El culto a los muertos en Huaquechula, Puebla: Los altares como dispositivos de resistencia cultural

0
896
Fotos: David Somellera

Por: David  Somellera                                                                                                 CIUDAD DE MÉXICO, 1 de noviembre (AlmomentoMX).- Si en mi memoria y en mi corazón están presentes ustedes mis ancestros, entonces no existe la muerte. Aquí está mi ofrenda, merezcan placenteramente. (José Concepción Flores Arce, Xochime)

El culto a los muertos entre los pueblos que están bajo el volcán del Popocatépetl

La fiesta de Todos Santos  y la fiesta patronal, son dos de las principales celebraciones que incorporaron los monjes mendicantes en el México novohispano. Así traslaparían las creencias prehispánicas por las deidades y cultos religiosos latinos.

El culto a los muertos en la sociedad prehispánica los tenía dedicados a dos meses o veintenas del año solar de 18 meses. Estos eran el octavo y noveno mes; Hueytekuilhuitl y Tlaxochimako. Este último tenía un énfasis en el culto en honor a los niños muertos.

Los españoles al homologar sus fiestas religiosas con las de los antiguos mexicanos, recorrieron estas celebraciones precolombinas al primero de noviembre para celebrar según lo marcaba Roma la fecha para celebrar a los mártires y “santos difuntos”. De esta forma las fiestas en torno a la muerte que abarcaban de agosto a octubre se resumieron a los dos primeros días de noviembre.

En esas dos fiestas (en la patronal y en la de muertos) los que viven fuera de la casa familiar, vuelven para participar en las distintas etapas preparatorias de la celebración. Cuando llega la fiesta de los muertos, los que regresan a la casa que viven en la ciudad de México o en Estados Unidos, con su llegada, ayudan a la cosecha de lo que produce el grupo familiar, instalan los altares, participan en la organización y preparación de la comida y atienden a los invitados.

Los que llegan de visita para las fiestas patronales, llegan porque se comprometieron a tomar un “cargo” de alguna imagen de la iglesia o quizá del santo patrono, lo que implica un mayor compromiso. Los familiares migrantes no dejan de participar en las celebraciones locales, de hecho aunque estén fuera, cooperan de otra forma como por ejemplo con dinero que mandan para que se lleve a cabo la celebración.

En la fiesta de muertos según he visto, se ponen en práctica una serie de técnicas rituales que intentan la eficacia de ciertas acciones de los habitantes de la región nahua del volcán Popocatépetl. Para que todo salga bien, el compromiso es alimentar a los muertos y visitantes. Es una representación que sucede año con año, es un rito de celebración que permite entender un tipo de animismo; que es una concepción religiosa de los grupos culturales de América.

En Todos Santos se alimentan tanto a los muertos como a los vivos. A los difuntos se les debe dar un trato delicado, no se les puede hacer esperar, ni mucho menos hacerlos enojar. Las personas hablan con ellos, los invitan a comer la comida típica de los pueblos que circundan el volcán, que es el mole, y el pulque que es la bebida tradicional.

En esta fiesta los actores rituales tienen una comunicación especial con sus muertos; saben lo que les tienen que poner para que lleguen a la ofrenda y  tomen lo que sea de su agrado. Les colocan pan dulce, café, refrescos, chocolates, papitas, cigarros. Algunos ponen los objetos que usó el ausente como ropa, sombreros, bastones, si son niños los que murieron se les deja ahí los juguetes o muñecos que le gustaban. Quizá el olor de estos objetos que se ponen en el altar puedan atraer de manera más efectiva a las ánimas.

Los muertos funcionan como mediadores entre este mundo y el otro, en donde de alguna manera se existe. Están pero no están. Pero, ¿de dónde vienen las almas, y a dónde van una vez que se sientan a comer con sus familiares vivos? ¿qué forma podrían tener las almas de los ausentes si ya no están encerrados en un cuerpo? ¿cuánto queda del mundo prehispánico en esta celebración latina?

El sincretismo religioso y la división entre sociedades modernas y tradicionales

En México encontramos una división de espacios entre dos esferas la civil y la religiosa. La religión monoteísta y romana que se expandió con el “descubrimiento de América”, se volvió la religión oficial en los espacios otrora colonizados por medio de las cruzadas religiosas. En México nacería una nueva religión o sistema Cristo – pagano resultado del sincretismo religioso entre el monoteísmo europeo y el politeísmo mesoamericano.

