Concatenaciones: Marimorena

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Fernando Irala

Un atisbo de violencia en el proceso electoral se produjo durante la visita del candidato a la Presidencia José Antonio Meade a Puerto Escondido, en Oaxaca, hace unos días.

Ahí, militantes de la Coordinadora de Trabajadores de la Educación, la tristemente célebre CNTE, agredieron a los simpatizantes del aspirante priísta con palos y piedras, aunque éstos se defendieron hasta replegar finalmente a los agresores.

Si bien en las actuales campañas ha habido mucho de guerra sucia, y seguramente habrá más a medida que las brechas que hoy separan las preferencias de voto se cierren y se aproxime el desenlace, no se habían producido hechos realmente violentos.

Sabemos por otro lado que la CNTE no tiene reparos en acudir a cualquier recurso en la defensa de sus menguados privilegios, incluida por supuesto la refriega callejera, y que los actos de campaña del candidato del régimen les ofrece una oportunidad que no podían dejar pasar para manifestar su descontento.

Tampoco sorprende la reacción de López Obrador, primero de lamentación y luego de burla. No podía ser de otra manera si antes el eterno aspirante al poder ha prometido dar marcha atrás a la Reforma Educativa y ha tendido lazos con los viejos cacicazgos magisteriales de uno y otro lado.

Pero no es tema que pueda dejarse a la chunga, pues la violencia, desde la que se da entre personas, la que involucra grupos sociales o familiares o la que alcanza dimensiones internacionales, una vez iniciada, con facilidad crece y adquiere dinámicas que pueden llegar a ser trágicas.

De por sí el país vive desde hace más de una década un ciclo sangriento derivado de la actuación de la delincuencia organizada, y un síntoma no menor es que hasta la fecha más de una treintena de candidatos y precandidatos a diputaciones y alcaldías, así como alcaldes y otros funcionarios, han sido ejecutados en atentados atribuidos a los criminales.

En esa coyuntura, lo menos que pueden hacer los grupos sociales y los partidos políticos es apartarse radicalmente de quienes sólo tienen, como dijo Meade, el lenguaje de las piedras.

Aunque hay quienes apuestan a que los comicios cercanos terminen en una marimorena.

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