Bobby Moore, el gran león de Inglaterra

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Luis Alberto García / Moscú

*Debutó en 1958 con el viejo West Ham, el equipo de su vida.

*Recibió el brazalete de capitán en 1962, al vencer a Argentina en Chile.

*El periodista Steve Minchin recuerda al extraordinario defensa inglés.

*Es Caballero del Imperio como Alf Ramsey, Billy Wright y Stanley Matthews.

*”Pelé” lo reconoció como el mejor marcador que ha tenido.

 

 

“¡Hey, Louie, here I am”, exclamaba el gran capitán desde la entrada principal del hotel María Isabel de la ciudad de México, cuando, buscándolo, el asistente del equipo de producción y locución de Independent Television (ITV) de Londres se aproximaba a él para que entrara al automóvil que lo conduciría hasta el estadio Azteca, al sur de la capital.

 

Ya instalado en el palco de los periodistas, en calidad de invitado de Steve Minchin –jefe de la delegación inglesa-, Robert Frederick Moore se colocaba unos enormes audífonos y un micrófono al frente para hacer los comentarios que exigía el momento en aquel partido entre Brasil e Italia, la mañana del 21 de junio de 1970, en la disputa por la IX Copa Jules Rimet

Inglaterra había sido eliminada por los alemanes días atrás con un ajustado marcador (3-2) en León, Guanajuato, ante lo cual, no sin tristeza, Moore se incorporó al grupo de ITV para repartir –junto con otro de sus compatriotas, el gran Billy Wright, enorme futbolista de la década de 1950- sus experiencias, conocimientos y una sabiduría que brilló dentro y fuera de las canchas del mundo.

Ambos fueron capitanes del equipo de las rosas, en Brasil 1950 e Inglaterra 1966, separados por una cantidad de años que, sin embargo, no opacaba su grandeza como seres humanos y deportistas reconocidos con la Orden de Caballeros del Imperio Británico, igual que Alf Ramsey y Stanley Matthews, pareja de inmortales dos décadas atrás.

Magníficos en sus puestos, sir Alfred, sir William y sir Stanley jugaron juntos en las Copas del Mundo de 1950 y 1954, en tanto sir Robert asistió a Chile en 1962 y, para su gloria, ya como Bobby Moore, fue capitán de Inglaterra en 1966, cuando la nación había dejado atrás sus aventuras imperiales y la reina Isabel II entregaba el trofeo Jules Rimet al gran león rubio.

Con más de siete décadas encima, Steve Minchin estuvo en la Copa FIFA / Rusia 2018 –como ha estado en las once anteriores a ésta- para supervisar no solamente el trabajo de sus compañeros, sino para ser testigo de partidos memorables y recordar la personalidad y el paso único de los futbolistas de antes y ahora, como Bobby, a quien califica de “sereno, adelantado y calculador”, manteniéndose 108 veces en la selección nacional.

Steve recuerda un pensamiento de Ramsey, entrenador del monarca mundial de 1966: para sir Alf, Bobby era no sólo un líder, el capitán, sino su mano derecha: “También fue el espíritu del equipo y el latido de su corazón”.

Nacido en el condado de  Essex el 17 de abril de 1941, en un hospital que luego caería enteramente derrumbado por las bombas incendiarias de la Luftwaffe alemana, en plena ofensiva nazi en lo que se llamó la Batalla de Inglaterra, Moore debutó en Primera División en la temporada 1958-59 con el West Ham, su equipo de toda la vida, luego de formarse en el Fulham de Segunda División.

Se apoderó del brazalete de capitán desde el Campeonato del Mundo de 1962, en un partido contra Argentina, mostrando su fortaleza al echarse a la selección al hombro, prever los escenarios posibles y sacándola adelante con una victoria sobre los sudamericanos que, el 2 de junio de ese año, caerían (3-1) en el estadio Braden Copper de Rancagua.

En su evocación, Steve Minchin cuenta que la actuación más memorable de Moore ocurrió en 1970 frente a Brasil y, pese a la derrota (1-0), intercambió su camiseta número 6, por la del 10 de “Pelé”, quien años después dijo: “Únicamente miraba al balón, indiferente a mis movimientos, siempre listo, equilibrado, como el mejor y más caballeroso marcador que tuve en mi carrera”.

“Hasta su despedida de México al perder (3-2) con Alemania con goles de Franz Beckenbauer, Uwe Seeler y Gerard Muller en tiempo extra, Bobby derrochó exactitud y velocidad, adelantándose a las jugadas del rival, porque, antes que nadie, ya sabía lo que iba a pasar, como lo hacía también en el West Ham, el añejo equipo del empresario y magnate metalúrgico Arnold Hills, fundado en el siglo antepasado.

Moore derrochó fibra y presumió su galanura con el cuadro azul y guinda de los “hammers” entre 1958 y 1974, luego de desempeñarse en más de treinta partidos en el Seattle Sounders de la National Soccer League (NASL) de Estados Unidos, y retirarse al serle diagnosticado un cáncer hepático que hizo metástasis y reaparecería, falleciendo el 24 de febrero de 1993, a los 52 años de edad

Contendió en noventa choques como capitán de Inglaterra entre 1962 y 1973, superado posteriormente por Peter Shilton en 1989 y David Beckham en 2006, con la diferencia de que Moore jugó completos todos ellos, minuto a minuto y sin tener sustituto que lo igualara.

Desde su debut con los martillos del West Ham hasta su despedida en Seattle, obtuvo pocos trofeos y campeonatos; pero el hecho envidiable de recibir la Copa Jules Rimet de Su Majestad la reina, al coronarse Inglaterra campeón mundial en 1966, fue más que suficiente.

“Su auténtico y mejor éxito –subrayó Steve Minchin- consistió en llevar el brazalete de capitán de nuestra selección durante tantos años, guardando para sí el respeto y la admiración de sus compañeros, de Inglaterra y de otras naciones.

Entre ellos también se cuenta a Louie, el jovencito de casi 22 años que, azorado, el 21 de junio de 1970, lo esperaba con un automóvil en la entrada del gran hotel del Paseo de la Reforma capitalino, frente a la estatua del ángel dorado, el mismo que desde 1910 cuida y resguarda con sus alas a la ciudad de México.

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