En la esfera urbana o civil es en donde se desarrolló como en Europa la ciencia, ahí se fundarían las universidades, la educación escolarizada, el pensamiento científico y cartesiano. La esfera civil o secular engloba a todas las instituciones que ha creado la élite del poder. En esta esfera se encuentran las sociedades modernas que poseen una hegemonía en la toma de decisiones sobre todo políticas y económicas.

Es en la esfera religiosa en donde habitan las sociedades tradicionales y en donde se ubica  el pueblo volcánico que es Huaquechula. De este pueblo destacaré algunas acciones y actores rituales que participan en el culto a los muertos. En este espacio o esfera tradicional, existe un fuerte apego al trabajo y conocimiento de la tierra, así como una relación con los productos que se obtienen de ésta para fines rituales.

 

El “Altepetl” de Quauhquechollan, hoy San Martín de Huaquechula

Antes de la llegada de los españoles, Huaquechula era un “Altépetl” que es una forma de los antiguos mexicanos de organización de la sociedad. El municipio de Huaquechula se encuentra en el suroeste del Estado de Puebla.

Forma parte de la región conocida como Valle de Atlixco y Matamoros. Es un pueblo mestizo y bilingüe, el náhuatl ya no se habla como primera lengua. Tiene una fuerte influencia religiosa ya que ahí, se construyó uno de los centros de conversión religiosa por parte de la orden de los franciscanos.

El señorío de Quauhquechollan como otros de la región, serían conocidos como República de indios y por otro lado Puebla sería la ciudad de españoles. María Enriqueta Cerón Velásquez quien estudia otro de los pueblos cercanos al volcán que es Santa María Magdalena Yancuitlalpan, esta parte de Puebla y Tlaxcala indica la autora, se evangelizaría de manera acelerada durante los primeros años de la colonia, luego por su cercanía con Puebla, vendría el desarrollo económico del Valle de Atlixco.

Esta ciudad también sería una zona industrial, pero, no dejaría de ser un lugar para la agricultura, y de producción de flores. Hasta la fecha los floricultores, que siguen un trabajo tradicional, llevan diario toneladas de flores a los centros de distribución de la ciudad de México como puede ser el Mercado de Jamaica.

Se puede decir que estos pueblos al pie del volcán, son pueblos floristas. Las flores de esta temporada son las de cempaxóchitl, su uso es notorio en los altares, así como en los caminos que se ponen en la calle que llegan hasta el altar de la casa, para que las almitas se echen un taco y prueben el mole volcánico.

Quauhquechollan era uno de los pueblos nahua – hablantes de las faldas del volcán. Este pueblo como otros de la región nahua presentan una hibridación lingüística. Muchos habitantes ya no son hablantes del náhuatl, pero practican todavía sus tradiciones que son un vehículo de conocimiento de la cultura nahua.

El Mapa Circular de Quauhquechollan

La historia sobre la fundación del señorío de Quauhquechollan está registrada en una serie de documentos que se realizaron en el siglo XVI al poco tiempo de la conquista. Tres de ellos se encuentran en el Museo Poblano de Arte Virreinal de Puebla.

El cuarto lienzo de nombre Mapa Circular de Quauhquechollan se encuentra en Europa ya que fue tiempo después que al reclasificarlo, se dio a conocer que este lienzo o mapa era mexicano. Este códice está en el Österreichische Nationalbibliothek (Biblioteca Nacional de Austria o Biblioteca Imperial en Viena, Austria.

Florine Asselbergs es una experta intérprete de este documento pictográfico o Mapa Circular de Quauhquechollan. En el artículo que escribe sobre este mapa (consultar el texto original en donde viene  el Mapa Circular), la investigadora menciona una serie de elementos que aparecen sobre el lienzo circular y que en conjunto forman el centro de pueblo y su representación hacia  el siglo XVI.

Hay un texto escrito en nahuatl pero comenta que este fue escrito de manera posterior al documento. En el mapa llama la atención, dice Asselbergs, de un personaje o señor principal que aparece sentado en una silla de nombre don Esteban de Guzmán. Presumiblemente el encargado de realizar este mapa.

En el lienzo figura el glifo toponímico que representa una montaña con un águila, aparece también el monasterio, el cual fue construido hacia 1539. Según esta autora, las tradiciones orales locales dicen que los franciscanos “pusieron a los habitantes del pueblo en una fila desde el río Huitzilac hasta el sitio donde construyeron el edificio pasando piedras de mano en mano a lo largo de toda la cadena”.

