DE ENCANTOS Y DESENCANTOS: ¿Qué nos ha pasado?

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*Mónica Herranz

Therese Benedek, psicoanalista húngara por nacimiento y ciudadana estadounidense posteriormente, fue una mujer que dedicó parte de sus estudios e investigaciones a las relaciones familiares. En un capítulo de uno de sus textos llamado “La estructura emocional de la familia”, planteó cómo era la estructura emocional de la típica familia victoriana, formada por padre, madre e hijos en dónde la unión entre padre y madre constituía una unión indisoluble puesto que el divorcio no estaba permitido y era así para bien y para mal.

 

En el mejor de los casos, los esposos terminaban formando un matrimonio bien avenido y fructífero en descendencia, es decir, terminaban conformando una familia y dentro de ésta, cada miembro tendría un rol claro, definido y vital. En el peor de los casos, el matrimonio no terminaría por avenirse, sin embargo, y a pesar de ello, de igual modo, cada miembro seguiría teniendo un rol claro, definido y vital. A las familias con esta estructura las denominó familias patriarcales idealizadas.

 

En ellas, del esposo – padre se esperaba que fuera un hombre protector, buen proveedor, fuerte y activo, y todas estas características debían atravesar tanto por lo económico como por lo amoroso. De la esposa – madre se esperaba que creciera y creyera en la idea de encontrar un marido – padre que la hiciera feliz, con el que pudiera tener hijos para criarlos con ternura y amoroso maternaje y, sobre los hijos, se esperaba que fueran educados en un espíritu de respeto al padre aceptando su autoridad con devoción y gratitud. Estos hijos crecerían y se convertirían en esposos – padres o esposas – madres, perpetuando así el patrón.

 

Desde luego que esta es una descripción somera de este tipo de familias, sin embargo, es útil en cuanto a darnos una idea de cómo cada miembro en una familia tenía un rol definido con un propósito claro. Y todo esto de tener claridad no sucedía sólo a partir del matrimonio, sino que era una condición dada socioculturalmente en dónde cada quien sabía qué, cómo, cuándo, dónde y con quién.

 

Ahora, entre todo esto, cabe mencionar que había un factor distintivo de la época respecto de la estructura de la familia: el matrimonio se llevaba a cabo por convenio, es decir, eran los padres de los futuros esposos quienes decidían de acuerdo a criterios económicos, políticos o sociales con quienes debían casarse los hijos. La libre elección y el amor no eran los principales motivos de la unión, como lo son en la actualidad.

 

A bote pronto, podríamos pensar ¡que idea descabellada casarse por convenio y no por amor!, pero todo en la vida tiene pros y contras y esta situación no es la excepción. Este tipo de matrimonios tenía una cualidad que hoy en día está casi extinta entre las parejas y era la que en buena medida colaboraba a que con el tiempo el amor se hiciera presente y esa cualidad o atribución es la certidumbre. Al no existir la posibilidad de divorcio, la pareja sabía que estarían juntos, en un literal “hasta que la muerte nos separe” y si había de ser así, mejor que fuera para bien (llegada del amor) y no para mal (es la cruz que te ha tocado), aunque claro está, como en botica, había de todo.

 

Nos preguntamos hoy en día qué pasa con las parejas, por qué ya no permanecen juntas, qué es lo que ha cambiado, y desde luego que hay múltiples factores y no se puede explicar el fenómeno sólo a partir de uno de ellos, sin embargo, si se puede decir que la falta de certidumbre respecto al vínculo, la posibilidad de que en cualquier momento se disuelva, genera angustia. Es la angustia de un amor no absoluto, ¿para qué me voy a dar a un otro por completo?, ¿para qué fusionarme pasionalmente con el otro?. Y estos cuestionamientos no es que surjan de uno de los miembros de la pareja hacia el otro, lo que se observa actualmente es que es mutuo.

 

¿Por qué hay tantísimas personas hoy en día viviendo solas, teniendo al individualismo como bandera, más dispuestas a soltar que a sostener, reparar, cuidar y amar?. La falta de certidumbre en los vínculos, la falta de confianza, son  dos elementos que juegan un papel importante en una posible respuesta.

 

Desde cierta perspectiva, el texto de Benedek, nos podría invitar a pensar que cuando el amor y la libre elección entraron por la ventana, la funcionalidad de la familia como institución, comenzó en parte, a salir por la puerta.

 

Este es un tema amplio, que no puede zanjarse sólo a través de una nota, sin embargo, la reflexión acerca de la forma en la que nos vinculamos hoy en día, en la forma en la que sostenemos o soltamos, en la que dotamos al otro de certidumbre o no, no deja de aparecer como una reflexión muy interesante.

 

Si hubo generaciones que lucharon por el derecho a la unión por amor, por elección, por convicción, ¿qué pasa que no está funcionando?. Esta nota es sólo un esbozo de una explicación, se ha perdido la certidumbre y eso genera angustia, la suficiente como para que se prefiera evitar la fusión pasional amorosa tanto emocional como física y se tienda a modo de defensa frente a esa angustia a permanecer en individualismo y en soledad. Si no me vinculo o si el vínculo es meramente casual, si no me fusiono con alguien, no lo puedo perder y es justo ahí en donde se encuentra algo de certidumbre, en aquello que no tengo y es que si no lo tengo no lo puedo perder.

 

Evidentemente la intención no es plantear ni mucho menos que el matrimonio por convenio haya sido mejor que el matrimonio por elección, como ya he mencionado, ambos tienen pros y contras. El planteamiento va más allá, va en el sentido de reflexionar que pareciera que, entre un polo y otro, algo se nos ha perdido en el camino. Reflexionemos juntos, los invito a que dejen su opinión en comentarios, ¿qué nos ha pasado en el amor?, ¿qué hemos perdido en el camino?

 

En fin, el amor…, el amor siempre es cuestión de encantos y desencantos y de encanto es, que esta columna haya cumplido ya dos años. Gracias infinitas a todas aquellas personas que me leen, que comentan, que dan like o que siguen la publicación, gracias a quienes me comparten historias o ideas que sirven de inspiración, gracias a Almomento.mx y a su equipo. Gracias a todos quienes de alguna u otra manera forman parte de está nota. ¡Feliz segundo aniversario!

 

*Mónica Herranz

Psicología Clínica – Psicoanálisis

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