajo dominio soviético. Un claro ejemplo de ello era Checoslovaquia, nación controlada por los soviéticos quienes ocuparon el país durante la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, en la década de los 60 surgió un nombre, Alexander Dubcek, de origen eslovaco, y las cosas cambiaron…

La noche del 20 de agosto más de 2 mil carros de combate invadieron Checoslovaquia, siguiendo órdenes directas de Moscú. Era la trágica conclusión de la Primavera de Praga, una revuelta que se había alargado durante meses. Con la invasión se ponía fin a los esfuerzos progresivos por liberalizar el país y desasirse de las garras de la Unión Soviética. Uno de los intelectuales más críticos del momento era el escritor Milan Kundera, que en su novela “La insoportable levedad del ser” reflexionó sobre lo que supuso la Primavera de Praga para el pueblo checo: “La historia de los checos no se repetirá por segunda vez, la de Europa tampoco. La historia de los checos y la de Europa son dos bocetos dibujados por la fatal inexperiencia de la humanidad. La historia es igual de leve que una vida humana singular, insoportablemente leve, leve como una pluma, como el polvo que flota, como aquello que mañana ya no existirá”.

En enero de 1968 Dubcek llegó al poder, comenzando así lo que más tarde fue conocido como la Primavera de Praga. Las ideas reformistas de Dubcek eran claras: la población checa necesitaba más libertad ante las estrictas normas impuestas por el régimen soviético. En esa época no había ni libertad de expresión ni libertad de prensa.

Según el propio Dubcek, sus ideas se resumían en tener un socialismo con rostro humano. Los medios de comunicación comenzaron a funcionar con fluidez, y la televisión y la radio por fin podían dar opiniones políticas. A muchos hoy en día esto nos parece algo lógico, pero para la Checoslovaquia de 1968 esto suponía un paso adelante gigantesco.

Los periódicos llegaron a publicar incluso el nombre de los funcionarios corruptos del gobierno. Todo parecía funcionar en favor de Dubcek. La URSS estaba expectante ante los hechos que venían ocurriendo ya que su hegemonía comenzaba a tambalearse, y los demás países de la Europa del Este estaban muy atentos a lo que sucedía en Checoslovaquia.

Pero no sólo la URSS no veía con buenos ojos las reformas de Dubcek. El bloque comunista de la Guerra Fría, con los Cinco de Varsovia a la cabeza, URSS, Hungría, Bulgaria, Polonia y la RDA, comenzaron a recelar de Dubcek. Tanto es así que las cosas fueron complicándose cada vez más.

La pólvora estalló el 20 de agosto de 1968, cuando más de 200 mil soldados y 2 mil 300 tanques del Pacto de Varsovia invadieron Checoslovaquia, acabando así con la Primavera de Praga, que apenas duró ocho meses. La invasión apenas duró un día, y las fuerzas checoslovacas no pudieron hacer nada por evitarla. El propio Dubcek llamó a su pueblo a no resistir, a pesar de que sucedieron algunos episodios violentos en las calles.

De hecho, Bréznev le avisó a Dubcek de la “inquietud de los camaradas” varias veces en 1968, pero no le creyó que llegara a producirse algo tan monstruoso como la invasión hasta que ésta se produjo.

Esta invasión provocó una ola de emigración en todo el país sin precedentes. En los días posteriores a la invasión se marcharon más de 70 mil personas, y hasta la década de 1970 habían abandonado Checoslovaquia más de 300 mil.

A pesar de que la Primavera de Praga duró apenas ocho meses fue un acontecimiento simbólico que sirvió para que muchos países comunistas de Occidente comenzaran a alejarse de las ideas de la Unión Soviética. Tanto la literatura como el cine le han dado también mucha repercusión a este episodio de la historia del siglo XX. Una frase de Pablo Neruda la resume: “Podrán cortar todas las flores, pero no detendrán la primavera”.

Dubcek fue secuestrado por los invasores el 20 de agosto y conducido ante Bréznev en el Kremlin. “hasta ese momento no comprendí que estaba tratando con gánsteres”, recordaría. De regreso a Praga pronunció un discurso radiofónico recomendando a los ciudadanos sumisión para evitar un baño de sangre. Sus lágrimas de vergüenza e impotencia, perceptibles a través de las ondas, convencieron a los checoslovacos de que el sueño había terminado y volvía a ingresar, humillados otra vez, en una realidad de pesadilla.

En México, el movimiento estudiantil seguís su marcha y el 15 de agosto, el Consejo Universitario de la UNAM apoyó los 6 pontos del pliego petitorio y expresó la exigencia de libertad a los presos políticos. La Universidad iberoamericana y el Colegio de México decretaron un paro indefinido en apoyo a sus compañeros e inmediatamente reiteraron la demanda de solución al pliego petitorio.

Pare el 20 de agosto, la Coalición de Profesores invitó a los diputados y Senadores del D.F. a mantener un debate en C.U. estos declinaron públicamente pero se desarrolló un mitin con cerca de 20 mil personas. El gobierno intentó parar el Movimiento primero por medio de la FNET y después a través del director del IPN que se mostró intransigente e intentó desvirtuar el Movimiento. Ese día se congregan los estudiantes para el debate público, sin que acuda ningún representante oficial. Se calcula en no menos de unas 20 mil personas el número de participantes.

El 21 de agosto, el CNH declara que es partidario del diálogo, pero bajo la condición de que la discusión entre estudiantes y autoridades sea pública. Se transmite por televisión un debate sobre las causas del movimiento estudiantil, con la participación de Iñigo Laviada, Ifigenia M. de Navarrete, Heberto Castillo, Víctor Flores Olea y Francisco López Cámara. Todos ellos coinciden en que el conflicto debe resolverse mediante el diálogo entre estudiantes y autoridades.

Para el jueves 22 de agosto, el secretario de Gobernación Luis Echeverría llama al diálogo a estudiantes y profesores. Al conocer la declaración, los estudiantes y profesores de las instituciones escolares en huelga dan a conocer a la opinión pública la siguiente respuesta: “Confiamos que ahora, el dialogo público en el que desde un principio hemos insistido no sea de nuevo rehuido, y que para ello el Poder Ejecutivo designe a los funcionarios que considere competentes”. Echeverría declaró estar “en la mejor disposición de recibir a los representantes de maestros y estudiantes… a fin de resolver el conflicto”. En este momento el diálogo implicaba una gran disyuntiva: o bien se aceptaba de inmediato e diálogo, y con esto se paralizaba la acción y vinculación con los obreros y sectores populares, o se rechazaba, y con esto se colocaba en una situación muy difícil a los sectores más consecuentes, quienes aparecerían como los intransigentes.

(Referencias: Diario Excelsior, El Universal, revista Por Qué?, Edad Contemporanea, El País)

 

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