Este códice circular según interpreta Asselbergs, muestra a los señores importantes que fundaron el sitio. Figura una única montaña que es el Popocatépetl, se puede ver que baja del volcán hasta llegar al convento un canal que irrigaba agua para los habitantes y demás pueblos. También se señalan diversos productos que se entregaban como tributo.

Huaquechula era un sitio en donde se comerciaba mucho ya que por su cercanía con Cholula y Tenochtitlán se practicaba el intercambio comercial según indica la investigadora. El valle de Atlixco es un lugar sumamente fértil, factor determinante para que los españoles se instalaran y de ahí realizar la explotación colonial.

Esta investigadora también destaca que había nueve barrios antiguos que aparecen en este mapa que pertenecían al Quauhquechollan prehispánico. Para Asselbergs el mapa circular es una muestra de la cartografía indígena, y muestra cómo es que estaba organizada la sociedad hacia el siglo XVI.  Este tipo de mapas dice Asselbergs intenta  proyectar lugares o a gente alrededor de un centro, dice esta autora se llama proyección comunicéntrica”.

Los ritos celebratorios de Todos Santos en Huaquechula

Se debe de conducir hacia el sur saliendo de Puebla rumbo a la ciudad de Atlixco. Se pasa por un lado de esta ciudad, y de ahí hacia la indicación de Izúcar de Matamoros.

A unos cuantos kilómetros más, se tiene que entrar hacia el lado derecho de un camino de dos carriles que te lleva de la carretera hacia las montañas en donde minutos después se vislumbra enclavado entre grandes árboles el pueblo de Huaquechula.

En el trayecto se pueden ver cultivos de flores de cempaxóchitl, de nopales, así como de trigo y maíz, los habitantes en general se dedican a la agricultura por lo que se puede decir que aquí el culto a los muertos es un ritual propiamente de campesinos.

Todo lo que cosechan en estas fechas es lo que colocarán en el altar familiar. Sus productos que cosechan del campo los convierten en guisados, dulces y otros suministros que ofrecen a los muertos e invitados.

El pueblo colinda con el estado de Morelos y se encuentra a unas horas de Axochiapan en donde fue el epicentro del temblor del septiembre pasado.

El pueblo sufrió, como otros de esta región del Valle de Atlixco, derrumbes de casas y diversas  afectaciones. Se dañó de manera grave el convento franciscano que data de 1596 construido en honor a San Martín de Tours o Caballero. La fiesta patronal de este pueblo se celebra unos días después de esta celebración de muertos, el día 11 de noviembre.

Foto tomada de Internet

La fiesta de muertos ocupa al menos de manera oficial en este pueblo del 28 de octubre al 2 de noviembre, se conoce como fiesta de Todos Santos y representa la celebración ritual de la llegada de las almas.

Esta fiesta destaca porque tiene su núcleo ritual en el espacio doméstico, ya que ahí es en donde se ruega por las almas extraviadas y fugitivas para que lleguen en paz, y en ese tránsito tomen y coman lo que necesiten. Como en algún momento lo hicieron. El 28 de octubre según me han explicado los pobladores, se recibe a las ánimas que murieron de forma violenta o por accidente. El 1 de noviembre llegan las almas de los niños que murieron ese año, y el 2 llegan las almas de los adultos.

El primero de noviembre los visitantes llegan desde la mañana. Algunos tienen que esperar hasta que los que se terminen de instalar las ofrendas.  Mientras tanto la gente, al menos en otros años, visitaba el ex convento, hoy museo del INAH, en donde se puede apreciar cómo era la vida de los franciscanos.

El museo de sitio alberga documentos y obras religiosas del siglo XVI, también se instalan altares para mostrar  los famosos altares que se han hecho famosos en este otrora centro religioso.

Los visitantes que llegan a Huaquechula para el primero de noviembre caminan acompañados de un sol abrazador, de la mano de voluntarios del mismo pueblo que guían  a los turistas a las casas que pusieron “ofrendas nuevas”.

El municipio da unos mapas para que los visitantes puedan ir de casa en casa, como se dice “buscando el molito”, ya que en el mapa viene marcado en donde se hacen las “ofrendas nuevas”.

Además de la promesa de probar los distintos moles de las distintas ofrendas, desde temprano llegan vendedores de la región así como de otros estados como de Guerrero y Morelos, para formar parte del tianguis, e intentar mover su mercancía. Prolifera la venta de chocolate, artesanías, chapulines, miel, pulque, cervezas. juguetes, y comida mexicana de todo tipo.

Hay un grupo de voladores del totonacapan, también llegan grupos de danza de otras regiones. Al final del día se presentan grupos de música mexicana para quienes gusten quedarse al reventón musical que invita el municipio.

Las ofrendas bajo el volcán

Es en la casa en donde se despliega todo un saber hacer o saber tradicional, que atesora una serie de técnicas que no están escritas sino que forman parte de la oralidad de cada familia.

Se matan animales de la propia familia, como puercos y pollos, se compran varios artículos para la instalación, como tela, papel picado, pulque, cervezas, cigarros y pan. Pero en general son ofrendas que se hacen con los productos de la cosecha y trabajo familiar.

Para quienes murieron en el año en curso se montan las “ofrendas nuevas”, se tiene que preparar la comida con varios días de anticipación. Esta ofrenda debe medir por lo menos tres metros de altura y de tres a cinco metros de ancho. Los amigos y vecinos llevan a esta ofrenda flores y veladoras que se prenden y se dejan en el piso. Se les invita para que se queden al banquete y se les pasa a que convivan. Hoy en día los cientos de turistas que llegan de afuera también son invitados lo que representa para las familias un gasto mayor.

El primero de noviembre a las doce del día, repican las campanas de la iglesia, se espera la llegada de las ánimas, los familiares se concentran en la calle. Se camina de afuera hacia adentro de la casa, marcando el camino con pétalos de flores de cempaxóchitl. Se ahumea con la copalera, luego se deja en el piso del altar.

Acabando este ritual de llamamiento de los “santos difuntos” se invita a los presentes a la comida comunitaria. Este se da en el patio en donde montan las mesas, sillas y con ayuda de familiares y vecinos preparan tortillas hechas a mano, frijoles, arroz y mole para recibir de 150 a 300 personas ese día. Los visitantes entran se sientan a comer, y luego se van para ver otras y así dejar pasar a los nuevos grupos de personas.

 

Por otro lado están las “ofrendas viejas”, en las casas en donde se montan estas ofrendas, se decora el altar familiar, y se cocina mole arroz y tamales, es una comida para recibir a los antepasados. Aquí no se invita a comer a los visitantes, pero sí se permite que la gente pase para que vea la ofrenda. Todas las casas ponen ofrenda, por muy sencilla que sea, pero algo se pone. También se sahuma varias veces con la copalera antes y después de la hora en que llegan las animas. La gente local siempre tiene algo que dar al que visita como una fruta o una historia que tiene que ver con la fecha de muertos.

 

El dos de noviembre todas las familias como en otros pueblos de la región Puebla-Tlaxcala,  visitan los panteones municipales en donde se le da mantenimiento a las tumbas y cruces de los ausentes, se ponen flores nuevas, se decora con cempaxóchitl, se ponen encima de las tumbas elementos que el difunto apreciaba, en el caso de niños se le ponen juguetes y dulces. Se llevan músicos locales como mariachis para que canten, se lleva pulque y cerveza así como alimentos que se comen ahí mismo.

Los altares familiares como un microcosmos

Las casas de los pobladores antes eran más sencillas, ya que ahora son de dos y tres pisos, según pude ver porque todavía quedan este tipo de casas sencillas, hechas de adobe de un solo cuarto grande en donde dormían todos los elementos de una familia.

Esto ya cambió y ahora las casas se hacen de distintos materiales. También adentro de la casa se ponía el fogón, hoy este ya se coloca en un cuarto aparte.

Pasando la puerta de este tipo de casas de un solo cuarto, o tradicionales de cuatro esquinas, se ubica justo en frente de la puerta el altar familiar.

Ahí se coloca la fruta que se cosecha, también se ponen algunos artículos del trabajo del campo, se ponen también los ídolos o figuras que se han pasado de generación en generación tanto prehispánicas como imágenes del culto católico. En el altar siempre debe haber flores frescas.

El altar es el centro en donde se resguarda a los antepasados, ahí se les reza, se les pide consejos, y se les ofrece en Todos Santos un trato especial para que sacien su sed y hambre, se les prende veladoras para que puedan ver la luz en su llegada.

Para el antropólogo Alessandro Lupo en su estudio sobre “La Cosmovisión de los nahuas de la Sierra de Puebla” el altar familiar es una reproducción aunque parcial del universo cosmológico nahua; estos altares se pueden interpretar como tres espacios superpuestos, cada uno representa un nivel en el cosmos nahua; el nivel de en medio supone ser la tierra o “tlaltikpak”, ahí se pone la fruta y la ofrenda. El nivel de arriba es el cielo o “ilhuicac” o también se llama “gloria” ahí se colocan las imágenes de los santos. Y el nivel de abajo del todo es el inframundo al que se le ha llamado “talocan”.

El señor Cándido Reyes Castillo un creador de altares y artesanías de Huaquechula

Nació en 1923, las últimas veces que fui a Huaquechula lo visité, él estaba junto con su esposa vendiendo las artesanías que ellos mismos fabrican. Su arte religioso es valorado y comprado por locales y extranjeros. Su casa  se encuentra en la parte de atrás de la presidencia. Es un artista que fue instruido por su padre pero todo lo que sabe lo ha ganado con la experiencia montando altares desde niño.

En los días de muertos vende sus artesanías en la puerta de su domicilio. La gente se las lleva por docenas, ahí mismo los artesanos las envuelven en periódico y las ponen en bolsas de plástico para los turistas. Sus piezas artesanales están en todas las ofrendas tanto nuevas como viejas, la gente local le compra a este señor las copaleras, cirios y portavelas que y usan sobre todo en estas ocasiones.

Es un experto instalando los espectaculares altares que se montan en este pueblo, a su edad lo siguen llamando para que confeccione los altares. En un artículo que se publicó sobre él en 1991 en el libro THE SKELETON AT THE FEAST THE DAY OF THE DEAD IN MEXICO, platicó varias cosas como creador de altares.

Según el señor Cándido, antes los altares eran igual de espectaculares que en el momento en que le hicieron la entrevista. Y hasta hoy todavía gozan de una extrema espectacularidad. Antes dice este artesano, los altares se hacían con papel de baño o con servilletas, cualquier papel que se tuviera a la mano, luego llegó el papel de pared, dice que antes no se tenía que comprar casi nada.

Él También hacía junto con su papá los famosos “barandales” que van alrededor de los pisos de los altares. Dice que antes iban pintados de colores pero que ahora los dejan de color blanco tal como se los entregan.

Usar papel para hacer los altares es algo que tuvieron que dejar de hacer, puesto que ya no  se volvió viable, usaron varios tipos de papel pero al no ser reciclable prefirieron trabajar con materiales más resistentes y que se pudieran reutilizar.

Él y su papá comenzaron a trabajar a partir de 1940 únicamente con material más duradero como la tela satinada. Ambos iban a las casas a montar los altares una vez que compraban las telas.

Para él el uso de la luz en los altares es algo sumamente importante, el no usar bien los beneficios de la luz dice el señor Cándido puede arruinar la instalación.

Los altares, según el testimonio que recoge el libro antes mencionado sobre el trabajo del señor Reyes Castillo, tienen ciertas reglas, como por ejemplo el altar de un niño debe ir acompañado forzosamente de un niño dios, el cual se coloca en la parte de hasta arriba del altar. El altar de un adulto debe de llevar una foto del difunto, hasta arriba debe de ir un crucifijo.

Este creador de altares diseña cada piso del altar, a veces se tiene que ajustar al presupuesto que le dan, cuando no pueden pagar lo que debe ser, este señor hace lo imposible para que el altar quede a la altura. Por otro lado hay quienes le pueden pagar lo que él pide, y como las “ofrendas nuevas” son lo último que se lleva el difunto de sus parientes vivos, dice el señor Cándido, debe ser un altar majestuoso por lo que este tipo de ofrendas se vuelven muy caras.

Sobre las tradiciones de Huaquechula, el señor Reyes Castillo comenta en el artículo que lo más importante es la hospitalidad, que los visitantes deben recibir una taza de chocolate o un pan. Cuando alguien visita las ofrendas debe llevar una vela, en Huaquechula dice el señor Cándido se fabrican y se pintan velas únicas, él y su esposa la señora Caritina Díaz fabrican los portavelas que son figuras únicas de barro. La señora Díaz fabrica figuras de animales hechas con azúcar y huevo, que forman una pasta moldeable. La señora fabrica un tipo especial de “alfeñique” que son distintos animales de campo. Al día de hoy la señora vende estos “alfeñiques” todo el año en su casa. Para este señor las almas vuelven en forma de palomas, por lo que suele poner estas aves en los altares porque representan al Espíritu Santo.

 

Comentarios

comentarios

Loading...